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  • Reseña de «Una mujer en Berlín»

    Reseña de «Una mujer en Berlín»
    Portada del libro "Una mujer en Berlín" de la editorial Anagrama

    Me ha gustado este libro, estas memorias de una superviviente en Berlín los dos primeros meses justo tras la entrada de los soviéticos.

    Violaciones, hambre y desinformación. Una vez tras otra la escritora nos describe la incertidumbre día tras día, pero con esas tres constantes. Hoy sabemos qué pasó tras la caída de Berlín: Qué sería de Alemania, qué pasó con Hitler, cuándo terminaría la guerra…, pero esas personas que estaban atrapadas allí no. Sólo podían ver que la miseria y la ruina les rodeaba: sin agua corriente, vivienda en condiciones o suministros de ningún tipo, sólo podían esperar, cuidarse de las bombas y resignarse a ver qué hacían los soviéticos, que no eran en ese momento más que una horda brutal, alcoholizada y violando en masa. Vengativos, imprevisibles y violentos; la autora pasa miedo y hambre constante pero consigue mostrarnos de manera desapasionada su realidad. Un contraste de ida y vuelta con el estilo de Anna Frank, un recuerdo de los otros heroísmos de las guerras, de las consecuencias inmediatas de las acciones de los hombres que habitualmente se olvidan porque la historia la escriben los ganadores y porque normalmente la justificación del bienestar actual allana todo lo incorrecto y absuelve prácticamente todos los crímenes.

    Leo este libro como último episodio de una trilogía alemana involuntaria que inicié con la lectura de “Una princesa en Berlín” de Arthur R.G. Solmssen y que continuó “Tú no eres como otras madres” de Angelika Schrobsdorff. Tres libros sobre mujeres en Berlín antes, durante e inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Siendo la primera una ficción y la última una crónica, la intermedia es un buen contraste de cómo la memoria muestra el pasado guiado por lo que sentimos y que reconociendo esta distancia con la realidad, somos capaces de contar honestamente lo que nos pasa.

    Portada del libro "Una princesa en Berlin"
    Portada del libro "Tú no eres como otras madres"

  • Reseña de «La Peste», de Albert Camus

    Reseña de «La Peste», de Albert Camus

    Me ha gustado mucho y me he arrepentido de no haberlo leído antes. Más de treinta (¿cuarenta?) años viéndolo en la estantería de mi padre. Una edición de bolsillo de 1978 de la editorial Edhasa, traducción de Rosa Chacel. Un libro ya estropeado, amarillento y con la tinta de algunas letras poco definidas.

    Puedes leerlo sin conocer la visión filosófica del autor y disfrutarlo ya que tiene una cualidad especial para expresar las ideas que quiere contar. Probablemente con algo de contexto sobre el existencialismo se puede entender mejor algunas razones por las que cuenta esta perspectiva o cómo describe los sentimientos de algunos personajes, pero creo que no es necesario para disfrutarlo completamente. Respeta al lector y le cuenta lo que le quiere contar, con la excepción de la identidad del narrador e, incluso eso, lo hace por una buena razón que desarrolla con una sencilla sinceridad magistral.

    Foto del escritor Albert Camus
    Albert Camus Photograph by United Press International

    Me costó empezarla. Por alguna razón, no pillaba al completo a los personajes, no recordaba con claridad quién era quién. Y es muy importante identificar qué información tenemos de cada persona para entender su actitud ante la enfermedad, ante el encierro, ante la muerte. Camus describe las respuestas de cada uno sin acusar, denigrar, o enjuiciar a ninguno. De hecho, oculta la identidad del relator hasta el final. Si quien lee esto decide ponerse con el libro y se encuentra con el mismo problema, no dude en tomar notas desde el principio, en apuntar los nombres de los cinco o seis personajes principales y anotar qué hacen, qué les pasa o qué piensan. Camus irá contando cómo reaccionan todos ante la vida y si para ellos existe o no un sentido en ella. En la segunda mitad irá viendo la profundidad y la belleza de sus ideas con una prosa sencilla y extraordinariamente eficaz, dado lo complicado de lo que cuenta, de lo arriesgado de su objetivo.

    El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma.

    (…) Al cabo de esas semanas agotadoras, después de todos esos crepúsculos en que la ciudad se volcaba en las calles para dar vueltas a la redonda, Riéux comprendía que ya no tenía que defenderse de la piedad. Uno se cansa de la piedad cuando la piedad es inútil.

    La Peste, de Albert Camus

    En confianza: En ocasiones me costaba entender el sentido de algunas frases. A veces por la profundidad de la idea expresada, a veces por la sintaxis. En éste último caso, ¿podría ser por la traducción de Rosa Chacel, a la que adoro como escritora? ¿Hay otras traducciones mejores? Si las hay, he sido muy torpe para encontrarlas. (Las traducciones al español tienen una historia muy interesante)


  • Pasa 2022, pasa ya

    Pasa 2022, pasa ya

    Pasando el mal año de 2022, que trajo mucha pena, pero también descubrir qué es lo de verdad importante.

    Quedé varado en un recodo de tu arena

    Te hiciste con mis sueños y mis pesadillas

    Con mis luces malas y mis noches buenas

    No sé qué es eso que llaman destino

    Acaso apenas una veta en la madera

    Yo solo sé que hice un alto en el camino

    Y que hoy me quedaría por siempre a tu vera


  • No pasa nada. Ya no soy Telémaco.

    No pasa nada. Ya no soy Telémaco.
    Luis F Rull
    Luis F. Rull

    No soy especial, no pasa nada. Casi todos los hijos pasan por la experiencia de la muerte de sus padres. Pero para mí sí es especial, nuevo, inesperado. No soy los demás: no he tenido más que un padre y dejar de tenerlo es duro, y no por común es más soportable.

    Los lugares comunes, las expresiones habituales, los ánimos de los que me quieren no me animan del todo. Y no es que esté buscado el consuelo, llamar la atención, reconocimiento, o lástima de los demás. Muchos buenos amigos nos han confortado mucho, demostrando afecto sincero. Lo que necesito expresar es que no encuentro la paz de espíritu que tenía y tengo miedo de que no vuelva, aunque mi razón, la psicología y todos los que me quieren dicen que volverá. El duelo es un proceso universal y no me creo especial.

    No lloré apenas en los días posteriores porque quisiera evitar que los demás me vieran triste, sino porque, simplemente no me salía. Ahora, tras varios meses, siento que sigo estancado, haciendo las cosas que hacía los días siguientes a su muerte: leo cosas interesantes y pienso inmediatamente qué le diría al compartírselo o qué conversación tendríamos sobre alguna idea de esa u otra lectura. Recuerdo nuestras confidencias y lo que con ellas aprendí de la vida que, como tiene muchos recovecos escondidos, puede engañar. Momentos de intimidad en los que descubres una ampliación de la realidad, ese momento mágico en que descubres que sabes más que un segundo antes, que asumes que estabas un poco más equivocado que en el presente. Esa felicidad plena de entender un poco mejor el mundo y que la has conseguido con alguien que te quiere incondicionalmente. Los consejos de no caer en la desesperación o en la melancolía, de alguien que ya estuvo en el agujero y sabe que de ahí no sale oro ni petróleo. Asumir la convivencia de la voluntad y la emoción, pero sin dejar que ni la impotencia ni el entusiasmo marquen la concentración en lo que quieres.

    Si es verdad que lo que sentimos con el duelo es la traición del tiempo, de la vida; La sensación de que nos han quitado algo que era en justicia nuestro, que la historia ya no sigue el curso que debía porque se ha torcido; si es verdad, ¿cuándo se acaba? Porque acaba, casi todos superan la muerte de sus padres.

    Cuando intento averiguar qué me pasa, parece me llega la sensación de injusticia, de agravio, de que alguien, algo, te ha quitado un tiempo, sensaciones, alegrías, conocimientos,…todo lo fantástico que tenía con él. Quizás el problema es que eso no cuadra con cómo veo el mundo e intento forzar dos ideas que no son compatibles. Porque esa “injusticia” no es compatible con cómo veo el mundo, con la visión indeterminista, naturalista y a-humanista que tengo y que me enseñó él: el universo no conspira, no tiene un propósito, es caótico… esas arterias reventaron porque algo minúsculo e indetectable se atascó en un sitio un día en una caminata a casa. No hay razón, intención de nadie, causa evitable. “Murió porque…” es lo que pide mi mente, mi cuerpo, para encontrar un sentido. La búsqueda de sentido a un detalle de mi existencia (la muerte de mi padre), ¿amenaza la búsqueda del sentido del resto de mi vida? ¿Amenaza el sentido que ya le he encontrado? Si no encuentro la razón porque, de principio, pienso que no hay razón, ¿me atasca? ¿me hace estar triste y falto de ánimo e ilusión para hacer cosas?

    Me acuerdo de lo que envidiábamos él y yo a los que encontraban la trascendencia con sus creencias religiosas y de que siempre emergía, en los momentos de duda, un optimismo y una fe en que la bondad merece la pena, sin importar que veamos como la maldad, la mediocridad y la pereza ganan terreno y éxito. Entonces leo a Gomá Lanzón diciendo que esencialmente somos ejemplo, que lo que dejamos es la inspiración en los demás. Que eso es lo más cercano a la inmortalidad que tendremos, esa es la huella que dejamos, pero que sólo entonces nos revelamos, o se nos revela alguien completamente

    Conocer la verdad de un hombre, en sentido estricto, es recordar su ejemplo cuando ya ha dejado de existir, momento en el que adquiere un relieve y una nitidez extraordinarios.

    Javier Gomá Lanzón. Aquiles en el Gineceo (Ver cita completa)

    Así, la alegría de conocer a mi padre de verdad ahora crece en mí. Cierto es que los primeros días me gustaba mucho recordar sus virtudes, sus alegrías, los buenos momentos con él, incluso su defectos, los cómicos, que lo hacían, (que lo hacen ahora de verdad) tan especial, tan diferente. Eran momentos de felicidad inducida, provocada para animar a los que nos rodean, para animarme a mí, para ver la parte positiva en un mundo que en ese momento parece maligno. Entonces ví claramente lo que sólo vislumbré cuando empecé a ser padre. Porque un padre, una madre, son lo más especial para un hombre. Nadie en el mundo te ha seguido y te ha hecho, te ha rechazado y te ha liberado, ha servido de modelo y de contraejemplo, como ellos. Sientes de pequeño que el mundo es como el que te muestran, de adolescente te rebelas porque no son perfectos y de mayor los idolatras porque conoces el maravilloso equilibrio entre sus virtudes y sus defectos, entre el mundo que les tocó vivir y el que ellos, en su microcosmos, lograron crear con esfuerzo a tu alrededor, entre lo que quisieron enseñarte y lo que de verdad aprendiste. Ves entonces a dos héroes que lograron el triunfo que estás peleando ahora mismo como adulto. Si el resto de las personas son gente, tus padres están siempre fuera de esa categoría, desde que comienzas a ser consciente de que hay algo dentro (tú) y algo fuera (lo demás). Vas descubriendo el mundo de su mano, pero van llegando más manos que te enseñan otras cosas: tus hermanos, tus amigos y enemigos, las historias que salen de las letras de tus libros, las sensaciones del series y películas que ves, los profesores,… Pero no son las de tus padres. No son la primera base de lo que ves, no son el primer modelo que tuviste que romper para ver la maravillosa variedad de opciones que el universo nos presenta. Los demás no son los que nos enseñaron que su verdad es la primera mentira, no son los que nos enseñan que buscarla, encontrarla y volver a descubrir que es una mentira (aunque sólo sea muy parcialmente) es la vida realmente virtuosa. Un bucle infinito de correcciones que ellos iniciaron y en el que encierran la primera verdad que vas matizando cada día, desde el primero hasta el último. Incluso descubres que no los traicionas buscando y aceptando otras verdades. Los honras porque el camino es la vida y, entonces, sólo entonces, entiendes la idea dentro de unos de los poemas preferidos de mi padre :

    Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
    Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
    entenderás ya qué significan las Ítacas.

    Ítaca, de Kavafis

    ¿Por qué no puedo seguir siendo Telémaco? ¿Por qué, papá, me obligas a ser Ulises?

    Sin duda (el adolescente) no lo sabe todo, pero es cierto que esa edad ociosa, sin oficio ni beneficio, es una época privilegiada para pensar en el todo. ¿Cuándo se manifiesta esa totalidad en el caso de la vida humana? No hemos de reputar feliz a nadie, dice Solón, mientras viva, sino que debemos esperar al final de su existencia. Al morir, el sujeto entrega su esencia, que es el ejemplo que ha ido cincelando durante todos los años anteriores en la materia del tiempo. Durante todo su habitar sobre la tierra el hombre incuba en su seno la promesa de un ejemplo que va creciendo y solo se detiene y asume su forma definitiva cuando aquel muere. Es difícil que un sujeto conozca de verdad a otro —un padre, un amigo— mientras ambos, el conocedor y el conocido, todavía vivan, ya que no solo la esencia de este es incompleta, sino que además apenas puede percibirse con claridad: el ritmo de las obligaciones ordinarias, la vulgaridad de las situaciones, el norte del egoísmo humano, la inseguridad de las apreciaciones en la experiencia diaria impiden una disposición apta para dicha percepción. Pero, tras la muerte, resplandece ese ejemplo, ya completo “y despojado de sus accidentes. Con frecuencia se ha notado que el término griego para «verdad» —aletheia— significa no-olvido (a-lethos), esto es, recuerdo. Conocer la verdad de un hombre, en sentido estricto, es recordar su ejemplo cuando ya ha dejado de existir, momento en el que adquiere un relieve y una nitidez extraordinarios. De ahí que nos conmovamos hasta la desesperación cuando “desaparece un ser querido: al morir, contemplamos por primera vez su ser verdadero, lo amamos definitivamente y desearíamos por encima de todo poder decírselo, pero entonces ya es demasiado tarde. Todo conocimiento es póstumo.”

    Pasaje de Aquiles en el gineceoo o Aprender a ser mortal de Javier Gomá Lanzón

    NOTA: No os preocupéis por mi: no estoy deprimido ni tengo problemas graves. Esta entrada ha sido elaborada durante meses para expresar mi pena, refleja estados de ánimo diferentes en diferentes momentos. La vida, pese a todo, me trata muy bien y no tengo quejas ni agravios.


  • Cosas que leer, ver o escuchar. 11/2021

    Gran entrevista a Marta García Ayer

    Me encanta la habilidad de algunos de explicar cosas complejas, Marta García Ayer es una de ellas. A veces no basta saber muchas cosas, hay que encontrar las relaciones más relevantes entre ellas y expresarlas con claridad y coherencia.


    ¿Qué es un Product Manager? Por Irene Prieto

    Aunque llevo casi 15 años haciendo, de una manera u otra, de gestor de proyectos, no de gestor de productos, me ha tocado a veces formar o actuar como responsable de producto muchas veces. No siempre las profesiones tienen entidad suficiente porque no ha pasado el tiempo seguro para tener un nombre, una serie de buenas prácticas, una manera de distinguir a los buenos profesionales de los malos… En otros casos, estamos en un momento intermedio en el que hay cursos, libros, incluso un nombre, pero que todavía no está todo asentada. En último término, los profesionales que interesan son los que generan buenas dinámicas y generan buenos resultados y eso, por ahora, no se puede predecir con seguridad con unos cursos y una entrevista. Probar y probar y encontrar hasta qué punto el éxito y el fracaso dependen del profesional y hasta qué punto de circunstancias fuera de su control.


    Un reality de influencers

    Un reality que convierte a «some random people» (sic) en influencers

    Reality de influencers = Dos mentiras no hacen una verdad.

    El primer Gran Hermano en España se presentó como «un experimento social» Ya están tardando (si no lo están haciendo ya) en montar uno así en mi Españita.


    La mente NO funciona así. Algunos mitos sobre cómo pensamos

    Lisa Feldman , Psicóloga de la Nortwestern y Harvard, nos cuenta que algunas sobresimplifiaciones sobre el funcionamiento de nuestro cerebro no son una buena descripción y nos llevan a conclusiones equivocadas.


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