Memorias, promesas y desencanto.

Memorias, promesas y desencanto.

Luis Rull  

(Artículo publicado en el diario El Mundo Andalucía el 28 de febrero de 2020)

Hay pocas cosas más volubles que la memoria. La ciencia nos dice que cambiamos nuestros recuerdos en función de lo que vivimos, de manera que entendemos el pasado mediatizado por todo lo que nos ha ocurrido desde entonces.

Foto de flor de azahar y naranja

El 28F se convirtió, para los que nacimos a principio de los 70, en el hito modernizador construido para crear una identidad común y así orientarnos en la misma dirección. Liderados por una élite política, el llamamiento a la movilización en las calles frente a las decisiones del gobierno central tuvo éxito, pero también venía con una promesa de prosperidad y emancipación. Si se cumplió o si mereció la pena, lo dejo en las manos de otros con más herramientas empíricas para afirmarlo o negarlo. Algunos sólo podemos evocar los recuerdos modificados por años de experiencias, de repetición de llamadas al espíritu andaluz y de ejercicio de la autonomía política.

La emigración de los sesenta y setenta era (es) una herida abierta en todo el sur de España. Se fueron los más valientes (y los más hambrientos). Es difícil entender el 28F fuera del contexto de las migraciones exteriores e interiores. Frente a ese trauma se ofrecía la promesa de que, esta vez sí, el talento y el trabajo iba a ser valorado, aprovechado y fomentado en esta tierra y no en puertos y campos lejanos.

¿Suena a algo familiar? Se ha expresado en estos 40 años de diversas formas. Algunos acuñaron ese sueño con expresiones como «La California de Europa» o «La Dinamarca con buganvillas», una aspiración inalcanzable, cual Zenón industrial, sin saber que necesitaba más fondo que sprint, más siembra que fiesta de la cosecha, más horizontes que autocomplacencia.

Y Andalucía se dividió en dos mundos: los que hablaban del futuro y los que lo construían. Así, un cierto descreimiento del oropel y la épica modernizadora ha crecido año a año, incumplimiento tras incumplimiento; una desconfianza que ha centrado a miles de andaluces en sus tareas, ignorando las sucesivas llamadas identitarias, para hacer lo que mejor consideraban: trabajar en lo suyo. Sectores económicos completos, profesionales, artistas, funcionarios, trabajadores… no volvieron a creer en las llamadas a filas ni en las exaltaciones folklóricas, viviendo su visión de lo común, de lo andaluz, lo más alejado posible de banderas o propagandas. El descreimiento se hizo transversal, como un susurro, omnipresente. Visiones de lo comunitario discretas, ascéticas, sobrias; evitando políticos, titulares y subvenciones. Suerte una sociedad civil que tiene otro tempo, el de las exportaciones, los debates intelectuales o la innovación fuera de la cultura oficialista. Islas de emprendimiento, competitividad y exportación en un mar calmo, tirando de un desarrollo al que le salen muchos padres, padrinos y patrocinadores en cuanto brillan un poco.

Imagen impuesta

El 28F fue, para muchas generaciones, un comienzo sin las limitaciones que imponían una imagen impuesta por los que nos decían cómo éramos. Una mirada que generaba una visión de futuro optimista, pero que también pedía, de alguna manera, confianza (y sumisión) en los receptores del poder político y económico que se reclamaba para el sur.

Las cadenas del pasado se rompían para conquistar un futuro deslumbrante, la oscuridad pasada era, sin duda, consecuencia del dominio externo. Andalucía sufría un pie dominante en el cuello y se iba a liberar de las barreras medievales, clasistas e iletradas.

Una suerte de clases medias recién urbanizadas comenzaban a disfrutar de la explosión de consumo, cierta abundancia y aparente seguridad y, simultáneamente, emergía un cierto reconocimiento del mérito y la capacidad. Funcionarios, ingenieros, abogados, obreros… todos creyeron en las promesas de los frutos seguros del trabajo y del estudio. Un compromiso de esfuerzo a cambio de ser dirigidos por un grupo de jóvenes que prometían defender lo andaluz con uñas y dientes.

La visión se presentaba como el mínimo común múltiplo de infinidad de personas muy diferentes, desde Cuevas del Almanzora a Ayamonte, desde el jornalero hasta el aristócrata, desde coroneles que habían hecho la guerra hasta niños que cantaban la Internacional sin saber quién era ni Franco ni Marx. Somos un pueblo y nos guiarán: «Marchemos francamente, y nosotros los primeros, por la senda autonomista».

Todo era una explosión de buenas intenciones. El futuro era nuestro porque volvíamos a coger las riendas de nuestro destino. Liberados de la opresión exterior que mantenía la interior, por fin el mundo vería las virtudes andaluzas: Volver a ser lo que fuimos. La garantía del cambio era que algunos de los vástagos de las familias privilegiadas eran los más entusiastas reformadores.

Había que modernizar la economía y todos estaban dispuestos a sacrificarse (obreros/jornaleros, gestores y empresarios, funcionarios y profesionales liberales) El trabajo duro daría sus frutos y estos frutos serían aún mejores si se hacía «a lo moderno»: economías de escala, profesionalización de la gestión, la empresa como casa común donde todos aportaban y todos se beneficiarían. El mundo se estaba abriendo y las llamadas a las puertas del cielo europeo empezaban a funcionar.

No quiero terminar con un sabor de boca amargo y cínico. Lo que sigue teniendo validez y utilidad es el orgullo del trabajo y la promesa de justicia distributiva y procedimental. La libertad, la asunción de la pluralidad y la igualdad de oportunidades fueron valores útiles y unificadores, pero no podemos abandonarlos aunque no se cumplieran en la medida que nos prometieron.

Oligarquías, actualidad y Joaquín Costa. Modernizar no es tener un iPhone

Luis Rull  

Joaquín Costa en ZaragozaLas oligarquías que han detentado y usufructuado el poder en los últimos treinta años carecen de aptitud y de autoridad moral para iniciar, impulsar y presidir esa revolución, siendo por ello precisa condición de vida que se desvincule la gobernación, que se jubile a la feudalidad reinante y se la sustituya por una generación nueva de políticos no gastada ni fracasada, no complicada en la decadencia y caída de la nación.

Joaquín Costa ¡¡1901!! Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España : Urgencia y modo de cambiarla.

Visto en el blog de Javier Rubio (Regenerarse o morir).

Imagen de  ecelan en la wikipedia.

La simetría es inerte al movimiento. La política española, también.

Luis Rull  

[Vídeo de Marcus du Sautoy en TED]

Siempre me ha asombrado la belleza que pueden tener la matemáticas. Probablemente porque nunca fui lo suficientemente listo o trabajador como para entender las matemáticas complejas. Pero siempre que entendía un concepto, cuando era capar de entrar en la serie lógica que llevaba un razonamiento, me sentía muy feliz, admirado de la belleza de lo abstracto; pero al mismo tiempo estúpido por no haberlo entendido antes o por visumbrar que, habiendo entendido eso, hay una inmensidad de cosas que conocer después.

En esta charla de Marcus du Sautoy, matemático de la Universidad de Oxford, nos habla de simetría, y del genio de Galois al crear un lenguaje para resolver algunos de los problemas matemáticos más importantes de su tiempo.Y su teoría, que creó un nuevo lenguaje, fue capaz de elevarse del concepto geométrico que la origina (figuras que se mantienen igual cuando se rotan o giran) para crear una nueva rama de la matemáticas, por encima de los juegos de simetrías de figuritas que los legos podemos entender.

Me ha sorprendido volver a encontrarme con la cita de una antigua obra japonesa, Tsurezuregusa

«En todo, la uniformidad es indeseable. Dejar algo incompleto lo hace interesante, y le da a uno la impresión de que hay espacio para el crecimiento».

Y esa es la sensación que me da la clase política española: todo es tan simétrico que al rotar sobre sus ejes se queda igual. Todo se reproduce igual a algo ya existente, repitiendo una vez y otra hasta el infinito las mismas consignas, iguales prejuicios, análogas ignorancias e infinitas soberbias. Y parece no haber espacio para el crecimiento, para el diálogo o el aprendizaje. Políticos y periodistas se reparte el debate público.