La fragilidad

La fragilidad

Luis Rull  

Los jóvenes se sienten invulnerables. Los maduros sospechamos que nos puede pasar cosas malas. Los ancianos saben que somos frágiles.

¿Qué ocurre si una mañana llaman a la puerta y no es el lechero, sino la guardia civil que te detiene y te acusa de matar a una niña y a su padre?

La enfermedad y los accidentes son las cosas que más tememos porque nos sentimos seguros con lo demás. Confiamos en que nuestro trabajo y talento nos darán sustento. Compramos coches seguros y limitarnos la velocidad para no morir en la carretera. Pero no esperamos que la Justicia nos señale y nos envíe a la cárcel durante tres años.

Javier Caraballo ha escrito un libro contando la pesadilla de una persona a la que el sistema judicial falló miserablemente hasta que el “Tribunal Supremo confirmó su inocencia en sentencia firme”. Es la misma pesadilla que tan bien retrataron Alfred Hitchcock y Henry Fonda en “Falso culpable” y que tanto me impactó cuando la vi la primera vez.

Buena sanidad para prevenir las enfermedades. Buena educación para no caer en la ignorancia. Buena justicia para evitar ser un falso culpable.

Hay que cuidar lo que nos da seguridad. Son cosas que nos permiten ser libres.

Comprad el libro, que merece la pena:

Aquí Javier Caraballo charla con Carlos Herrera sobre el libro y el suceso.

Foto de de Ricard Gabarrús

Fragilidad: una ficción ficcionada

Luis Rull  

FragilesA una persona le van bien las cosas. Sale con sus amigos, lee, trabaja, piensa es su futuro, como casi todo el mundo.

Otra persona tampoco puede quejarse. Va de botellona, juega con la wii que le regalaron por navidades, va a clase, le quedan pocas asignaturas para terminar la carrera. Tiene pensado entrar a trabajar en una caja de ahorros, que siempre contratan en verano.

Podemos ver la situación como dos líneas que se van dibujando en un plano, con sus altos y bajos, pero que avanzan hacia algún lugar. Hasta que un día se cruzan.

De vuelta a casa una tarde, ambos pensando en qué van a comer y si cogerán el atasco que siempre les atrapa a esa hora. Ya están hartos de la comida de la universidad, que ni es sana ni es buena. A la primera persona le espera una ensalada de pasta y un pisto congelado, a la segunda la, carne con tomate que le sale tan buena a su madre.

Hay cola en el autobús, que se llenará y dejará a algunos esperando 20 minutos más. Ambos pasan por su lado y miran si hay alguien conocido. No es así y pasan de largo. A la segunda siempre le fastidian los badenes que han puesto en la avenida de salida: Cuando conduce el coche nuevo de su padre le encanta apretar el acelerador.