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  • Reseña de La Peste, de Albert Camus

    Me ha gustado mucho y me he arrepentido de no haberlo leído antes. Más de treinta (¿cuarenta?) años viéndolo en la estantería de mi padre. Una edición de bolsillo de 1978 de la editorial Edhasa, traducción de Rosa Chacel. Un libro ya estropeado, amarillento y con la tinta de algunas letras poco definidas.

    Puedes leerlo sin conocer la visión filosófica del autor y disfrutarlo ya que tiene una cualidad especial para expresar las ideas que quiere contar. Probablemente con algo de contexto sobre el existencialismo se puede entender mejor algunas razones por las que cuenta esta perspectiva o cómo describe los sentimientos de algunos personajes, pero creo que no es necesario para disfrutarlo completamente. Respeta al lector y le cuenta lo que le quiere contar, con la excepción de la identidad del narrador e, incluso eso, lo hace por una buena razón que desarrolla con una sencilla sinceridad magistral.

    Foto del escritor Albert Camus
    Albert Camus Photograph by United Press International

    Me costó empezarla. Por alguna razón, no pillaba al completo a los personajes, no recordaba con claridad quién era quién. Y es muy importante identificar qué información tenemos de cada persona para entender su actitud ante la enfermedad, ante el encierro, ante la muerte. Camus describe las respuestas de cada uno sin acusar, denigrar, o enjuiciar a ninguno. De hecho, oculta la identidad del relator hasta el final. Si quien lee esto decide ponerse con el libro y se encuentra con el mismo problema, no dude en tomar notas desde el principio, en apuntar los nombres de los cinco o seis personajes principales y anotar qué hacen, qué les pasa o qué piensan. Camus irá contando cómo reaccionan todos ante la vida y si para ellos existe o no un sentido en ella. En la segunda mitad irá viendo la profundidad y la belleza de sus ideas con una prosa sencilla y extraordinariamente eficaz, dado lo complicado de lo que cuenta, de lo arriesgado de su objetivo.

    El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma.

    (…) Al cabo de esas semanas agotadoras, después de todos esos crepúsculos en que la ciudad se volcaba en las calles para dar vueltas a la redonda, Riéux comprendía que ya no tenía que defenderse de la piedad. Uno se cansa de la piedad cuando la piedad es inútil.

    La Peste, de Albert Camus

    En confianza: En ocasiones me costaba entender el sentido de algunas frases. A veces por la profundidad de la idea expresada, a veces por la sintaxis. En éste último caso, ¿podría ser por la traducción de Rosa Chacel, a la que adoro como escritora? ¿Hay otras traducciones mejores? Si las hay, he sido muy torpe para encontrarlas. (Las traducciones al español tienen una historia muy interesante)

    Lo podéis encontrar en:


  • Pasa 2022, pasa ya

    Pasando el mal año de 2022, que trajo mucha pena, pero también descubrir qué es lo de verdad importante.

    Quedé varado en un recodo de tu arena

    Te hiciste con mis sueños y mis pesadillas

    Con mis luces malas y mis noches buenas

    No sé qué es eso que llaman destino

    Acaso apenas una veta en la madera

    Yo solo sé que hice un alto en el camino

    Y que hoy me quedaría por siempre a tu vera


  • No pasa nada. Ya no soy Telémaco.
    Luis F Rull
    Luis F. Rull

    No soy especial, no pasa nada. Casi todos los hijos pasan por la experiencia de la muerte de sus padres. Pero para mí sí es especial, nuevo, inesperado. No soy los demás: no he tenido más que un padre y dejar de tenerlo es duro, y no por común es más soportable.

    Los lugares comunes, las expresiones habituales, los ánimos de los que me quieren no me animan del todo. Y no es que esté buscado el consuelo, llamar la atención, reconocimiento, o lástima de los demás. Muchos buenos amigos nos han confortado mucho, demostrando afecto sincero. Lo que necesito expresar es que no encuentro la paz de espíritu que tenía y tengo miedo de que no vuelva, aunque mi razón, la psicología y todos los que me quieren dicen que volverá. El duelo es un proceso universal y no me creo especial.

    No lloré apenas en los días posteriores porque quisiera evitar que los demás me vieran triste, sino porque, simplemente no me salía. Ahora, tras varios meses, siento que sigo estancado, haciendo las cosas que hacía los días siguientes a su muerte: leo cosas interesantes y pienso inmediatamente qué le diría al compartírselo o qué conversación tendríamos sobre alguna idea de esa u otra lectura. Recuerdo nuestras confidencias y lo que con ellas aprendí de la vida que, como tiene muchos recovecos escondidos, puede engañar. Momentos de intimidad en los que descubres una ampliación de la realidad, ese momento mágico en que descubres que sabes más que un segundo antes, que asumes que estabas un poco más equivocado que en el presente. Esa felicidad plena de entender un poco mejor el mundo y que la has conseguido con alguien que te quiere incondicionalmente. Los consejos de no caer en la desesperación o en la melancolía, de alguien que ya estuvo en el agujero y sabe que de ahí no sale oro ni petróleo. Asumir la convivencia de la voluntad y la emoción, pero sin dejar que ni la impotencia ni el entusiasmo marquen la concentración en lo que quieres.

    Si es verdad que lo que sentimos con el duelo es la traición del tiempo, de la vida; La sensación de que nos han quitado algo que era en justicia nuestro, que la historia ya no sigue el curso que debía porque se ha torcido; si es verdad, ¿cuándo se acaba? Porque acaba, casi todos superan la muerte de sus padres.

    Cuando intento averiguar qué me pasa, parece me llega la sensación de injusticia, de agravio, de que alguien, algo, te ha quitado un tiempo, sensaciones, alegrías, conocimientos,…todo lo fantástico que tenía con él. Quizás el problema es que eso no cuadra con cómo veo el mundo e intento forzar dos ideas que no son compatibles. Porque esa “injusticia” no es compatible con cómo veo el mundo, con la visión indeterminista, naturalista y a-humanista que tengo y que me enseñó él: el universo no conspira, no tiene un propósito, es caótico… esas arterias reventaron porque algo minúsculo e indetectable se atascó en un sitio un día en una caminata a casa. No hay razón, intención de nadie, causa evitable. “Murió porque…” es lo que pide mi mente, mi cuerpo, para encontrar un sentido. La búsqueda de sentido a un detalle de mi existencia (la muerte de mi padre), ¿amenaza la búsqueda del sentido del resto de mi vida? ¿Amenaza el sentido que ya le he encontrado? Si no encuentro la razón porque, de principio, pienso que no hay razón, ¿me atasca? ¿me hace estar triste y falto de ánimo e ilusión para hacer cosas?

    Me acuerdo de lo que envidiábamos él y yo a los que encontraban la trascendencia con sus creencias religiosas y de que siempre emergía, en los momentos de duda, un optimismo y una fe en que la bondad merece la pena, sin importar que veamos como la maldad, la mediocridad y la pereza ganan terreno y éxito. Entonces leo a Gomá Lanzón diciendo que esencialmente somos ejemplo, que lo que dejamos es la inspiración en los demás. Que eso es lo más cercano a la inmortalidad que tendremos, esa es la huella que dejamos, pero que sólo entonces nos revelamos, o se nos revela alguien completamente

    Conocer la verdad de un hombre, en sentido estricto, es recordar su ejemplo cuando ya ha dejado de existir, momento en el que adquiere un relieve y una nitidez extraordinarios.

    Javier Gomá Lanzón. Aquiles en el Gineceo (Ver cita completa)

    Así, la alegría de conocer a mi padre de verdad ahora crece en mí. Cierto es que los primeros días me gustaba mucho recordar sus virtudes, sus alegrías, los buenos momentos con él, incluso su defectos, los cómicos, que lo hacían, (que lo hacen ahora de verdad) tan especial, tan diferente. Eran momentos de felicidad inducida, provocada para animar a los que nos rodean, para animarme a mí, para ver la parte positiva en un mundo que en ese momento parece maligno. Entonces ví claramente lo que sólo vislumbré cuando empecé a ser padre. Porque un padre, una madre, son lo más especial para un hombre. Nadie en el mundo te ha seguido y te ha hecho, te ha rechazado y te ha liberado, ha servido de modelo y de contraejemplo, como ellos. Sientes de pequeño que el mundo es como el que te muestran, de adolescente te rebelas porque no son perfectos y de mayor los idolatras porque conoces el maravilloso equilibrio entre sus virtudes y sus defectos, entre el mundo que les tocó vivir y el que ellos, en su microcosmos, lograron crear con esfuerzo a tu alrededor, entre lo que quisieron enseñarte y lo que de verdad aprendiste. Ves entonces a dos héroes que lograron el triunfo que estás peleando ahora mismo como adulto. Si el resto de las personas son gente, tus padres están siempre fuera de esa categoría, desde que comienzas a ser consciente de que hay algo dentro (tú) y algo fuera (lo demás). Vas descubriendo el mundo de su mano, pero van llegando más manos que te enseñan otras cosas: tus hermanos, tus amigos y enemigos, las historias que salen de las letras de tus libros, las sensaciones del series y películas que ves, los profesores,… Pero no son las de tus padres. No son la primera base de lo que ves, no son el primer modelo que tuviste que romper para ver la maravillosa variedad de opciones que el universo nos presenta. Los demás no son los que nos enseñaron que su verdad es la primera mentira, no son los que nos enseñan que buscarla, encontrarla y volver a descubrir que es una mentira (aunque sólo sea muy parcialmente) es la vida realmente virtuosa. Un bucle infinito de correcciones que ellos iniciaron y en el que encierran la primera verdad que vas matizando cada día, desde el primero hasta el último. Incluso descubres que no los traicionas buscando y aceptando otras verdades. Los honras porque el camino es la vida y, entonces, sólo entonces, entiendes la idea dentro de unos de los poemas preferidos de mi padre :

    Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
    Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
    entenderás ya qué significan las Ítacas.

    Ítaca, de Kavafis

    ¿Por qué no puedo seguir siendo Telémaco? ¿Por qué, papá, me obligas a ser Ulises?

    Sin duda (el adolescente) no lo sabe todo, pero es cierto que esa edad ociosa, sin oficio ni beneficio, es una época privilegiada para pensar en el todo. ¿Cuándo se manifiesta esa totalidad en el caso de la vida humana? No hemos de reputar feliz a nadie, dice Solón, mientras viva, sino que debemos esperar al final de su existencia. Al morir, el sujeto entrega su esencia, que es el ejemplo que ha ido cincelando durante todos los años anteriores en la materia del tiempo. Durante todo su habitar sobre la tierra el hombre incuba en su seno la promesa de un ejemplo que va creciendo y solo se detiene y asume su forma definitiva cuando aquel muere. Es difícil que un sujeto conozca de verdad a otro —un padre, un amigo— mientras ambos, el conocedor y el conocido, todavía vivan, ya que no solo la esencia de este es incompleta, sino que además apenas puede percibirse con claridad: el ritmo de las obligaciones ordinarias, la vulgaridad de las situaciones, el norte del egoísmo humano, la inseguridad de las apreciaciones en la experiencia diaria impiden una disposición apta para dicha percepción. Pero, tras la muerte, resplandece ese ejemplo, ya completo “y despojado de sus accidentes. Con frecuencia se ha notado que el término griego para «verdad» —aletheia— significa no-olvido (a-lethos), esto es, recuerdo. Conocer la verdad de un hombre, en sentido estricto, es recordar su ejemplo cuando ya ha dejado de existir, momento en el que adquiere un relieve y una nitidez extraordinarios. De ahí que nos conmovamos hasta la desesperación cuando “desaparece un ser querido: al morir, contemplamos por primera vez su ser verdadero, lo amamos definitivamente y desearíamos por encima de todo poder decírselo, pero entonces ya es demasiado tarde. Todo conocimiento es póstumo.”

    Pasaje de Aquiles en el gineceoo o Aprender a ser mortal de Javier Gomá Lanzón

    NOTA: No os preocupéis por mi: no estoy deprimido ni tengo problemas graves. Esta entrada ha sido elaborada durante meses para expresar mi pena, refleja estados de ánimo diferentes en diferentes momentos. La vida, pese a todo, me trata muy bien y no tengo quejas ni agravios.


  • Gran entrevista a Marta García Ayer

    Me encanta la habilidad de algunos de explicar cosas complejas, Marta García Ayer es una de ellas. A veces no basta saber muchas cosas, hay que encontrar las relaciones más relevantes entre ellas y expresarlas con claridad y coherencia.


    ¿Qué es un Product Manager? Por Irene Prieto

    Aunque llevo casi 15 años haciendo, de una manera u otra, de gestor de proyectos, no de gestor de productos, me ha tocado a veces formar o actuar como responsable de producto muchas veces. No siempre las profesiones tienen entidad suficiente porque no ha pasado el tiempo seguro para tener un nombre, una serie de buenas prácticas, una manera de distinguir a los buenos profesionales de los malos… En otros casos, estamos en un momento intermedio en el que hay cursos, libros, incluso un nombre, pero que todavía no está todo asentada. En último término, los profesionales que interesan son los que generan buenas dinámicas y generan buenos resultados y eso, por ahora, no se puede predecir con seguridad con unos cursos y una entrevista. Probar y probar y encontrar hasta qué punto el éxito y el fracaso dependen del profesional y hasta qué punto de circunstancias fuera de su control.


    Un reality de influencers

    Un reality que convierte a «some random people» (sic) en influencers

    Reality de influencers = Dos mentiras no hacen una verdad.

    El primer Gran Hermano en España se presentó como «un experimento social» Ya están tardando (si no lo están haciendo ya) en montar uno así en mi Españita.


    La mente NO funciona así. Algunos mitos sobre cómo pensamos

    Lisa Feldman , Psicóloga de la Nortwestern y Harvard, nos cuenta que algunas sobresimplifiaciones sobre el funcionamiento de nuestro cerebro no son una buena descripción y nos llevan a conclusiones equivocadas.


    (más…)

  • El dolor

    Estas palabras no son originales. Miles de hombres han pasado por la desesperación que da el dolor, hay pocas cosas más comunes a todos los que respiramos en este planeta. Esta es una historia vulgar:

    Una mañana, de manera repentina, empezó un dolor en la espalda. Algo que a tantos han pasado muchas veces. Nada especial, aunque sí nuevo para mí. He tenido en mi vida buena salud (por lo menos hasta que mi padres lograron que me operaran de las amígdalas, terminando el infierno en el que había convertido sus vidas), ni he tenido accidentes graves; por lo tanto, creo que soy un muy mal enfermo. En resumen, no estoy acostumbrado al dolor.

    El dolor fue creciendo y expandiéndose por toda la espalda. Al principio no le di importancia y comencé una reunión programada, importante, de resumen del trabajo de las últimas semanas y planificación para las siguientes. Conforme pasaban los minutos estaba más incómodo, con más dificultad para concentrarme. Parecía un dolor de lumbares, por estar demasiado tiempo sentado, pero cada minuto aumentaba, desconcentrándome. Tenía que desactivar la cámara para poder levantarme y moverme un poco para hacerlo soportable. Atento por si tenía que responder a algo, repasando notas cuando me pedían algún dato. La peor reunión que he tenido nunca.

    El resto del día no fue mejor. El dolor me paralizó. No era capaz de pensar claramente, leer, trabajar o preocuparme por los demás. El universo se plegó sobre mi y todo lo demás, todo lo que está fuera de mi cuerpo, de mi dolor, no existía. Un acto supremo de narcisismo.

    Es un tópico decir que la salud es lo más importante. Pero sin ella lo demás se disfruta con dificultad, no se produce bien, el pensamiento se crea con apuro, como si estuviésemos estreñidos de mente. A quien no está acostumbrado, a quien siempre ha disfrutado de salud, como al mal segador, todas las pajas le estorban. Ése es mi caso. Es posible que el truco sea convertirse en un buen segador, acostumbrarse a salir de ese pliegue sobre uno mismo. La farmacopea y los médicos nos pueden ayudar. La habilidad de separar cuerpo (dolor) de mente (ideas) parece que sólo se obtiene con práctica y/o con buena química (administrada por buenos doctores). Pido a la providencia que tarde mucho en tener que llegar a la excelencia de esa habilidad, pero imagino que antes o después tendré que aprender a ignorar la punzada en la cabeza, el sordo pellizco interno o el látigo en el músculo que no hace lo que le ordenas. Cosas de personas que dejan de ser jóvenes.

    Encontré algunas soluciones complementarias entre aquellos que tienen experiencia: Yoga, meditación, tolerancia al dolor,… Me consuelo pensando que grandes hombres han creado obras excelsas con dolor y enfermedad: No hay que quedarse en la queja y ponernos, antes o después, manos a la obra. No hay nada a lo que no se hayan enfrentado muchas personas antes y hayan vencido.

    Recordad: Hay un enemigo agazapado en nuestra satisfacción, debilitándonos con cada minuto de placidez, haciéndonos adictos al bienestar e insoportable el dolor. Ese enemigo nos hace vulnerables ante cualquier eventualidad, cualquier roce o rasguño. ¿Cuál es la defensa preventiva ante este adversario?

    Nota: No os preocupéis por mi: al final parece que sólo fue un vulgar cólico nefrítico, algo doloroso pero leve, no grave, no amenazante. Dolor por minucias de las que saldré sin secuelas, algo muy alejado de el infierno por el que han pasado muchos de nuestros semejantes.

    Imagen: The Wounded Philoctetes, de N. A. Abildgaard. 1775


  • Tedisms, las frases icónicas de Ted Hastings, de la serie Line of Duty

    Recientemente me he puesto a ver esta serie de policías británicos y las expresiones del jefe de anticorrupción Ted Hastings, interpretado por el actor Adrian Dunbar que se supone que es de Belfast, me han enamorado:

    • Mother of god
    • Jesus, Mary and Joseph
    • Now we are sucking Diesel
    • «Fellow» (con una entonación más o menos condescendiente según la situación)
    • To the letter of the law, the letter
    • Bent coppers
    • Hastings, just like the battle
    • God, give me strength

    En La Cultureta también han hablado de The Line of Duty.


  • Reseña de «El corazón de las tinieblas» de Joseph Conrad
    Portada el libro El corazón de las tinieblas

    Una maravilla de relato. Poco más de cien páginas de disfrute y agonía.

    La manera del autor de mostrar a los personajes, especialmente a Kurtz, a través de los ojos de Marlow, que confiesa su parcialidad y fascinación por él es un logro genial.

    Puedes, en cierto modo, ver la crítica a la barbarie colonial desde el punto de vista del que justifica la visión «civilizadora». Pero no es sólo una denuncia esperable, el planteamiento es más profundo: Denuncia cómo lo oficial, lo previsto, nunca se traslada a lo real de manera directa y, a veces, es una pesadilla imposible de estar más alejado de la razón. Porque sólo lo irracional permite aguantar el tipo cuando te enfrentas al hecho de que te has convertido en algo opuesto a lo que te prometiste o cuando te enfrentas a algo muy diferente de lo esperado.

    La fascinación de Marlow por Kurtz y el desprecio por la moral de los burócratas son dos grandes logros del libro. Pueden parecer caricaturescos, pero muestran aspectos humanos que podemos ver a nuestro alrededor a poco que nos fijemos.

    Mi consejo es que reserves unas horas para leerlo de un tirón o que leas cada uno de los tres capítulos sin interrupciones: la concentración merece la pena para ir asumiendo cada una de las ideas y sensaciones que Conrad nos muestra.

    Nota: Ahora entiendo mejor «Apocalipse Now»

    Lo podéis encontrar en:

    Imagen: Twilight in the Wilderness de Frederic Edwin Church – Cleveland Museum of Art)


  • Reseña de «El camino» de Miguel Delibes

    Inmejorable. La maestría de Delibes describiendo lo interno y lo externo, la tragedia y la alegría, lo mundano y lo trascendente. La naturalidad, la sencillez con la que escribe hace que parezca fácil crear una obra como esa, porque fácil se lee y fácil se entiende.

    Describir un ambiente rural, con una perspectiva infantil puede parecer «poco moderno», pero a mi me ha parecido que no tiene ni un día de antigüedad porque he sentido al autor cara a cara, contándome la historia de cómo El Mochuelo deja de ser un niño de pueblo y va a convertirse en un hombre de ciudad.


    “Los hombres se hacen, las montañas están hechas ya”

    — Miguel Delibes en «El camino»

    Lo podéis encontrar en:


  • Lo bueno de leer

    (Charla a estudiantes de primaria para animarles a leer. Escrita para ser conferencia, no para ser leída)

    Yo aprendí a leer a los 4 años, cuando me puse enfermo de una cosa que se llama mononucleosis. Tenía que guardar cama todo el día y mi madre tenía muchas cosas que hacer, ya que acaba de empezar el doctorado. En aquella época no había televisión por la mañana, ¿os lo podéis creer? La mejor manera que encontró mi madre de mantenerme quieto fue darme crucigramas que ella hacía y pedirme que le dijera las letras. Así aprendí a leer. Al poco tiempo, me empezaron a llevar a una librería que había debajo de mi casa: allí descubrí libros fantásticos y me fueron encantando lo que me contaban. Desde entonces no me he aburrido y muchas de las cosas importantes o divertidas que sé las he aprendido de los libros: En quién confiar, cómo encontrar a gente que te quiera, cómo evitar a las malas personas, cómo reírse de las problemas que no tienen solución; incluso cómo descubrir que esas cosas que nos pasan y que pensamos que son muy muy malas (y que sólo nos ocurren a nosotros) en realidad, le han pasado muchas veces en la historia a muchas otras personas y que podemos aprender cómo salieron de ellas gente muy lista,…

    Llevo mucho tiempo comprando libros. Aquí podéis ver mi despacho y mi biblioteca. Tengo libros de literatura, en inglés, español (y alguno en francés), de Sociología (que es lo que estudié), de Poesía, de Historia (que me encanta), de Ciencia Ficción, de Filosofía, de Religión,… Me interesan muchas cosas y cuando veo un libro que me puede enseñar algo o divertir … ¡me lo compro! Bueno, tampoco es eso, muchas veces me tengo que quedar con las ganas porque todavía me quedan muchos libros por leer de los que he comprado. Ahora intento no comprar uno nuevo sin haber, al menos, haber leído otro antes de los que tengo pendientes en casa.

    Yo he viajado mucho, trabajado y conocido a mucha gente de muchos países, pero creerme, en todos lados ocurre lo mismo: Sólo de los demás podemos aprender cosas. Muy pocas cosas salen completamente originales de nuestra cabeza. Sabemos cosas porque aprendemos de los demás y porque combinamos eso que nos ofrecen los demás.

    Hay gente buena y mala en el mundo. Listos y menos listos. Divertidos o aburridos. Alegres y tristes. Parecidos a nosotros y completamente diferentes. Os encontraréis en la vida con mucha gente muy variada. Pero en nuestra ciudad, o en las ciudades en las que viváis en el futuro, sólo podréis conocer a un número muy limitado de personas y, probablemente, a un grupo no tan variado como querríais. Con los libros podemos conocer a miles de personas que ya sabemos que son listos, divertidos, alegres, diferentes… porque nuestros profesores, nuestros libreros o nuestros amigos ya nos habrán dicho que esos libros merecen la pena. Leyendo podemos pensar como pensaron las personas más listas, sentir lo que sintieron las personas más afortunadas, vivir lo que vivieron aquellos más felices. Y también saber cómo piensan los que quieren manipularnos y así evitar que nos engañen: En los libros también están los engaños y cómo detectarlos.

    Podemos viajar por el tiempo y hablar con la gente más maravillosa y después compartirlo con los amigos. Y si lo que os gusta son los videojuegos, podéis saber de dónde vienen las historias que cuentan y así, quién sabe, podréis vosotros crear en el futuro los mejores videojuegos combinando historias que habéis leído. O escribirlas, y ser vosotros los que divertís o enseñáis a otros.

    ¿Cómo podemos estar con los que queremos estar? Porque no siempre tenemos a nuestro alcance a la gente adecuada que nos enseña a ser mejores, o a saber más cosas, o personas que nos divierten y nos hace felices. A veces estamos cansados de los que nos rodean y necesitamos personas con cosas nuevas, para hacer la vida interesante. No es necesario salir de España o de Sevilla: a nuestro alcance están millones de vidas diferentes que podemos conocer para así hacer más rica la nuestra.

    Por último, me gustaría pediros tres cosas:

    La primera, que no paréis de probar libros diferentes hasta que encontréis el que os entusiasma. Hay un libro especial esperándoos, hay cientos de libros en el mundo que os pueden entretener, divertir, enseñar… sólo tenéis que tener paciencia y buscad, probar y volver a intentar un libro tras otro hasta que encontréis el que os deje con la boca abierta de sorpresa o os haga reír a carcajadas. Y cuando lo terminéis, buscad el siguiente, que será aún mejor, porque el primero os habrá enseñado algo para disfrutar más del segundo. No paréis, buscar y probad uno tras otro. Vuestros libros especiales irán apareciendo si buscáis el tiempo suficiente: os lo garantizo. Hay bibliotecas, librerías, amigos,… ¡hay miles de libros en Internet! Buscadlo hasta que encontréis el libro que os espera.

    La segunda, daros una oportunidad cada día para estar a solas concentrados en un libro al menos media hora. Empezad con quince minutos en los que no hagáis otra cosa que leer un libro. Concentrados, conectando con el escritor sin prestar a nada más vuestra atención. Los libros necesitan un poco de tiempo a solas con ellos: sin música, ni descansos, ni comentarios con nadie, ni tomar apuntes, ni subrayar,… media hora a solas con el escritor y vuestra mente será como la de un superhéroe. La mente necesita un tiempo para olvidar todo lo que le rodea y lo que nos preocupa. No estamos dentro de un libro si no llevamos un buen rato dentro. Si podéis pasar media hora viendo a un Youtuber o viendo bailes de TikTok sin levantar la cabeza de la tableta, ¡podéis estar media hora concentrados en un libro! Es fácil si te lo propones y estad seguros que merece la pena.

    La tercera y última: contad a todos vuestros amigos los libros chulos que encontréis. Es posible que le estéis dando uno de los mejores regalos que una mamigo pueda hacer a otro.

    ¡Ah! Otra cosa más: No veáis una película antes de leer el libro en el que está basado. El orden es LEER LIBRO Y DESPUÉS VER LA PELÍCULA. Lo disfrutaréis muchísimo más.

    (Primera versión preparada para una charla en el colegio de mi hijo para una clase de 6 de primaria con motivo del día del libro de 2021. Está escrito para ser leído en voz alta, para animar a un grupo de chicos de 11 años a leer o a seguir leyendo)


  • Reseña de «La leyenda del santo bebedor» de Joseph Roth
    Portada del libro "La leyenda del santo bebedor" de Joseph Roth

    Genial. Inmejorable. Un relato perfecto que entró en mi (y yo en él). Con una economía del lenguaje magistral, entiendes al personaje y su abandono, sin condescendencia ni piedad.

    El personaje, Andreas, recorre París como mendigo y bebedor y debo confesar que lo seguí como compañero, sin juzgarlo, sin querer salvarlo ni librarle de sus males. La asepsia jovial con la que describe el alcholismo no creo que venga sólo de su talento literario, imagino que su propia vida le permite escribirlo como nadie que yo haya leído (incluído Bukowski).

    No debí llegar a esta edad sin haberlo leído (o por lo menos no recuerdo haberlo leído). Corre a leerla si no lo has hecho ya. Me compré un edición reciente de Alianza Editoral. La traducción de Ibon Zubiaur me ha encantado, al parecer es nueva (y por lo tanto, a alguien le parecía necesaria). Su epílogo es muy clarificador, además de descubrime la figura de su mujer Andrea Manga Bell, hija del músico cubano José Manuel Jiménez Berroa.

    Son pocas páginas, dedicad unos minutos a leerlo. No os arrempentiréis, la vida es corta.

    (Un dato curioso: Joseph Roth nació en la ciudad de Brody (Galitzia), que entonces era parte del Imperio Austrohúngaro y ahora es Ucrania)

    Los colegas de La Cultureta hablaron de Roth hace un año, cuando empezaba la cuarentena:

    Lo podéis encontrar en: