El dolor

El dolor

Luis Rull  

Estas palabras no son originales. Miles de hombres han pasado por la desesperación que da el dolor, hay pocas cosas más comunes a todos los que respiramos en este planeta. Esta es una historia vulgar:

Una mañana, de manera repentina, empezó un dolor en la espalda. Algo que a tantos han pasado muchas veces. Nada especial, aunque sí nuevo para mí. He tenido en mi vida buena salud (por lo menos hasta que mi padres lograron que me operaran de las amígdalas, terminando el infierno en el que había convertido sus vidas), ni he tenido accidentes graves; por lo tanto, creo que soy un muy mal enfermo. En resumen, no estoy acostumbrado al dolor.

El dolor fue creciendo y expandiéndose por toda la espalda. Al principio no le di importancia y comencé una reunión programada, importante, de resumen del trabajo de las últimas semanas y planificación para las siguientes. Conforme pasaban los minutos estaba más incómodo, con más dificultad para concentrarme. Parecía un dolor de lumbares, por estar demasiado tiempo sentado, pero cada minuto aumentaba, desconcentrándome. Tenía que desactivar la cámara para poder levantarme y moverme un poco para hacerlo soportable. Atento por si tenía que responder a algo, repasando notas cuando me pedían algún dato. La peor reunión que he tenido nunca.

El resto del día no fue mejor. El dolor me paralizó. No era capaz de pensar claramente, leer, trabajar o preocuparme por los demás. El universo se plegó sobre mi y todo lo demás, todo lo que está fuera de mi cuerpo, de mi dolor, no existía. Un acto supremo de narcisismo.

Es un tópico decir que la salud es lo más importante. Pero sin ella lo demás se disfruta con dificultad, no se produce bien, el pensamiento se crea con apuro, como si estuviésemos estreñidos de mente. A quien no está acostumbrado, a quien siempre ha disfrutado de salud, como al mal segador, todas las pajas le estorban. Ése es mi caso. Es posible que el truco sea convertirse en un buen segador, acostumbrarse a salir de ese pliegue sobre uno mismo. La farmacopea y los médicos nos pueden ayudar. La habilidad de separar cuerpo (dolor) de mente (ideas) parece que sólo se obtiene con práctica y/o con buena química (administrada por buenos doctores). Pido a la providencia que tarde mucho en tener que llegar a la excelencia de esa habilidad, pero imagino que antes o después tendré que aprender a ignorar la punzada en la cabeza, el sordo pellizco interno o el látigo en el músculo que no hace lo que le ordenas. Cosas de personas que dejan de ser jóvenes.

Encontré algunas soluciones complementarias entre aquellos que tienen experiencia: Yoga, meditación, tolerancia al dolor,… Me consuelo pensando que grandes hombres han creado obras excelsas con dolor y enfermedad: No hay que quedarse en la queja y ponernos, antes o después, manos a la obra. No hay nada a lo que no se hayan enfrentado muchas personas antes y hayan vencido.

Recordad: Hay un enemigo agazapado en nuestra satisfacción, debilitándonos con cada minuto de placidez, haciéndonos adictos al bienestar e insoportable el dolor. Ese enemigo nos hace vulnerables ante cualquier eventualidad, cualquier roce o rasguño. ¿Cuál es la defensa preventiva ante este adversario?

Nota: No os preocupéis por mi: al final parece que sólo fue un vulgar cólico nefrítico, algo doloroso pero leve, no grave, no amenazante. Dolor por minucias de las que saldré sin secuelas, algo muy alejado de el infierno por el que han pasado muchos de nuestros semejantes.

Imagen: The Wounded Philoctetes, de N. A. Abildgaard. 1775

Reseña de «El corazón de las tinieblas» de Joseph Conrad

Reseña de «El corazón de las tinieblas» de Joseph Conrad

Luis Rull  
Portada el libro El corazon de las tinieblas Joseph Conrad Alianza Editorial - Un atardecer en la selva

Una maravilla de relato. Poco más de cien páginas de disfrute y agonía.

La manera del autor de mostrar a los personajes, especialmente a Kurtz, a través de los ojos de Marlow, que confiesa su parcialidad y fascinación por él es un logro genial.

Puedes, en cierto modo, ver la crítica a la barbarie colonial desde el punto de vista del que justifica la visión «civilizadora». Pero no es sólo una denuncia esperable, el planteamiento es más profundo: Denuncia cómo lo oficial, lo previsto, nunca se traslada a lo real de manera directa y, a veces, es una pesadilla imposible de estar más alejado de la razón. Porque sólo lo irracional permite aguantar el tipo cuando te enfrentas al hecho de que te has convertido en algo opuesto a lo que te prometiste o cuando te enfrentas a algo muy diferente de lo esperado.

La fascinación de Marlow por Kurtz y el desprecio por la moral de los burócratas son dos grandes logros del libro. Pueden parecer caricaturescos, pero muestran aspectos humanos que podemos ver a nuestro alrededor a poco que nos fijemos.

Mi consejo es que reserves unas horas para leerlo de un tirón o que leas cada uno de los tres capítulos sin interrupciones: la concentración merece la pena para ir asumiendo cada una de las ideas y sensaciones que Conrad nos muestra.

Nota: Ahora entiendo mejor «Apocalipse Now»

Lo podéis encontrar en:

Imagen: Twilight in the Wilderness de Frederic Edwin Church – Cleveland Museum of Art)

Reseña de «El camino» de Miguel Delibes

Reseña de «El camino» de Miguel Delibes

Luis Rull  

Inmejorable. La maestría de Delibes describiendo lo interno y lo externo, la tragedia y la alegría, lo mundano y lo trascendente. La naturalidad, la sencillez con la que escribe hace que parezca fácil crear una obra como esa, porque fácil se lee y fácil se entiende.

Describir un ambiente rural, con una perspectiva infantil puede parecer «poco moderno», pero a mi me ha parecido que no tiene ni un día de antigüedad porque he sentido al autor cara a cara, contándome la historia de cómo El Mochuelo deja de ser un niño de pueblo y va a convertirse en un hombre de ciudad.


“Los hombres se hacen, las montañas están hechas ya”

— Miguel Delibes en «El camino»

Lo podéis encontrar en:

Lo bueno de leer

Lo bueno de leer

Luis Rull  

(Charla a estudiantes de primaria para animarles a leer. Escrita para ser conferencia, no para ser leída)

Yo aprendí a leer a los 4 años, cuando me puse enfermo de una cosa que se llama mononucleosis. Tenía que guardar cama todo el día y mi madre tenía muchas cosas que hacer, ya que acaba de empezar el doctorado. En aquella época no había televisión por la mañana, ¿os lo podéis creer? La mejor manera que encontró mi madre de mantenerme quieto fue darme crucigramas que ella hacía y pedirme que le dijera las letras. Así aprendí a leer. Al poco tiempo, me empezaron a llevar a una librería que había debajo de mi casa: allí descubrí libros fantásticos y me fueron encantando lo que me contaban. Desde entonces no me he aburrido y muchas de las cosas importantes o divertidas que sé las he aprendido de los libros: En quién confiar, cómo encontrar a gente que te quiera, cómo evitar a las malas personas, cómo reírse de las problemas que no tienen solución; incluso cómo descubrir que esas cosas que nos pasan y que pensamos que son muy muy malas (y que sólo nos ocurren a nosotros) en realidad, le han pasado muchas veces en la historia a muchas otras personas y que podemos aprender cómo salieron de ellas gente muy lista,…

Llevo mucho tiempo comprando libros. Aquí podéis ver mi despacho y mi biblioteca. Tengo libros de literatura, en inglés, español (y alguno en francés), de Sociología (que es lo que estudié), de Poesía, de Historia (que me encanta), de Ciencia Ficción, de Filosofía, de Religión,… Me interesan muchas cosas y cuando veo un libro que me puede enseñar algo o divertir … ¡me lo compro! Bueno, tampoco es eso, muchas veces me tengo que quedar con las ganas porque todavía me quedan muchos libros por leer de los que he comprado. Ahora intento no comprar uno nuevo sin haber, al menos, haber leído otro antes de los que tengo pendientes en casa.

Yo he viajado mucho, trabajado y conocido a mucha gente de muchos países, pero creerme, en todos lados ocurre lo mismo: Sólo de los demás podemos aprender cosas. Muy pocas cosas salen completamente originales de nuestra cabeza. Sabemos cosas porque aprendemos de los demás y porque combinamos eso que nos ofrecen los demás.

Hay gente buena y mala en el mundo. Listos y menos listos. Divertidos o aburridos. Alegres y tristes. Parecidos a nosotros y completamente diferentes. Os encontraréis en la vida con mucha gente muy variada. Pero en nuestra ciudad, o en las ciudades en las que viváis en el futuro, sólo podréis conocer a un número muy limitado de personas y, probablemente, a un grupo no tan variado como querríais. Con los libros podemos conocer a miles de personas que ya sabemos que son listos, divertidos, alegres, diferentes… porque nuestros profesores, nuestros libreros o nuestros amigos ya nos habrán dicho que esos libros merecen la pena. Leyendo podemos pensar como pensaron las personas más listas, sentir lo que sintieron las personas más afortunadas, vivir lo que vivieron aquellos más felices. Y también saber cómo piensan los que quieren manipularnos y así evitar que nos engañen: En los libros también están los engaños y cómo detectarlos.

Podemos viajar por el tiempo y hablar con la gente más maravillosa y después compartirlo con los amigos. Y si lo que os gusta son los videojuegos, podéis saber de dónde vienen las historias que cuentan y así, quién sabe, podréis vosotros crear en el futuro los mejores videojuegos combinando historias que habéis leído. O escribirlas, y ser vosotros los que divertís o enseñáis a otros.

¿Cómo podemos estar con los que queremos estar? Porque no siempre tenemos a nuestro alcance a la gente adecuada que nos enseña a ser mejores, o a saber más cosas, o personas que nos divierten y nos hace felices. A veces estamos cansados de los que nos rodean y necesitamos personas con cosas nuevas, para hacer la vida interesante. No es necesario salir de España o de Sevilla: a nuestro alcance están millones de vidas diferentes que podemos conocer para así hacer más rica la nuestra.

Por último, me gustaría pediros tres cosas:

La primera, que no paréis de probar libros diferentes hasta que encontréis el que os entusiasma. Hay un libro especial esperándoos, hay cientos de libros en el mundo que os pueden entretener, divertir, enseñar… sólo tenéis que tener paciencia y buscad, probar y volver a intentar un libro tras otro hasta que encontréis el que os deje con la boca abierta de sorpresa o os haga reír a carcajadas. Y cuando lo terminéis, buscad el siguiente, que será aún mejor, porque el primero os habrá enseñado algo para disfrutar más del segundo. No paréis, buscar y probad uno tras otro. Vuestros libros especiales irán apareciendo si buscáis el tiempo suficiente: os lo garantizo. Hay bibliotecas, librerías, amigos,… ¡hay miles de libros en Internet! Buscadlo hasta que encontréis el libro que os espera.

La segunda, daros una oportunidad cada día para estar a solas concentrados en un libro al menos media hora. Empezad con quince minutos en los que no hagáis otra cosa que leer un libro. Concentrados, conectando con el escritor sin prestar a nada más vuestra atención. Los libros necesitan un poco de tiempo a solas con ellos: sin música, ni descansos, ni comentarios con nadie, ni tomar apuntes, ni subrayar,… media hora a solas con el escritor y vuestra mente será como la de un superhéroe. La mente necesita un tiempo para olvidar todo lo que le rodea y lo que nos preocupa. No estamos dentro de un libro si no llevamos un buen rato dentro. Si podéis pasar media hora viendo a un Youtuber o viendo bailes de TikTok sin levantar la cabeza de la tableta, ¡podéis estar media hora concentrados en un libro! Es fácil si te lo propones y estad seguros que merece la pena.

La tercera y última: contad a todos vuestros amigos los libros chulos que encontréis. Es posible que le estéis dando uno de los mejores regalos que una mamigo pueda hacer a otro.

¡Ah! Otra cosa más: No veáis una película antes de leer el libro en el que está basado. El orden es LEER LIBRO Y DESPUÉS VER LA PELÍCULA. Lo disfrutaréis muchísimo más.

(Primera versión preparada para una charla en el colegio de mi hijo para una clase de 6 de primaria con motivo del día del libro de 2021. Está escrito para ser leído en voz alta, para animar a un grupo de chicos de 11 años a leer o a seguir leyendo)

Reseña de «La leyenda del santo bebedor» de Joseph Roth

Reseña de «La leyenda del santo bebedor» de Joseph Roth

Luis Rull  
Portada del libro "La leyenda del santo bebedor" de Joseph Roth

Genial. Inmejorable. Un relato perfecto que entró en mi (y yo en él). Con una economía del lenguaje magistral, entiendes al personaje y su abandono, sin condescendencia ni piedad.

El personaje, Andreas, recorre París como mendigo y bebedor y debo confesar que lo seguí como compañero, sin juzgarlo, sin querer salvarlo ni librarle de sus males. La asepsia jovial con la que describe el alcholismo no creo que venga sólo de su talento literario, imagino que su propia vida le permite escribirlo como nadie que yo haya leído (incluído Bukowski).

No debí llegar a esta edad sin haberlo leído (o por lo menos no recuerdo haberlo leído). Corre a leerla si no lo has hecho ya. Me compré un edición reciente de Alianza Editoral. La traducción de Ibon Zubiaur me ha encantado, al parecer es nueva (y por lo tanto, a alguien le parecía necesaria). Su epílogo es muy clarificador, además de descubrime la figura de su mujer Andrea Manga Bell, hija del músico cubano José Manuel Jiménez Berroa.

Son pocas páginas, dedicad unos minutos a leerlo. No os arrempentiréis, la vida es corta.

(Un dato curioso: Joseph Roth nació en la ciudad de Brody (Galitzia), que entonces era parte del Imperio Austrohúngaro y ahora es Ucrania)

Los colegas de La Cultureta hablaron de Roth hace un año, cuando empezaba la cuarentena:

Lo podéis encontrar en: