De la sinceridad como ayuda a los demás

De la sinceridad como ayuda a los demás

Luis Rull  

Al charlar sobre estilos de trabajo, una amiga resume mis quejas sobre algunos antiguos clientes con una frase:

«la miseria trae miseria»

Lo comento a otra amiga, gran profesional, para describir ciertas prácticas empresariales. «Lo he convertido en trending topic en mi vida», me dice al poco tiempo.

Tengo muy descuidado el blog porque tengo muy descuidada la costumbre de escribir y publicar lo que pienso. Esta amiga me dice que soy un referente para más gente de la creo y que echan de menos mis ideas. Como es una de las personas que más admiro y confío, tendré que hacerle caso.

Ser y cambiar

Ser y cambiar

Luis Rull  

Un amigo sabio me dijo un día que lo más importante es distinguir las cosas que son de las que se hacen. Y lo segundo más importante, distinguir qué puedes cambiar tú y qué cambiarán otros.

Mi amigo murió. Y yo lo echo de menos.

Elogio del equipo

Elogio del equipo

Luis Rull  

Todos los días veo cómo se ensalzan a sí mismos muchos personajes públicos sin citar a sus equipos, que son los que casi siempre  hacen el trabajo. Trump, Jobs,… el «adanismo«, esa actitud tan de moda, no es sólo creer y hacer creer que se es el primero de una era, sino también que UNO MISMO es quien la creará en solitario.

Foto de Florian Ziegler

Pero muy poco se puede hacer sin equipos de personas detrás. Todas las que admiro han conseguido sus lo logros con la ayuda (o ayudando) a equipos brillantes. Y todo de lo que me siento orgulloso en mi vida profesional ha sido ayudado o ayudando a gente brillante: Mecus (con Rafa, Rocío, Vicente, Jose,…), EBE (Benito, José Luis, María, Ana, Rocío, …), WordPress España, WordCamp Europa, mi equipo de investigación en la Universidad, TEDxSevilla, …

Inversores, emprendedores, diseñadores,… muchas de las historias y épicas de nuestro tiempo son demasiado individuales, poco concordantes con el hecho de que si alguna persona llega lejos es siempre «subido a hombros de gigantes».

Muchos diréis que gran parte de la promoción corporativa es promoción del grupo, que se gastan millones en publicidad de corporaciones, en marcas, en imágenes no individuales. En la mayoría de los casos no me parece que muestren grupos de personas, sino estructuras, máquinas, marcas. Y si lo hacen, suele ser forzado, porque casi nunca son los propios miembros de una organización quienes lo producen. Muy pocas agencias publicitarias captan el ethos de una empresa. Hay que estar dentro para conocerlo (y en muchos casos, como el aire, no nos damos cuenta de que está rodeándonos).

Muy pocos grandes logros son solitarios. Un grupo con una dinámica, con unas relaciones, un trabajo comunitario, retomando el trabajo de otros, es quien hace las cosas. No se programa desde 0, se usan lenguajes y tecnologías de otros. No se diseña de manera completamente original, nos inspiramos en cosas que nos gustan. No se escribe una gran novela sin haber leído antes un buen puñado de obras maestras. Y no conozco ningún político lo suficientemente listo como para hacer el trabajo por el que le pagamos, por lo que sospecho que hay mucha gente ayudándoles a atarse los cordones de los zapatos… 😉

Este año he visto cómo solos somos poco. Pero cuando estamos en un grupo tenemos que ser la mejor versión de nosotros mismos, no ajustarse a lo que los demás piensan de nosotros. Porque sobrevalorar o infravalorar a los demás son ambos errores muy graves. Cuando creemos que los demás tienen habilidades maravillosas,maravillosas, estamos, en realidad, pidiendo que nos decepcionen. Cuando hacemos lo que esperan de nosotros, somos una fotocopia de la propaganda que mostramos a los demás. Nadie nos empuja a dar más de nosotros mismos. Sólo en equipos compenetrados y sinceros me he sentido a gusto. Cuando esa magia se ha perdido, no ha pasado mucho tiempo hasta que los problemas nos cazaban. Esa es, para mi, la mayor enseñanza del año.

La primera vez que lo sentí fue haciendo un periódico en mi instituto, el Gustavo Adolfo Bécquer, en Triana.Y voy repitiendo esa sensación maravillosa cada cierto tiempo.

Sentirse bien… la trampa y la salvación

Luis Rull  

Sentirse bien, con esperanza, con ganas de trabajar, de hacer cosas nuevas que funcionen mejor que las antiguas.

Sentirse satisfecho, orgulloso de lo hecho, convencido de la bondad de lo hecho, capturado por la virtud de la perseverancia, pero perezoso respecto a novedades, hastiado cuando se plantea innovaciones por implementar o enfoques distintos del actual.

¿Cuál es la línea que separa ambas situaciones? Muchos hablan de la situación de confort, de lo útil que es salir de ella para innovar, del peligro de rutinizar la actividad o los objetivos.

¿Cómo cambiar constantemente sin nadar a la deriva? Esta es la pregunta que algunos amigos jóvenes me hacen, esperando una respuesta convincente, algo que les saque de las ganas de cambiar un ambiente que no les gusta sin sentirse revolucionarios o lunáticos a la vista de los que les rodea. Cuando eso pasa, no se qué hacer. ¿Quién soy para dar consejos?

PS: Andrea Motis, nacida en 1995, rocks.