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Ser y cambiar

Un amigo sabio me dijo un día que lo más importante es distinguir las cosas que son de las que se hacen. Y lo segundo más importante, distinguir qué puedes cambiar tú y qué cambiarán otros.
Mi amigo murió. Y yo lo echo de menos.
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Al mal segador, todas las pajas le estorban

Cuando era pequeño, si me quejaba porque no tenía un cuaderno exactamente igual al que me pedían o porque el lápiz no estaba bien afilado o por cualquier otra excusa (hace calor, …) mis padres me soltaban un dicho de mi abuelo:
Al mal segador, todas las pajas le estorban.
Últimamente me he encontrado diciéndole a mi hijo lo mismo. Y me parece una buena enseñanza de carácter: hacer las tareas que tenemos con las herramientas disponibles, sin dejar que la queja o la aspiración a mejores condiciones nos impidan realizar la tarea. Sin renunciar a hacer las cosas en mejores condiciones, hay que trabajar con lo mínimo disponible, sobre todo cuando uno empieza. Podemos, en paralelo o en un futuro próximo, buscar mejores alternativas. Mirad como ésta pianista brasileña, Eliane Rodrigues, gestiona un problema con un pedal de su piano:
Este razonamiento no es siempre verdad en la industria digital. A veces, sí necesitamos nuevas o mejores herramientas que generan productividades exponenciales. Distinguir entre los casos en los que eso pasa y en los que algunas mejoras son un capricho innecesario es casi un arte, una de las principales habilidades del responsable final de una empresa o de las persona responsable de tecnología. Estar siempre optimizando o buscando formas de mejorar el trabajo (en procesos, productos o personas) es una de las claves de la revolución digital. Prueba rápido y barato, falla rápido y barato. (Tampoco hay que olvidar que la emergencia del software libre ha permitido que esto sea, en muchos casos, posible)
Actualización 23/12/2021: Hay una versión en inglés
bad workers always blame their tools
The free dictonary.Imagen de Roman Boed
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La raya

¿Quién tiene la tiza?
La raya que divide buenos y malos.
La raya que divide feministas y machistas.
Fachas y progres.
Autoritarios y liberales.
La raya entre pensar a y pensar b. Ser a o ser b.
Quien tiene/coge la tiza gana la discusión, porque decide
quién tiene qué idea,
quién es un mediopensionista disfrazado,
quién un tapado del lado b que pretende estar en a. Apestado, contaminado, manipulado o alienado.
Decide cuál es el resumen de su argumento antes incluso de empezar a desarrollarlo.
Quizás el peor vicio de nuestro tiempo no sean los ad-hominems, sino otro tipo de falacia, la del hombre de paja.
¿Quién tiene la tiza?

Foto de Georgie Pauwels
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Atrevimiento o temeridad. A propósito del 4º aniversario del suicidio de Aaron Swartz

Ayer fue el cuarto aniversario del suicidio de Aaron Swartz. Cada año intento escribir un poco sobre él porque su ejemplo y sus enseñanzas han significado mucho para mi.
Este año me gustaría recordar una de sus citas:
Assume nobody else has any idea what they’re doing either. A lot of people refuse to try something because they feel they don’t know enough about it or they assume other people must have already tried everything they could have thought of. Well, few people really have any idea how to do things right and even fewer are to try new things, so usually if you give your best shot at something you’ll do pretty well.
(De su blog, la brillante entrada «How to Get a Job Like Mine«)Me parece muy curiosa la fina línea que hay entre la soberbia y la audacia. Aaron nos interpelaba a lanzarnos a atrevernos a hacer, a confiar que nuestra idea sobre algún tema o proyecto era correcta, o por lo menos no necesariamente más correcta que las de los demás, las «voces autorizadas».
Cuando nos enfrentamos a una idea distinta a la nuestra podemos tomar dos caminos: o aceptarla (porque se expresa con un buen razonamiento o por una persona autorizada). El escepticismo es por lo general, pasivo, exige pruebas de las afirmaciones. Me gusta más la valentía de defender lo que uno piensa, o la pulsión por estudiar si lo que nos dicen es verdad o no. Y aún vamos más allá cuando se trata de crear algo y afrontar las críticas de los demás, alimentando la inseguridad.
¿Cómo distinguir a al sabio que dice saber sobre algo y que nos pide que asumamos su postura, del farsante (no sabe de lo que está hablando o sabe que es mentira)? ¿y del que simplemente, y de buena fe, está equivocado?
¿Cómo se distingue una idea original de una extravagancia imposible?
Aaron nos aconsejaba intentarlo, no asumir que la gente sabe de lo que habla. Nadie sabe nada.
Mis entradas sobre Aaron:
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Piel de elefante. Mi artículo en La Muy 6

Para el número 6 de la revista «La Muy», me apeteció hablar de la libertad de expresión, de la manera en la que la encaramos en un mundo digital.
Al igual que hemos aprendido a filtrar información relevante de entre la avalancha que cada día nos llega, se puede aprender a ignorar lo tóxico y asimilar las críticas que sí nos sirven. La piel de elefante, la capacidad de obviar los insultos o las críticas vacuas es una cualidad más que debemos cultivar para sobrevivir en nuestro nuevo mundo digital.
Podéis leer el resto en la web o en la versión en Issuu de la revista en papel.
En 2008 ya escribí sobre esto con ese mismo título donde revelo la fuente de la expresión: mi estimado Ismael El Qudsi.




