Por un gobierno de concentración nacional

Por un gobierno de concentración nacional

Luis Rull  
Calles vacías por el Cov19
Calle de Sevilla vacía

La situación va a empeorar mucho antes de mejorar algo. La ira está creciendo en nuestros cuerpos. La unidad de acción y la determinación deben prevalecer sobre el cálculo partidista y las discusiones ideológicas o de propaganda.

Desde mi humilde opinión, creo necesario la creación de un gobierno de concentración nacional con todos los partidos del arco parlamentario, especialmente los de ámbito nacional. Ya habrá tiempo de buscar responsabilidades cuando todo se calme, pero ese tiempo no puede ser HOY.

Tienen que sentarse y responsabilizarse de las decisiones que se tomen a partir de ahora para que sea el cálculo del bien común y no el electoral el que guíe sus decisiones. En pocas semanas puede haber una crisis política y no podemos tener ni un segundo al Estado pendiente de la misma.

El miedo no puede dirigir, hoy, la búsqueda de culpables, sino la búsqueda de las mejores soluciones.

Gobiernos de concentración a todos los niveles nos evitará muchos problemas cuando lleguen los días de la ira. Y vendrán. Más pronto que tarde.

Si la situación actual no merece un gobierno de concentración nacional, ¿qué situación lo merece?

(Cedo todos los derechos de reproducción y autoría a quien quiera utilizarlo, prublicarlo, reproducirlo o divulgarlo)

Te tengo donde quería

Te tengo donde quería

Luis Rull  

Como la Historia se construye hacia atrás, tendemos a creer que las acciones (e intenciones) de las personas que tomaron parte en ella eran a propósito, conscientes y calculadas.

Si el resultado es bueno, pocas personas se niegan a ponerse la medalla. Si es malo, la culpa será de las circunstancias o se pondrán de perfil para que no se les relacione con el hecho.

Memorias, promesas y desencanto.

Memorias, promesas y desencanto.

Luis Rull  

(Artículo publicado en el diario El Mundo Andalucía el 28 de febrero de 2020)

Hay pocas cosas más volubles que la memoria. La ciencia nos dice que cambiamos nuestros recuerdos en función de lo que vivimos, de manera que entendemos el pasado mediatizado por todo lo que nos ha ocurrido desde entonces.

Foto de flor de azahar y naranja

El 28F se convirtió, para los que nacimos a principio de los 70, en el hito modernizador construido para crear una identidad común y así orientarnos en la misma dirección. Liderados por una élite política, el llamamiento a la movilización en las calles frente a las decisiones del gobierno central tuvo éxito, pero también venía con una promesa de prosperidad y emancipación. Si se cumplió o si mereció la pena, lo dejo en las manos de otros con más herramientas empíricas para afirmarlo o negarlo. Algunos sólo podemos evocar los recuerdos modificados por años de experiencias, de repetición de llamadas al espíritu andaluz y de ejercicio de la autonomía política.

La emigración de los sesenta y setenta era (es) una herida abierta en todo el sur de España. Se fueron los más valientes (y los más hambrientos). Es difícil entender el 28F fuera del contexto de las migraciones exteriores e interiores. Frente a ese trauma se ofrecía la promesa de que, esta vez sí, el talento y el trabajo iba a ser valorado, aprovechado y fomentado en esta tierra y no en puertos y campos lejanos.

¿Suena a algo familiar? Se ha expresado en estos 40 años de diversas formas. Algunos acuñaron ese sueño con expresiones como «La California de Europa» o «La Dinamarca con buganvillas», una aspiración inalcanzable, cual Zenón industrial, sin saber que necesitaba más fondo que sprint, más siembra que fiesta de la cosecha, más horizontes que autocomplacencia.

Y Andalucía se dividió en dos mundos: los que hablaban del futuro y los que lo construían. Así, un cierto descreimiento del oropel y la épica modernizadora ha crecido año a año, incumplimiento tras incumplimiento; una desconfianza que ha centrado a miles de andaluces en sus tareas, ignorando las sucesivas llamadas identitarias, para hacer lo que mejor consideraban: trabajar en lo suyo. Sectores económicos completos, profesionales, artistas, funcionarios, trabajadores… no volvieron a creer en las llamadas a filas ni en las exaltaciones folklóricas, viviendo su visión de lo común, de lo andaluz, lo más alejado posible de banderas o propagandas. El descreimiento se hizo transversal, como un susurro, omnipresente. Visiones de lo comunitario discretas, ascéticas, sobrias; evitando políticos, titulares y subvenciones. Suerte una sociedad civil que tiene otro tempo, el de las exportaciones, los debates intelectuales o la innovación fuera de la cultura oficialista. Islas de emprendimiento, competitividad y exportación en un mar calmo, tirando de un desarrollo al que le salen muchos padres, padrinos y patrocinadores en cuanto brillan un poco.

Imagen impuesta

El 28F fue, para muchas generaciones, un comienzo sin las limitaciones que imponían una imagen impuesta por los que nos decían cómo éramos. Una mirada que generaba una visión de futuro optimista, pero que también pedía, de alguna manera, confianza (y sumisión) en los receptores del poder político y económico que se reclamaba para el sur.

Las cadenas del pasado se rompían para conquistar un futuro deslumbrante, la oscuridad pasada era, sin duda, consecuencia del dominio externo. Andalucía sufría un pie dominante en el cuello y se iba a liberar de las barreras medievales, clasistas e iletradas.

Una suerte de clases medias recién urbanizadas comenzaban a disfrutar de la explosión de consumo, cierta abundancia y aparente seguridad y, simultáneamente, emergía un cierto reconocimiento del mérito y la capacidad. Funcionarios, ingenieros, abogados, obreros… todos creyeron en las promesas de los frutos seguros del trabajo y del estudio. Un compromiso de esfuerzo a cambio de ser dirigidos por un grupo de jóvenes que prometían defender lo andaluz con uñas y dientes.

La visión se presentaba como el mínimo común múltiplo de infinidad de personas muy diferentes, desde Cuevas del Almanzora a Ayamonte, desde el jornalero hasta el aristócrata, desde coroneles que habían hecho la guerra hasta niños que cantaban la Internacional sin saber quién era ni Franco ni Marx. Somos un pueblo y nos guiarán: «Marchemos francamente, y nosotros los primeros, por la senda autonomista».

Todo era una explosión de buenas intenciones. El futuro era nuestro porque volvíamos a coger las riendas de nuestro destino. Liberados de la opresión exterior que mantenía la interior, por fin el mundo vería las virtudes andaluzas: Volver a ser lo que fuimos. La garantía del cambio era que algunos de los vástagos de las familias privilegiadas eran los más entusiastas reformadores.

Había que modernizar la economía y todos estaban dispuestos a sacrificarse (obreros/jornaleros, gestores y empresarios, funcionarios y profesionales liberales) El trabajo duro daría sus frutos y estos frutos serían aún mejores si se hacía «a lo moderno»: economías de escala, profesionalización de la gestión, la empresa como casa común donde todos aportaban y todos se beneficiarían. El mundo se estaba abriendo y las llamadas a las puertas del cielo europeo empezaban a funcionar.

No quiero terminar con un sabor de boca amargo y cínico. Lo que sigue teniendo validez y utilidad es el orgullo del trabajo y la promesa de justicia distributiva y procedimental. La libertad, la asunción de la pluralidad y la igualdad de oportunidades fueron valores útiles y unificadores, pero no podemos abandonarlos aunque no se cumplieran en la medida que nos prometieron.

A propósito de los políticos condenados por permitir delitos. Hombres buenos y malas acciones.

A propósito de los políticos condenados por permitir delitos. Hombres buenos y malas acciones.

Luis Rull  

Hace una semana se publicó la sentencia de uno de los juicios sobre unas ayudas ilegales a empresas para hacer EREs (Expedientes de regulación de empleo) en Andalucía. Durante muchos años la Junta de Andalucía pagaba a algunas empresas los sueldos de los prejubilaciones de despedidos para que no tuvieran que pagar las indemnizaciones por despido ni cobrar del paro. Uno de los problemas es que esas adjudicaciones eran discrecionales. Sin concurso, baremos o publicidad, un alto cargo de la Junta, (siempre un político del PSOE) decidía si podías o no recibir la ayuda. Nadie se acuerda de las empresas competidoras que sí tuvieron que cerrar sin que nadie les ayudara, en una suerte de competencia desleal.

El mundo no se divide entre las personas malas y las buenas. Hay extremos (psicópatas y santos), pero la mayoría estamos en medio. A veces hacemos cosas mal y otras bien. Y se nos juzga por ellas, por nuestros actos. Y un juicio no es más correcto por haber condenado a una persona que no nos gusta. Si José Antonio Griñán es una persona con trato afable, culta, honrada, (y me creo que lo sea) ¿debe juzgárseles sus actos de manera menos severa que, por ejemplo, a Manuel Chaves? Lo digo porque casi todos los artículos lamentan la sentencia al primero y pasan de puntillas sobre la segunda. (No he encontrado nada defendiendo la honorabilidad de ninguno de los otros condenados):

También soy una de esas personas que creen que Griñán es una persona honorable. Pero si uno es la cabeza de una institución, si se ha presentado a una elcciones, si ha pedido la pelota, debe vigilar por la honestidad de la organización. En baloncesto, quien la pide es responsable del siguiente movimiento. Si tira y falla, no puede echarle la culpa al resto de su equipo. ¿Por qué sino las leyes, los reglamentos, las resoluciones deben firmarse por la cúpula de la jerarquía, más alta mientras más importante sea la regla? Les han condenado por crear un sistema que permitía, por la arbitrariedad de sus decisiones, todo tipo de corrupciones y desmanes.

For Brutus is an honourable man

Nunca pensé que este momento llegaría. Nunca creí que personas con tantas responsabilidades fueran condenadas en Andalucía. No se puede obviar que mirar a otro lado cuando hay cosas graves a tu alrededor, no hacer ALGO que debe hacerse, también es actuar mal. La hegemonía del PSOE era (es) casi absoluta y muchísimas críticas, investigaciones y preguntas indiscretas han conducido a quien las hacía al ostracismo, al veto, al despido, cuando no a deudas incobrables por sugerencia de alguien de arriba. Esto viene porque mucho se preguntan ahora el por qué de esta saña con personas buenas, cuál es la razón de la alegría de tantos. La bondad de muchas personas buenas no se tuvo en cuenta cuando se miraba el carnet para según qué cosas o cuando la más mínima crítica bastaba para considerarte enemigo o indiferente (y aplicarte la legislación vigente). La soberbia de entonces sembró la ira de ahora.

Me encanta esta cita de Stuart Mill, a menudo atribuída a Burke:

Foto de John Stuart Mill
John Stuart Mill

Let not any one pacify his conscience by the delusion that he can do no harm if he takes no part, and forms no opinion. Bad men need nothing more to compass their ends, than that good men should look on and do nothing.

He is not a good man who, without a protest, allows wrong to be committed in his name, and with the means which he helps to supply, because he will not trouble himself to use his mind on the subject. It depends on the habit of attending to and looking into public transactions, and on the degree of information and solid judgment respecting them that exists in the community, whether the conduct of the nation as a nation, both within itself and towards others, shall be selfish, corrupt, and tyrannical, or rational and enlightened, just and noble.

Jonh Stuart Mill. Inaugural Address Delivered to the University of St. Andrews, Feb. 1st 1867 (1867)p. 36.

Y ayer nos encontramos con esta entrevista. Un muy desmejorado Manuel Chaves, usa los adverbios de manera, digamos, curiosa.

Las criaturas siempre son la excusa. La razón suficiente para obviar la ley. El bien mayor que justifica el mal. No había más remedio por la urgencia y gravedad de la situación. ¡Que poco imaginativos se ponen cuando quieren!

P. ¿Por qué fallaron los controles?

R. Hubo un procedimiento que tenía una función: el reparto rápido de las ayudas y eso quizás pudo afectar a los controles.

Manuel Chaves. Entrevista en El País (3/12/2019)

For Brutus is an honourable man

The Need to Censor Our Dreams. Žižek en su jugo.

The Need to Censor Our Dreams. Žižek en su jugo.

Luis Rull  

No sabes si has aprendido algo o te ha engañado pero has pasado un buen rato. Esto es una charla de Zizek. Esta perplejidad me pasa mucho con él y siempre me ha pasado con pensadores posmodermos. Al final, la terrible herramienta de la falsabilidad impide decir si dicen la verdad o no. No hay realidades objetivas con las que contraponer o alinear sus ideas. Sólo hay visiones, impresiones, interpretaciones de lo que dice. No hay manera de comparar lo que dice con la realidad. «Everything that is solid melts into air».

Pero entre el chaparrón de ideas, sale una que me interesa: Capitalismo, Democracia, libertad,… Plantea el fin de uno de los dogmas de los que crecimos en los setenta: capitalismo/democracia están siempre sepadadas de comunismo/totalitarismo.

In today’s China, Capitalism growth is exploding not in spite of Communism, but because of it.

Slavok Zizec

And so on…