La importancia de la ciencia

Luis Rull  
Foto de Dalbera (http://www.flickr.com/photos/dalbera/)

Siempre me ha fascinado la ciencia. Ser hijo de dos científicos ayudaba, pero creo que la ciencia me gusta por la actitud de escepticismo permanente que te da. Es complicado acostumbrarse a que las ideas que tienes pueden no ser correctas. Hasta un cierto punto, todos debemos estar abiertos a mejores explicaciones de lo que nos rodea. Un ejemplo clásico es la transición de la física clásica a la relativista cuántica. Todo lo que Newton explicaba ES correcto hasta un cierto punto. Nunca fue mentira. Sólo era una buena explicación de lo que se podía observar.

Al estudiar en la carrera un libro llamado «La estructura de las revoluciones científicas» (pdf), me di cuenta del papel que las comunidades, los hombres, juegan en la determinación de qué se estudia o si algo es o no aceptado como verdad. ¡Cuánto han aprovechado algunos anticientíficos esos argumentos para atacar uno de los grandes logros de la humanidad! Gracias a Dios, tenemos a gente como Luis Alfonso Gámez o Carlos Elías (UCM) que nos hablan de la importancia de la ciencia como cultura básica, como algo imprescindible para nuestras vidas.

Os dejo este buen vídeo sobre el tema, sobre la importancia de la Ciencia:

Foto de Jean-Pierre Dalbéra.

La simetría es inerte al movimiento. La política española, también.

Luis Rull  

[Vídeo de Marcus du Sautoy en TED]

Siempre me ha asombrado la belleza que pueden tener la matemáticas. Probablemente porque nunca fui lo suficientemente listo o trabajador como para entender las matemáticas complejas. Pero siempre que entendía un concepto, cuando era capar de entrar en la serie lógica que llevaba un razonamiento, me sentía muy feliz, admirado de la belleza de lo abstracto; pero al mismo tiempo estúpido por no haberlo entendido antes o por visumbrar que, habiendo entendido eso, hay una inmensidad de cosas que conocer después.

En esta charla de Marcus du Sautoy, matemático de la Universidad de Oxford, nos habla de simetría, y del genio de Galois al crear un lenguaje para resolver algunos de los problemas matemáticos más importantes de su tiempo.Y su teoría, que creó un nuevo lenguaje, fue capaz de elevarse del concepto geométrico que la origina (figuras que se mantienen igual cuando se rotan o giran) para crear una nueva rama de la matemáticas, por encima de los juegos de simetrías de figuritas que los legos podemos entender.

Me ha sorprendido volver a encontrarme con la cita de una antigua obra japonesa, Tsurezuregusa

«En todo, la uniformidad es indeseable. Dejar algo incompleto lo hace interesante, y le da a uno la impresión de que hay espacio para el crecimiento».

Y esa es la sensación que me da la clase política española: todo es tan simétrico que al rotar sobre sus ejes se queda igual. Todo se reproduce igual a algo ya existente, repitiendo una vez y otra hasta el infinito las mismas consignas, iguales prejuicios, análogas ignorancias e infinitas soberbias. Y parece no haber espacio para el crecimiento, para el diálogo o el aprendizaje. Políticos y periodistas se reparte el debate público.

La razón de compartir conocimiento

Luis Rull  

Hacía mucho tiempo que un artículo académico no me gustaba tanto.

Compartir no es necesariamente una actitud altruista. Puede ser una estrategia de éxito para muchas cosas. No es mero utilitarismo ni obligación religiosa.

Podéis encontrar las razones por las que la gente colabora en este artículo de mi admirada Inés Mergel y David Lazer. Lending a helping hand: voluntary engagement in knowledge sharing (PDF).

Quien quiera hacer un poco de gestión de conocimiento en organizaciones, debería bajarse de los cielos y mirar un poco este brillante pieza del mundo del empirismo.

Hay mucha ciencia útil que se puede hacer desde la academia, querido Juan. Aunque ese despacho esté en Harvard

I+D+I, Otra oportunidad perdida. Por Luis F. Rull

Luis Rull  

Me pide mi padre que publique su artículo del 28 de febrero pasado en la edición andaluza de El Mundo a propósito del día de Andalucía.

Al parecer, algunas versiones apócrifas están corriendo por las listas de correo de la Universidad de Sevilla y quiere zanjar el tema. Aquí os dejo también una versión en PDF: I+D+I, Otra oportunidad perdida. Por Luis F. Rull

I+D+I, Otra oportunidad perdida.

Crear conocimiento, aplicarlo en algo útil y poder generar riqueza con él son algunos de los objetivos que las Administraciones deben tomarse en serio si se preocupan por el bienestar futuro de sus ciudadanos. El sistema denominado Investigación + Desarrollo + Innovación (I+D+i) hace, grosso modo, eso. Dada la estructura estatal española, las administraciones autonómicas tienen un papel crucial en la consecución de esos objetivos.

Mi opinión es que la Junta de Andalucía no realiza bien esta «fundamental tarea» a pesar de haber oído las alarmas sobre su mala gestión y de haber tenido a su disposición los diagnósticos y las soluciones. ¿Razones? No se me ocurren otras que la desidia o la cobardía.

En Enero de 2004 altos cargos de la Junta recibieron un informe en el que se enumeraban algunas de las debilidades del sistema andaluz de I+D+i: la baja inversión en comparación con España y con otras comunidades autónomas, la escasez de recursos humanos, la ausencia de una masa crítica en áreas importantes, la concentración excesiva del gasto público, las diferencias importantes entre grupos y áreas de conocimiento para realizar investigación de calidad y la escasa capacidad de investigación e innovación en las empresas.

No todo era negativo en ese informe. Se destacaban algunas fortalezas que permitían vislumbrar un horizonte con esperanza si se tomaban algunas medidas. Había con lo que trabajar para arreglar la situación. Se evidenciaba que una parte de la comunidad científica era muy activa y competitiva en las exigentes convocatorias de financiación nacionales y europeas. Otro hecho relevante es que ese grupo de investigadores activos producía buena Ciencia, comparable con la de los mejores.

El informe sobre la realidad del sistema de I+D+i en Andalucía fue un encargo del Prof. Francisco Gracia, entonces Secretario General de Universidades e Investigación de la Junta de Andalucía y fue coordinado por el Instituto de Estudios Sociales de Andalucía (IESA).

Muchos investigadores, entre los que estaba quien esto escribe, trabajaron mucho y con mucha ilusión en lo que se creía una sincera intención del poder político de mejorar las cosas. En un ejemplo de lo que debería ser el protagonismo de la sociedad civil en la definición de políticas concretas, se convocaron a más de 120 expertos, agrupados en 13 comisiones por disciplinas científicas. El equipo coordinador del IESA, dirigido por el Prof. Pérez Yruela, elaboró el documento que fue presentado a la Consejería de Educación y Ciencia.

Nada más se supo de aquello. Después de más de cuatro años todo sigue igual. Aunque se ha progresado algo en términos absolutos, Andalucía sigue sin alcanzar la media de España y la distancia con las comunidades más ricas se acrecienta. La comparación con la mayoría de los miembros de la Unión Europea es tan dolorosa que la vergüenza impide reseñarla.

¿Las conclusiones de aquel Documento elaborado durante el otoño de 2003 fueron equivocadas? ¿Fueron las recomendaciones y sugerencias desacertadas? Nunca lo sabremos. Aquellas medidas recomendadas por la comunidad científica no se hicieron realidad. Desconocemos qué hubiera ocurrido si el Gobierno de Andalucía que presidía, y preside, el sr. Chaves hubiera decidido hacerlas suyas.

Nos vamos a quedar sin saber qué hubiera pasado si, por ejemplo, los procesos de evaluación se hubieran realizado de forma transparente, haciendo públicos los criterios y resultados de los mismos, tanto de evaluaciones personales como de grupos o de institutos de investigación. Recuerdo bien una medida concreta sobre la importancia de que una parte de los evaluadores seleccionados fueran ajenos al sistema andaluz de I+D+i. Se trataba, simplemente, de evitar conflictos de intereses y venta de favores.

Nunca sabremos cómo estaríamos si se hubiera avanzado en el establecimiento de líneas prioritarias de interés manifiesto para las empresas, con la creación de centros mixtos entre universidades y empresas capaces de asumir proyectos de investigación sin limitaciones y de formar científicos y tecnólogos para su integración en el sistema productivo.

Es imposible estimar cuál sería nuestra situación si se hubieran realizado evaluaciones externas del rendimiento científico de todos los centros de investigación en Andalucía y se hubiera abordado un proceso de reorganización de acuerdo con esas conclusiones, incluyendo, si fuera necesario, el cierre de algunos.

Ha sido otra oportunidad perdida: ¡Van tantas en Andalucía!

Da la impresión de que estamos ante un Gobierno con un grupo de gestores agotado, que es incapaz de hacer políticas con el vigor necesario. Cuando tienen buenas ideas, cuando son capaces de entender la importancia de la sociedad civil en el progreso, prefieren dejarse llevar por la inercia de lo hecho hasta ahora, como si pensaran que si no cambia nada, no van a tener problemas. Políticas conservadoras stricto sensu.

Después de tantos años y tanto dinero invertido procedente de fondos autonómicos, nacionales y FEDER, no se ha conseguido avanzar lo suficiente. Sólo nos queda la iniciativa, la ilusión y el sacrificio de grupos de investigación que no se resignan y que trabajan «a pesar del gobierno». Y mi impresión es que el número de estos «resistentes» no hace más que descender.

En políticas científicas los investigadores vemos con demasiada frecuencia que en las universidades y centros de investigación sólo se consigue prosperar personalmente con dos estrategias: o dedicándose a la política, de tal forma que cuando vuelves te «premian» con un Instituto de Investigación ad hoc, o apuntándose a alguna «moda científica» en la que los profesionales de la política vean algún rédito electoral. Olvidan comprobar si el historial internacional de publicaciones es alto y concordante con la investigación propuesta, o la importancia estratégica que la comunidad científica ve en esas áreas de investigación. El poder político sabe mejor a quién dar recursos. Algunos ejemplos tales como el cambio climático o las células madre embrionarias son elocuentes. Son áreas en las que, independientemente del currículum investigador que se posea, se obtiene financiación especial. Se puede incluso lograr, con algo de suerte, un ministerio como premio.

Luis F. Rull

Catedrático de Física Teórica

Universidad de Sevilla

(A ver si logro convencerlo de que ponga su blog y no tenga que pedir prestado 😉 )

Actualización (09/03/2008 9:30) : Juan Freire ha escrito una entrada referida a este artículo llamada Políticas científicas e innovación: ¿por qué unas elecciones no cambiarán nada?

Crímenes de Oxford: otra oportunidad perdida

Luis Rull  

¿Evaluamos una obra de forma aislada o tenemos en cuenta las dificultades del autor para hacerla?

Si una película comienza con Ludwig Wittgenstein escribiendo su Tractactus en la un campo de batalla, a los frikis se nos abre un poco el alma a la esperanza, puesto que no estamos acostumbrados a la inteligencia en el cine. Algunos somos benévolos y perdonamos la licencia cinematográfica (hay que dar acción para demostrar que era un genio) porque es valiente empezar con alguien tan brillante y menos conocido que Mata-Hari o Luis Aragonés. La siguiente escena es un brillante discurso de John Hurt, en el que nos habla de la obra del amigo austríaco.

Creo que la película era buena, pero creo que debemos esperar a una futura versión del director para ver la versión buena. Alguien como Alex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría no han podido escribir un guión como el que vemos en la película. Han demostrado muchas veces que saben de cine y que hacen sus deberes respecto a la estructura y los personajes, han demostrado que sienten respeto por los espectadores. Que algunos personajes sean tan planos y que no te expliques por qué hacen lo que hacen, cuando es tan evidente que el director quería decírnoslo, no me sugiere más que una explicación: Que le obligaran a acortar (recortando) la duración de la película. Es posible que el cambio de productores, lanzarse con actores que cobran lo que deben cobrar John Hurt o Frodo (perdón, Elijah Wood) y rodarla en inglés en Oxford le privara del «privilegio de último corte«. O no.

Se supone que las películas de género evitan al público tener que hacerse una idea general del tono de la película. Esta plantea claramente desde el título: hay un crimen y hay que buscar al culpable. Alex de la Iglesia, el director, no había hecho películas de este tipo y lanzarse a una película como esta parecía muy arriesgado, pero cualquiera con talento puede convertir el plomo en oro. Muchos echan de menos el humor de Alex y Jorge. (Yo me reí a carcajadas en algunas escenas de Crimen Ferpecto o La Comunidad, por no hablar de El día de la bestia, película que me pilló en el Colegio Mayor rodeado de los especímenes más mitómanos e inteligentes con los que nunca he estado )

Me gustaron las citas fiki-matemáticas: Turing, Heisenberg, Godel, Fibonacci… y por ellas me lanzaré a la compra del libro en el que está basado la película, Crímenes Imperceptíbles, de Guillermo Martínez, escritor argentino y matemático.

El intento de reflejar el ambiente académico de Oxford no consigue su objetivo: si pretendía mostar las miserias y fealdad de una de las mejores Universidades del mundo, no lo llega a hacer. Si pretendía enseñar cómo en un sitio donde hay tanta inteligencia y belleza también hay mezquindad y envidias, tampoco lo consiguió. Sacar mucho la librería Blackwell’s o la biblioteca Bodleian sin mostrar/explicar que son dos de los sitios más maravillosos de este planeta es un derroche inútil de recursos. Que los despachos de los más inteligentes son cutres y espartanos como los de un becario de periódico ya lo habíamos visto en Tierras de Penumbra. El glamour no es el fuerte de mis eruditos amigos británicos: tienen mejores cosas en las que pensar. Lo descubrí una vez que me atreví a colarme en el despacho de uno de mis ídolos intelectuales británicos.

Si te pones retos difíciles puedes alcanzar la gloria o fracasar estrepitosamente. Prefiero pensar que esta película no es de Alex de la Iglesia, que es sólo una en la que ha trabajado y ha puesto algo de su talento, que no tiene responsabilidad plena sobre ella.

Nota 1: Sobre la necesidad de enseñar los pechos de Leonor Watling (aka Sra de Drexler) no voy a hablar. Si algún día conozco al director, se lo preguntaré. Ese personaje no podía haber sido creado tan insulso. Leonor debe estar enfadada.

Nota 2: He encontrado, sobre Wittgenstein, esta tesis de José María Ariso Salgado. Si te interesa, seguro que mejor que aguantar el asedio sobre pseudopolítica al que nos tendrán sometidos hasta las elecciones. 😉

Vídeos