Reseña de «Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig

Reseña de «Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig

Luis Rull  
Portada del libro Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista", de Stefan Zweig

Una obra maestra de la divulgación de la Historia, la Religión y la Política.

Nos habla del cambio de una era, del tiempo que a veces pone a los hombres antes las mismas disyuntivas: el estudio, el fanatismo, el partidismo, la discusión sobre la libertad.

La disciplina espartana del seminario y la coacción espiritual de las empulgueras de la escolástica habían sido para sus nervios, finos, sensitivos y curiosos, un verdadero martirio; su espíritu, hecho para la amplitud, no puede desplegarse en tales angosturas. Pero quizás esta hiel y este vinagre eran necesarios para darle aquella increíble sed de saber mundano y de libertad, pues en esta disciplina aprendió aquel hombre, largo tiempo castigado, a odiar como inhumano, de una vez para siempre, toda limitación y estrechez de cerebro, toda doctrinaria unilateralidad, toda brutalidad y todo despotismo.

Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig. Página 26

Nunca termino de aprender sobre el Humanismo, el Renacimiento, la Reforma, la Ilustración,… y lo peligroso que es confundirlas cual estudiante de secundaria perezoso, que sólo quiere pasar curso y no entender su mundo entendiendo un poco sobre el mundo que lo precedió.

(…) como verdadero cosmopolita no es más que visitante en todas partes, sólo huésped; en ninguna adopta las costumbres y el modo de ser de un pueblo, en ninguna una lengua viva. En todos sus innumerables viajes, en realidad pasó al lado de lo más característico de cada país sin verlo. Para él, Italia, Francia, Alemania e Inglaterra, se componían de la docena de hombres con los cuales podía mantener una conversación refinada; una ciudad, de su biblioteca; y notaba, cuando más, ello aparte, dónde los mesones eran más limpios, las gentes corteses y los vinos más dulces. Pero todo lo que no fuera el arte de los libros permanecía recóndito para él; no tenía ojos para la pintura, ni oído para la música. No advertía lo que en Roma estaban creando un Leonardo, un Rafael y un Miguel Ángel y censuraba el entusiasmo artístico de los papas como superflua dilapidación, como antievangélico amor del lujo.

Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig. Página 28

Increíble lo que cuenta Zweig sobre la importancia de su figura y de su disputa con Lutero. La oposición de sus personalidades y la vigencia de la distinción entre el pensador y el revolucionario, entre el hombre de paz y conciencia y el fanático guerrero y de acción. Erasmo siempre celoso de su libertad, Lutero poseído del ansia de imponer sus ideas, pero también deseando obtener para sí, sin éxito, el favor de Erasmo.

Pero, en épocas políticas, mantenerse aparte y en un todo imparcial es más difícil que ingresar en un partido, y, con gran enojo suyo, el nuevo partido trata de autorizarse refiriéndose a Erasmo. Éste fundó la crítica reformadora de la Iglesia, que después Lutero transformó en un ataque contra el papado; como dicen amargamente los teólogos católicos, Erasmo «puso los huevos que empolló Lutero». Quiéralo o no, Erasmo, hasta cierto grado, es responsable de las acciones de Lutero como quien le preparó el camino: «Ubi Erasmus innuit, illic Luther irruit».

Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig. Página 92

Zweig escribe el libro en 1934, con la conciencia del ascenso nazi en su querida Alemania, se ve su miedo a la deriva autoritaria europea, como si tuviera miedo de cometer los mismos errores históricos. Profundiza en la visión Europea del erasmismo, la estrategia de Carlos V y su Universitas Christiana y las aspiraciones de los principes alemanes. Zweig no nos da una lección de historia rigurosa, nos da su opinión sobre la historia a través de su visión de la política y del alma humana.

Todos los grandes conflictos violentos de la humanidad son menos atribuibles a la voluntad de violencia que reside en la sangre del hombre que a una ideología que desencadena esta voluntad y la impulsa contra otra parte de la familia humana. Sólo el fanatismo, ese bastardo del espíritu y de la violencia, que quiere impone la dictadura de una idea, la de la suya propia, a todo el universo, como la única forma permitida de fe y de existencia, hiende la comunidad humana en enemigos y amigos, partidarios y adversarios, héroes y criminales, creyentes y herejes; como sólo reconoce su sistema y sólo quiere considerar como verdadera su verdad, tiene que echar mano de la violencia para abatir a todos los otros dentro de la pluralidad de representaciones, querida por Dios. Todas las violentas limitaciones de la libertad espiritual, de la libertad de opinión, la inquisición y la censura, la hoguera y el cadalso, no han sido impuestas al mundo por la violencia ciega sino por el fanatismo de severa mirada, ese genio de la parcialidad y enemigo hereditario de la universalidad, ese prisionero de una única idea que intenta siempre hostigar al mundo entero y encerrarlo en esta prisión suya.

Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig. Página 67
Grabado de Erasmo de Rotterdam. Por Alberto Durero
Erasmo de Rotterdam. Por Alberto Durero

La visión europea de Erasmo como un todo, y su sentimiento aristocrático respecto del conocimiento y la sabiduría, te hacen pensar una y otra vez sobre los grandes temas que no se agotan, temas cuya esencia hay que abordar en distintas épocas históricas aún estando revestidos de diferentes disfraces.

En su estimación exagerada de la civilización, los humanistas no comprenden las fuerzas primitivas del mundo de los impulsos, con su indomable violencia, y, con su optimismo cultural, convierten en cosa insignificante el espantoso problema, apenas soluble, del odio de las masas y de las grandes psicosis apasionadas de la humanidad. Sus cálculos son demasiado simples: para ellos, hay dos capas sociales, una inferior y otra superior; abajo, la muchedumbre sin civilizar, ruda y apasionada; arriba, el claro círculo de los educados, de los comprensivos, de los humanos, de los civilizados, y el principal trabajo les parece realizado cuando logran atraer partes cada vez mayores de la capa inferior de los incultos para unirlas a la superior de la cultura.

Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig. Página 70

Es posible que no sea el libro histórico más riguroso en términos fácticos. Stefan Zweig no lo pretende, sino que nos da su visión, su toma de partido por Erasmo y el erasmismo. Al igual del mundo que está viendo desaparecer (la República de Weimar), ve en Erasmo la ilusión de un mundo que pudo ser y que otras fuerzas y circunstancias evitaron.

Conferencia de Emilio Blanco

Imagen del vídeo de Emilio Blanco. Haciendo click vas a su vídeo de la conferencia sobre Erasmo de Rotterdam

Siempre es bueno aprender de los sabios de nuestro tiempo. En este caso, de Emilio Blanco.

Algunas citas del libro:

(…)sería importante tener en tal combate como auxiliar moral a Erasmo, y acaso decidiera la victoria en favor de la causa luterana, pues el nombre de éste se tiene por incorruptible. El hombre sin partido es siempre el mejor y más importante estandarte para los hombres de partido. (p.89)

Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig. Página 89

(…)todo lo que alguna vez fue éticamente perfecto en los pueblos y en las religiones se esfuerza por introducirlo en la idea del cristianismo como elemento fecundador, y, en medio de un siglo de limitación y fanatismo dogmático, este gran humanista pronuncia la magnífica frase siguiente, dilatadora del mundo: «Dondequiera que encuentres la verdad, considérala como cristiana». Con ello queda tendido un puente hacia todos los tiempos y todas las zonas. Quien, como Erasmo, considera, con espíritu libre a la sabiduría, la piedad y la moralidad, dondequiera que estén, como formas de una más alta humanidad y, con ello, ya como cristianas, no arrojará ya al infierno, como los fanáticos clericales, a los filósofos de la Antigüedad («San Sócrates», exclama una vez, en su entusiasmo, Erasmo), sino que aportará a lo religioso todo lo noble y grande del pasado, «lo mismo que los judíos, al salir de Egipto, tomaron consigo sus utensilios de oro y plata, a fin de adornar con ellos su templo». Nada de lo que alguna vez ha sido importante fruto de la moral humana o del espíritu ético debe, según el concepto erasmista de la religión, ser separado del cristianismo por rígidas fronteras, pues, en lo humano, no hay verdades cristianas o paganas, sino que la verdad es divina en todas sus formas.

Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig. Página 54

«No todo error es por ello una herejía», advierte el eterno mediador, y justifica a su peor enemigo, Lutero, diciendo que ha «escrito muchas cosas más bien precipitadamente que con malévola intención». En un caso tal, no hay que gritar en seguida pidiendo la hoguera, ni acusar ya de herejía a todo aquel que sea sospechoso. ¿No sería más aconsejable amonestar a Lutero e instruirle, en lugar de injuriarle y excitarle?

Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig. Página 96

Por primera vez, por lo tanto, falta aquella terrible inflexibilidad que, antes y después, rigió las cuestiones religiosas alemanas, y con esta caída de tensión del fanatismo se crea una inmensa posibilidad de paz. Pues si se hubiera logrado una inteligencia, en el sentido de Erasmo, entre la antigua Iglesia y la nueva doctrina, entonces Alemania y el mundo habrían vuelto a verse unidos en lo espiritual, y podrían haber sido evitadas la guerra religiosa de los Cien Años, la guerra civil, la de los Estados, con todas sus horribles destrucciones de valores culturales y materiales. Habría estado asegurada en el mundo la superioridad moral de Alemania, evitada la ignominia de las persecuciones por motivo de fe. Ya no tendría que haberse vuelto a encender ninguna hoguera, el Index y la Inquisición no habrían necesitado poner sus crueles marcas de fuego en la libertad del espíritu, una ilimitada miseria habría sido ahorrada a la castigada Europa. En realidad, sólo un pequeño trecho es el que separa ya a los adversarios. Si queda dominado por el acercamiento de una y otra parte, entonces habrá vencido, de nuevo, la causa de la razón, del humanismo y de Erasmo. (p.134)

Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un Humanista», de Stefan Zweig. Página 134

Tras leer «El hereje» de Miguel Delibes, me entraron ganas de leer este libro y, ahora, me apetece seguir indagando y saltar a «Castellio contra Calvino», también de Zweig. Igual debería reposar un poco y volver a la ficción.