Reaccionarios de internet

Luis Rull  
Vallbona de les monges. Foto de Luciti

«Reaccionario» es un término usado como insulto en discusiones políticas que tiene su origen en la Revolución Francesa, para referirse a aquellos que querían volver a la situación previa, al Antiguo Régimen.

Los reaccionarios de internet son aquellos (principalmente políticos, empresarios e «intelectuales» trasnochados) que pretenden volver al sistema de control y de castas previo a los cambios producidos por la revolución comunicativa más importante que hemos vivido.

  • Algunos intentan restringir nuestra posibilidad de decir lo que queramos.
  • Otros, mantener un flujo de dinero que hasta ahora les llegaba sin apenas esfuerzo, escudándose en otros que sí se esfuerzan por crear buenos contenidos.
  • Algunos incluso quieren romper la propia simetría intríseca en internet, para privilegiar al que más pague. Quieren que la web sea como el mundo físico: con tarifas locales, provinciales e internacionales. Si quieres que todos vean bien tus contenidos, paga más. Si quieres ver bien todos los contenidos, paga más.

El evolucionismo social sembró la idea de que la historia avanza linealmente: cualquier tiempo pasado fue mejor y el progreso es imparable. Se equivocan. Siempre podemos tener una nueva Edad Media. Sin reivindicar lo que creemos justo y correcto sólo llegaremos donde los que sí se movilicen quieran que lleguemos. Las tecnologías de 2012 no tienen que ser necesariamente mejores que las de 2010. No lo serán si los dejamos.

¿A cuántos reaccionarios conoces? ¿Qué defienden? ¿Cómo lo defienden?

Autocensura y amor a una comunidad

Luis Rull  

¿Hay días en los que tenéis ganas de vivir en un país diferente?

Criticar donde vives es una actividad peligrosa. Los hay que lo interpretan como soberbia, puesto que osas criticar a tus conciudadanos. Los hay que piensan que es una obligación cívica, ya que, en cierto modo, es una propuesta de mejora.

La autocensura para no dar una mala imagen a los de fuera es algo habitual. Por eso los medios locales son mucho más críticos con la realidad que los de ámbito más amplio (exceptuando a los Estados Unidos, a los que se suelen criticar sin descanso 😉 )

Si añadimos a este cóctel el ingrediente del sectarismo político, nos encontramos que las únicas críticas negativas son las que señalan como responsables de los males a algún partido político.  «La culpa no es nada«, me enseñó una vez alguien a quien aprecio mucho, porque lo importante es encontrar soluciones a los errores. Pero la responsabilidad de las decisiones individuales no puede ser diluida por el comodín «la sociedad lo ha hecho así».

  • No es de recibo que un banco cierre a las 12:15 un día antes de que comience la feria. (Una sucursal del barrio anexo al recinto ha cerrado a esa hora hoy lunes, día laborable)
  • No es admisible que una ventanilla de una administración esté cerrada una hora y treinta minutos a la hora del café.
  • No es conveniente que se anuncie con total impunidad en medios serios ni se vendan en farmacias  «pulseras energéticas».
  • Me cuesta no enfadarme tras oír que los empresarios somos todos unos explotadores.
  • Soy un malnacido cuando señalo que no es conveniente que la forma de trabajar de algunos sectores no haya cambiado en lo últimos 20 años. La caída en la productividad relativa con el resto del mundo se paga, antes o después.
  • Por último. Un productor aprobó el guión de este programa. Y un directivo de Televsión lo han mantenido en su puesto. A pesar de esto, sigo creyendo en la libertad de expresión:

http://www.youtube.com/watch?v=e0TQTTrcsJo#t=00m40s

Esta feo reírse de la ignorancia ajena. Pero cuando se regodean en ella… es complicado no sonreír, porque la alternativa ante el panorama de España es llorar.

Algo tiene que cambiar. Yo hago autocrítica e intento mejorar, pero me temo que no será suficiente.

La nueva deuda histórica, por Luis F. Rull

Luis Rull  
Foto de Bilboartz

(Este artículo de mi padre fue publicado ayer, 28 de febrero en la ediciones andaluzas de «El Mundo» con motivo del día de Andalucía)

La Nueva deuda histórica.

Por Luis F. Rull (In memoriam de Juan Muñoz Pérez, agricultor y socio fundador de Arbequisur)

Hace unos días conversaba con un colega de la universidad acerca del nivel tan bajo en el que estaban las universidades andaluzas en los rankings internacionales. Éste afirmaba que había una forma inmediata de conseguir que la Universidad de Sevilla (US) estuviera entre las mejores universidades del mundo, sólo había que conseguir que los mencionados rankings sólo consideraran para la evaluación a determinados Grupos de Investigación. Él había hecho la simulación escogiendo adecuadamente a 50 Grupos que englobaban a unos 300 profesores y, aplicando estrictamente los criterios utilizados, la US aparecía entre las mejores del mundo. Este ejercicio muestra la existencia de las denominadas “Islas de Excelencia” en el mar de la mediocridad universitaria. (Algo, por otra parte, muy común en el sistema universitario español).
Experimento similar puede hacerse analizando la situación en Andalucía, ya que al igual que la US, ocupa uno de los últimos lugares en la clasificación de las regiones europeas si atendemos a criterios que sirven para medir el progreso social: número de desempleados, informe sobre el nivel educativo, desarrollo industrial, etc. Pero ¿por qué no hacer lo mismo que hizo mi colega?. Sólo hay que elegir algunos pueblos, algunas comarcas, algunos colegios de enseñanza media, algunas actividades empresariales, en definitiva: no es difícil encontrar en la sociedad que nos rodea individuos o instituciones que, con su iniciativa, su esfuerzo, su formación y dedicación sacan adelante proyectos que elegidos como muestra única y que, prescindiendo del resto de los andaluces, podrían mostrar a Andalucía como una de las mejores regiones de Europa. No descarto, incluso, encontrar buenos trabajadores, productivos y eficientes, en la Función Pública.

Desgraciadamente, y después de más de treinta años de gobiernos autónomos en Andalucía, el progreso de la sociedad andaluza no ha permitido a esta globalmente equipararse a las regiones “ricas” europeas. Fueron sueños de progreso los que alimentaron las promesas que permitieron que, de forma sistemática, se sucedieran gobiernos del PSOE en Andalucía. Sueños alimentados también por generosas donaciones provenientes de países ricos de Europa. Y ocurrió como en la US que, algunos -los menos-, hicieron sus deberes y se equipararon con sus homólogos europeos. Así hay zonas sociales o geográficas andaluzas perfectamente definidas donde emprendedores se embarcaron en el riesgo con la confianza que les daba el esfuerzo, el conocimiento y su entusiasmo. Fueron capaces de crear riqueza y bienestar, disminuir de forma significativa el desempleo y demostrar que una de las claves del progreso estaba, y está, en la iniciativa personal.

Son instituciones, formas de trabajar, estructuras de incentivos, tradiciones paternalistas y “limosneras”, las que ahogan a tantos y tantos buenos trabajadores e innovadores de Andalucía. ¿Cuántos conocemos a jóvenes brillantes que entran en su primer trabajo con ganas de hacer grandes cosas y cuya savia nueva es machacada por compañeros perezosos o sistemas de trabajo ineficientes? Hay que repensar nuestra actitud ante nuestro papel en la economía y en el ágora pública: como consumidores y trabajadores, ciudadanos, contribuyentes, incluso como padres cuando inculcamos a nuestros hijos valores de sacrificio, esfuerzo y honestidad.

¿Podemos ver una luz al final del túnel? Si la suma de lo micro hace lo macro, todos podemos aportar nuestro granito de arena en el esfuerzo por el progreso. Podemos censurar los sistemas de incentivos en los que todos reciben lo mismo, independientemente de si su trabajo es mejor o peor. Podríamos quejarnos cada vez que vemos una casta económico-política privilegiada y protegida, aún siendo claramente ineficiente y perjudicial para el interés común. Incluso planificar nuestras finanzas personales a la luz de una crítica sobre si nos podemos permitir determinados gastos suntuarios o sobre si son realmente necesarios.

Volviendo al caso de mi colega, éste destacaba que, ante la mediocridad en los rankings , algunas Universidades estaban interpretando un papel patético en lo que denominada “liguilla local” que organizó recientemente el Ministerio de Educación, y que pomposamente llamó “Campus de Excelencia”. Muchos sospechamos que el único objetivo de estas convocatorias no es más que compensar el pésimo papel que ocupan todas las universidades españolas y darles una pátina de “honorabilidad” que no consiguen compitiendo en ligas “mayores”. En Andalucía se crean instituciones académicas para satisfacer las ambiciones personales (en la mayoría de los casos ambiciones de científicos de muy bajo nivel) con el único mérito de pertenecer, o estar muy cerca, del partido político que gobierna tras más de tres décadas. Incluso estos “chiringuitos”, alimentados con el dinero que proviene de nuestros impuestos, hacen competencia desleal a iniciativas que deberían hacer auténticos emprendedores capaces de crear riqueza y empleo. Y lo peor es que este mismo modelo se está aplicando el entramado que forman las Diputaciones, Empresas Públicas, Fundaciones, etc. lugares donde acaban políticos cesantes de cargos electos, incapaces de encontrar por sus propios méritos ningún puesto de trabajo.

A los andaluces se les está creando otra deuda histórica. Al final del régimen franquista los andaluces nos encontramos con que la distancia en bienestar social con el resto de las regiones ricas españolas y europeas era demasiado grande, y nos creímos que nos debían la ayuda necesaria para igualarnos a ellas. Han pasado más 30 años y seguimos igual. Pero ahora debemos saber que es con nuestro esfuerzo personal, y no con subvenciones, con lo que podremos integrarnos en el bienestar de una sociedad moderna. Deberíamos ya a empezar a exigir una nueva “Deuda Histórica”, exigir que se nos permita progresar. Para ello mimemos a los emprendedores, esos que conocemos en nuestro entorno, permitámosles crecer, elegir a los trabajadores que mejor hagan funcionar a sus empresas. Liberémoslos de impuestos y trabas burocráticas. Que nuestros impuestos sirvan para crear infraestructuras eficientes, y no para subvencionar inútiles iniciativas. En definitiva hagamos el esfuerzo de creer que somos nosotros los que tenemos que salir de la crisis que amenaza con ser endémica en demasiadas regiones de Andalucía.

Luis F. Rull

Catedrático de Física Teórica.  Universidad de Sevilla.

Foto de Bilboartz

Ahora o nunca

Luis Rull  

España tiene varios problemas económicos graves. Tras más de año y medio (como mínimo) de crisis, los indicadores no van bien y no parece que haya grandes cambios que mejoren la situación.

Una crisis tan profunda no tiene todas sus causas fuera y no se sustrae a errores fundamentales de la vida económica española. Como ejemplo, la financiación de los Ayuntamientos: No puedo creerme que el papel de las administraciones locales en la  no tenga nada que ver con la burbuja inmobiliaria. Muchos nos paramos a pensar que si los Ayuntamientos tuvieran financiación suficiente para la cantidad de tareas que se les han impuesto (por ejemplo, servicios sociales), no jugarían el papel interesado que han jugado en mantener altos los precios del suelo.

Podría poner otros ejemplos, pero no soy economista  y quedan atrás mis años de estudio de la estructura económica de España. La formación de los profesionales o los privilegios supervivientes del franquismo de algunas castas serían otros dos. La productividad basada en sueldos bajos + muchas horas de trabajo y no en un buen trabajo de calidad, rápido y competitivo. Tampoco es cuestión de hacer una lista que otros hacen mejor que yo.

Lo que me llama poderosamente la atención es la falta de autocrítica de los ciudadanos de a pie. No nos cuestionamos si nuestras decisiones personales han sido o no las adecuadas dadas nuestras capacidades. Es más fácil divagar sobre crisis de las hipotecas sub-prime norteamericanas o sobre los sueldos astronómicos de los banqueros de Wall Street. Es relevante también para la economía pequeños detalles, por ejemplo, los coches que se compraban a plazos los nuevos ricos del andamio: chicos con 18 años que empiezan a ganar €2.000 mensuales (trabajando duro, eso sí). Eso me escandalizaba hace cinco o seis años. ¿Envidia? 😉 O los gastos suntuarios de algunas pequeñas empresas en oficinas en caras zonas comerciales sin tener necesidad, puesto que su fuerza de ventas no lo necesitaban. La suma de lo micro hace lo macro. No todos somos responsables, pero no hay un único culpable.

¿Qué esperan PSOE y PP (et al.) para rememorar «Los pactos de la Moncloa«? Muchos criticaron en su momento esos pactos porque supusieron dejar de la lucha partidista algunas cuestiones económicas que necesitaban de tiempo, resolución y confianza del exterior de que serían continuadas. Entre otras cosas, se garantizaba que a corto y medio plazo no se darían bandazos macroeconómicos y que se podía confiar en España como un país en las que las condiciones económicas serían estables, sobre todo ante una inflación galopante.

Con las declaraciones de algunos del PSOE buscando conspiraciones internacionales (quien especula contra un país es porque lo ve débil y atacable) y las chulerías del PP lo que tiene que hacer Zapatero es llamarnos para que le digamos qué hacer, no me han dado mucha confianza. Los llamamientos a arrimar el hombro (sin más) o esos deje paso a otros que arreglemos las cosas porque van muy mal, no me dan la impresión de que quieran llegar a un acuerdo.

Espero sinceramente que todo esto sea un paripé para no interferir en las conversaciones y negociaciones que estén llevando a cabo y por si salen mal no parecer estar inactivos.

Jordi Sevilla opina sobre los pactos de Estado:

En mi opinión. no son posibles los grandes Pactos de Estado en España mientras en las dos fuerzas políticas mayoritarias predomine la lógica electoral de partido frente a aquella del interés general. Hoy, el objetivo exclusivo de los dos partidos mayoritarios es ganarle las elecciones al adversario.

Los Pactos de la Moncloa, tan denostados por algunos de mis profesores en la facultad, supusieron la modernización de la economía española y la vacuna contra veleidades populistas en la naciente democracia española. Recomiendo vivamente la lectura del artículo que escribió sobre el temauno de sus principales protagonista, Enrique Fuentes Quintana. Inviertan un rato en leerlo, merece la pena de verdad. En todo caso, este vídeo

http://www.youtube.com/watch?v=zrWYWHtGhRY

Nota: lamento este arranque economista tan tocho, pero mis dudas son tantas que no las puedo poner en dos líneas, lo cual demuestra que no puedo ser periodista. 😉

Algunas fuentes de inspiración de este artículo:

Una concentración ¿para qué?

Luis Rull  
Imagen de Eneko, de 20 minutos
Imagen de Eneko, de 20 minutos

Esta tarde voy a asistir a una concentración a las 20:00 en la Plaza Nueva de Sevilla para defender mis derechos fundamentales, amenazados por el anteproyecto de ley de Economía sostenible.  Uno de ellos es el de la libertad de expresión (Artículo 20 de la Constitución española):

Se reconocen y protegen los derechos:
a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.
c) A la libertad de cátedra.
d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.

Y su importante punto 5:

5. Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial.

No hay mucho más que decir. El Estado siempre quiere controlar a sus ciudadanos y convertirlos en súbditos. No importa quien esté en el gobierno. Sólo retroceden cuando se les llama la atención y  cuando ven en peligro su posición. Yo quiero que los límites a mis derechos fundamentales los decida un juez, no una comisión ministerial (esté quien esté en la comisión).

Lo ocurrido en los últimos días en España con la movilización contra las medidas anunciadas es muy importante y creo que es muy positivo. Independientemente de las motivaciones, actos o intereses de algunos, es claro que muchos ciudadanos hemos decidido actuar como sociedad civil, cosa inusual en España. Ciudadanos libres preocupados por asuntos públicos se movilizan para conseguir un objetivo común.

Si al escándalo existente responden llamando a un grupo de blogueros, saben que se pueden exponer a que les saquen los colores (los blogueros suelen decir lo que piensan en público) o se levanten de la mesa en cuanto intenten marear la perdiz u ofrecer negociar el reglamento (al viejo estilo caciquil-español). Si no han entendido que este fenómeno es en red y que no se rige por los esquemas del siglo XIX o XX, estarán cometiendo un gran error.

¿Ha desplazado el escándalo las críticas al núcleo de la Ley de economía sostenible? Es posible. No creo en los que creen que esto ha sido una cortina de humo/globo sonda para desviar la atención. Ha sido algo intencionado para satisfacer las demandas de un grupo de interés que está perdiendo luchas en los tribunales. Pero me he equivocado otras veces y hay muchas posibles explicaciones, incluidas aquellas sobre la lucha entre ministerios.

No hay que olvidar dos reclamaciones adicionales del manifiesto: neutralidad de la red y derecho al secreto en las telecomunicaciones. Dos peligros adicionales por los que habrá que luchar, antes o después.

Yo iré a la concentración. Y voy a pocas manifestaciones.