A propósito de los políticos condenados por permitir delitos. Hombres buenos y malas acciones.

Hace una semana se publicó la sentencia de uno de los juicios sobre unas ayudas ilegales a empresas para hacer EREs (Expedientes de regulación de empleo) en Andalucía. Durante muchos años la Junta de Andalucía pagaba a algunas empresas los sueldos de los prejubilaciones de despedidos para que no tuvieran que pagar las indemnizaciones por despido ni cobrar del paro. Uno de los problemas es que esas adjudicaciones eran discrecionales. Sin concurso, baremos o publicidad, un alto cargo de la Junta, (siempre un político del PSOE) decidía si podías o no recibir la ayuda. Nadie se acuerda de las empresas competidoras que sí tuvieron que cerrar sin que nadie les ayudara, en una suerte de competencia desleal.

El mundo no se divide entre las personas malas y las buenas. Hay extremos (psicópatas y santos), pero la mayoría estamos en medio. A veces hacemos cosas mal y otras bien. Y se nos juzga por ellas, por nuestros actos. Y un juicio no es más correcto por haber condenado a una persona que no nos gusta. Si José Antonio Griñán es una persona con trato afable, culta, honrada, (y me creo que lo sea) ¿debe juzgárseles sus actos de manera menos severa que, por ejemplo, a Manuel Chaves? Lo digo porque casi todos los artículos lamentan la sentencia al primero y pasan de puntillas sobre la segunda. (No he encontrado nada defendiendo la honorabilidad de ninguno de los otros condenados):

También soy una de esas personas que creen que Griñán es una persona honorable. Pero si uno es la cabeza de una institución, si se ha presentado a una elcciones, si ha pedido la pelota, debe vigilar por la honestidad de la organización. En baloncesto, quien la pide es responsable del siguiente movimiento. Si tira y falla, no puede echarle la culpa al resto de su equipo. ¿Por qué sino las leyes, los reglamentos, las resoluciones deben firmarse por la cúpula de la jerarquía, más alta mientras más importante sea la regla? Les han condenado por crear un sistema que permitía, por la arbitrariedad de sus decisiones, todo tipo de corrupciones y desmanes.

For Brutus is an honourable man

Nunca pensé que este momento llegaría. Nunca creí que personas con tantas responsabilidades fueran condenadas en Andalucía. No se puede obviar que mirar a otro lado cuando hay cosas graves a tu alrededor, no hacer ALGO que debe hacerse, también es actuar mal. La hegemonía del PSOE era (es) casi absoluta y muchísimas críticas, investigaciones y preguntas indiscretas han conducido a quien las hacía al ostracismo, al veto, al despido, cuando no a deudas incobrables por sugerencia de alguien de arriba. Esto viene porque mucho se preguntan ahora el por qué de esta saña con personas buenas, cuál es la razón de la alegría de tantos. La bondad de muchas personas buenas no se tuvo en cuenta cuando se miraba el carnet para según qué cosas o cuando la más mínima crítica bastaba para considerarte enemigo o indiferente (y aplicarte la legislación vigente). La soberbia de entonces sembró la ira de ahora.

Me encanta esta cita de Stuart Mill, a menudo atribuída a Burke:

Foto de John Stuart Mill
John Stuart Mill

Let not any one pacify his conscience by the delusion that he can do no harm if he takes no part, and forms no opinion. Bad men need nothing more to compass their ends, than that good men should look on and do nothing.

He is not a good man who, without a protest, allows wrong to be committed in his name, and with the means which he helps to supply, because he will not trouble himself to use his mind on the subject. It depends on the habit of attending to and looking into public transactions, and on the degree of information and solid judgment respecting them that exists in the community, whether the conduct of the nation as a nation, both within itself and towards others, shall be selfish, corrupt, and tyrannical, or rational and enlightened, just and noble.

Jonh Stuart Mill. Inaugural Address Delivered to the University of St. Andrews, Feb. 1st 1867 (1867)p. 36.

Y ayer nos encontramos con esta entrevista. Un muy desmejorado Manuel Chaves, usa los adverbios de manera, digamos, curiosa.

Las criaturas siempre son la excusa. La razón suficiente para obviar la ley. El bien mayor que justifica el mal. No había más remedio por la urgencia y gravedad de la situación. ¡Que poco imaginativos se ponen cuando quieren!

P. ¿Por qué fallaron los controles?

R. Hubo un procedimiento que tenía una función: el reparto rápido de las ayudas y eso quizás pudo afectar a los controles.

Manuel Chaves. Entrevista en El País (3/12/2019)

For Brutus is an honourable man

The Need to Censor Our Dreams. Žižek en su jugo.

No sabes si has aprendido algo o te ha engañado pero has pasado un buen rato. Esto es una charla de Zizek. Esta perplejidad me pasa mucho con él y siempre me ha pasado con pensadores posmodermos. Al final, la terrible herramienta de la falsabilidad impide decir si dicen la verdad o no. No hay realidades objetivas con las que contraponer o alinear sus ideas. Sólo hay visiones, impresiones, interpretaciones de lo que dice. No hay manera de comparar lo que dice con la realidad. «Everything that is solid melts into air».

Pero entre el chaparrón de ideas, sale una que me interesa: Capitalismo, Democracia, libertad,… Plantea el fin de uno de los dogmas de los que crecimos en los setenta: capitalismo/democracia están siempre sepadadas de comunismo/totalitarismo.

In today’s China, Capitalism growth is exploding not in spite of Communism, but because of it.

Slavok Zizec

And so on…

Reseña de «La mente de los justos» de Jonathan Haidt

Portada del libro La mente de los justos

Un gran libro, a medio camino entre la divulgación (no es necesaria formación en psicología o filosofía) y lo académico (contiene una larga introducción con la base teórica que lo sustenta). Jonathan Haidt es profesor en NYU, un académico especializado en psicología moral.

El libro parte de la discusión sobre si la moralidad es meramente racional o emocional o en qué combinación de ambas podemos situarla. La símil del guía del elefante es muy ilustrativo para entender cómo funcionamos con nuestros juicios. Un elefante va donde quiere, su guía tiene un limitado poder de decisión si el elefante decide seguir una senda:

La intución viene primero,

el razonamiento estratégico después

Jonathan Haidt «La mente de los justos»

Me interesó especialmente el marco de los «receptores gustativos» que nos explica en el capítulo 7, ya que nos da un marco de estudio con el que medir y entender las opiniones y juicios de los demás, más allá de la versión maniquea o cínica de la opinión pública. La teoría de los sentimientos morales nos dice que hay (al menos) cinco receptores gustativos, cinco fundamentos de la moralidad que podemos desarrollar (mucho o poco):

  • Cuidado/Daño
  • Equidad/Engaño
  • Lealtad/Traición
  • Autoridad/Subversión
  • Santidad/Degradación

Diferentes personas tienen desarrollados más unos tipos que otros. Aquellos capaces de tener gustos más variados comprenden mejor a los demás (incluidos los asesores de comunicación política y los políticos para los que trabajan).

También recalca la importancia de la moralidad (y la religión) en la creación de un vínculo social, de una visión de conjunto, de pertenencia a algo común, similar a una colmena. Un interruptor que se enciende y se apaga y que tiene profundas raices evolutivas. Esta parte me ayudó con la ideas que estoy desarrollando respecto al trabajo remoto y el de las organizaciones, especialmente en el desarrollo de software y de servicios digitales.

La reflexión sobre la sublimación del yo en el grupo me gustó mucho, ya que da un sistema de referencia para entender el sentimiento de pertenencia y la identificación con el grupo.

Me perdí un poco en la explicación sobre la evolución y los genes en la creación de la moralidad. No estoy seguro de si por mi incapacidad o por la traducción. 😉

Un libro imprescindible si te dedicas a la comunicación política o simplemente te interesa la moral. Y un buen punto de partida para conocerte a ti mismo, una de las claves de la felicidad.

En resumen, es un gran apoyo teórico a aquellos que pensamos que el pluralismo político es imprescindible para la convivencia.

El gran Sergio Redondo, que me recomendó el libro, hizo una muy buena reseña:

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¿Constancia u obcecación?

(Artículo publicado en El Mundo Andalucía el pasado 25 de abril de 2019 bajo el título «La resistencia»)

Una de las virtudes más apreciadas es la constancia, relacionada con la insistencia, esto es, la capacidad de mantenerse en la senda de un objetivo marcado sin sucumbir a los obstáculos.

Desgraciadamente, no es fácil distinguir a priori la obcecación de la insistencia, el trabajo inútil y luchar por un imposible de la búsqueda de un objetivo perseverando. Sólo por el éxito posterior podemos evaluar si es uno u lo otro. Un político puede ser un héroe por resistirse a negociar con Hitler o un cacique que acaba matando de hambre a su pueblo con tal de seguir mandando. Un emprendedor puede ser un héroe nacional por crear un empresón o un villano que tiene que despedir a media plantilla porque las ventas no son las esperadas.

Estos conceptos resbaladizos, como las metáforas que acaban pensando por nosotros, son utilizados por los que nos quieren imponer una idea sin pedirnos permisos o sin que nos demos cuenta. Seguidme, confiad en mí, votadme, es lo que en esencia hacen los políticos en democracia. Sólo conociendo los valores reales que mueven a la persona y la intuición sobre su éxito podemos prever si la resiliencia es tal o mera obcecación. ¡Ah!,pero no todos podemos conocer a nuestros líderes, no invitan a café para charlar de sus ideas o intenciones.

Conocer a nuestros políticos, a nuestros jefes, obligarles a que nos muestren qué son, qué piensan. De lo contrario, los mediocres, que también pueden ser muy persistentes, nos pueden arrastrar con sus cruzadas o llevanos al mar de la vulgaridad, donde nunca pasa nada.