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La mediocridad, ¿es contagiosa?
Me encuentro frases apuntadas en mi moleskine o en un documento de texto. Como ésta:
A veces perder el tiempo con gente mediocre te ayuda a conocerte mejor, porque te ayuda a recordar, cuando no descubrir, a quién no te quieres parecer.
La mediocridad, ¿es contagiosa?¿nos debemos aislar de ella?
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A por los 40. So far so good

Foto de Victoriano Izquierdo Hoy cumplo 40 años y un día. No tiene nada de especial, es sólo un número más, un día más… pero es bonito como símbolo.
A falta de hitos para orientarnos, buscamos marcas que nos den sentido y escala de dónde estamos y si estamos cumpliendo plazos: Qué es ser niño, joven, adulto o anciano ha cambiado mucho en la historia.
Mucho me preguntaron ayer cómo me siento, y eso me ha hecho reflexionar un poco. Porque siento que apenas he comenzado a hacer las cosas importantes de mi vida. Como si lo hecho hasta ahora no haya sido más que un aprendizaje, la preparación de lo que ha de venir.
A punto de nacer mi segundo hijo, al borde de un cambio sustancial en mecus y en ebe, … todo parece el comienzo de la parte más brillante de mi vida. La parte en la que toda la ayuda que he recibido y el trabajo de los míos da frutos. A todos vosotros, gracias. Lo mejor está por llegar
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Disciplina o entrega. Aplicado o apasionado. Diversión o dispersión.

Foto de Pierre Metivier It took me a while to get it, but the hardest-working people don’t work hard because they’re disciplined. They work hard because working on an exciting problem is fun.
(Drew Houston, fundador de Dropbox)
Una de las ilusiones habituales entre la gente que monta empresas de base tecnológica es que la varita mágica ya te ha tocado, es cuestión de tiempo que todo el mundo se de cuenta de lo bueno que eres o de lo fantástico que es tu producto. Es, en parte, producto de un discurso de graduación, quizás el más famoso de la historia, el de Steve Jobs en Stanford en 2005. Sí, el de «stay hunger, stay foolish» y lo de «conectar los puntos a posteriori». Siendo un discurso que me ha inspirado mucho, hasta artículos de prensa, creo que hace olvidar la importancia del trabajo duro.
Lo que no cuentan los que animan tanto a los «emprendedores», se olvidan de contar lo duro que hay que trabajar. Apenas acabamos de empezar en Mecus todo lo que queremos ser, lo que queremos hacer. Pero eso nos ha llevados ¡6 años! de trabajo duro, con pocas vacaciones y algunas desilusiones. Muchos han conseguido grandes cosas en menos tiempo, pero ninguno, que yo conozca, sin trabajar como no han trabajado en su vida. Esto es cualquier cosa menos glamuroso: Trabajar hasta las tantas, comer en el bar de enfrente cualquier cosa, recibir llamadas a horas intempestivas de clientes, conferencias por Skype a las 2 de la madrugada, papeleo, perderte fiestas de amigos porque tienes una entrega,… No le pasa a todo el mundo, pero sí a la mayoría que yo conozco. Y la cosa empeora: la mayoría fracasa.
Casi tanto daño como el vídeo de Steve Jobs ha hecho la película «La Red Social«, en las que las elipsis ocultaban los fracasos y la cantidad de horas que Zukerberg y su equipo tuvo que hacer para llegar al monstruo que es ahora Facebook.
Frente a los que tienen la gran idea y esperan que el mundo descubra que la tienen, prefiero a los que se lo toman como una carrera de fondo sin descanso y lo apuestan todo a un método, a un sistema de trabajo, a una estructura o camino que les llevará al éxito. Usan sistemas de productividad personal, siguen métodos para crear productos o negocios, se pasan el día creando, afinando y/o consultando indicadores de logros, viendo qué sistema de trabajo del equipo es más eficiente, …, ¡mil cosas! Su vida es menos «emocionante», casi monástica, pero suelen llegar lejos y, con algo de imaginación y apertura a ideas de los demás, muy lejos.
Frente a estos dos arquetipos, con la parte de falsedad que encierran todos los arquetipos, me encuentro ayer con el discurso de Drew Houston, fundador de Dropbox (el sistema para compartir archivos entre varios dispositivos, que ha cambiado mi forma de trabajar radicalmente) en la entrega de diplomas en el MIT, algo así como uno de los Olimpos de la inteligencia.
Habla de los que trabajan duro y de los que encuentran un buen problema que resolver:
It took me a while to get it, but the hardest-working people don’t work hard because they’re disciplined. They work hard because working on an exciting problem is fun.
(…)
One thing I’ve learned is surrounding yourself with inspiring people is now just as important as being talented or working hard. (…)
Honestly, I don’t think I’ve ever been «ready.» I remember the day our first investors said yes and asked us where to send the money. For a 24 year old, this is Christmas — and opening your present is hitting refresh over and over on bankofamerica.com and watching your company’s checking account go from 60 dollars to 1.2 million dollars. At first I was ecstatic — that number has two commas in it! I took a screenshot — but then I was sick to my stomach. Someday these guys are going to want this back. What the hell have I gotten myself into?
Vídeo del discurso de Drew Houston para la clausura de curso del MIT 2013 (A partir de 02:45) .
En Mecus ya tenemos el gran problema a resolver y sabemos cómo resolverlo. ¿Qué es lo que nos queda?
Nota: A mi padre esta entrada le ha recordado un libro que le recomendé hace tiempo: Outliers, de Malcom Galdwell. Tiene sus altibajos, pero es bueno. Aquí podéis leer algunas citas.
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Prácticas de verano en Mecus
E
n Mecus vamos poco a poco haciendo la empresa en la que queremos trabajar. Cada vez viene más gente a colaborar con nosotros y cada vez aprendemos más de los que venís. Pero queremos más.Siempre hemos admirado el proyecto Google Summer of Code y su filosofía. Sin querer montar algo tan grande ni tan estructurado, si tienes estos días de verano ociosos o sin planes cerrados, es posible que te apetezca venir por la oficina a aprender o enseñar algo.
Estamos en un momento muy emocionante de nuestra vida profesional y no queremos dejar fuera el talento que hay a nuestro alrededor.
Rafa, como siempre, lo cuenta mejor que yo.
Si queréis más información, no tenéis más que pedirla.
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Hoy eres el loco. El más indecente, el indeseable. Mañana puedes ser un clásico

Hay una gran conexión entre la música y la innovación. Como el lenguaje musical es mucho más universal que otros, su historia es más fácil de entender, de sentir, que otras actividades humanas. Puedes ver las diferencias entre Vivaldi y Beethoven. Y las grandes diferencias entre Ella Fitzgerald y Beyoncé. Y si tienes el oído cultivado, puedes apreciar todas y cada una de esas músicas. Para ir más allá, tienes que estudiar un poco el contexto histórico en el que salieron cada una de ellas, y ves cómo en cada momento hubo alguien que dio un giro inesperado a lo que tocaba todo el mundo. A veces esa persona se hacía famosa por ello, otras lo hacía alguien que lo copiaba y popularizaba.

Veo regularmente (porque hay que verla) la versión que hicieron los Led Zeppelin de Moby Dick en el Royal Albert Hall, la catedral de la música (si existe alguna), en 1970. Un tipo se saca de la manga un sólo de batería de ¡13 minutos! Entonces era arte degenerado. Intentad poneros en la piel de los padres de los chicos que escuchaban Led Zeppelin. Música bárbara, y más aún cuando varios minutos después del solo de batería, un melenudo les decía a las chicas: Te voy a dar cada centimetro de mi amor. Sutil, ¿eh? Lo repito, hay que verlo:
Eran brutos, ruidosos, melenudos, tomaban drogas y destrozaban habitaciones de hoteles. La mayoría de los adultos los consideraban gritones, corruptores y holgazanes. Hoy no hay guitarrista en el mundo que no haya intentado algún riff de Jimi Page. Todos los grupos de rock y pop que conozco han tocado algo que se parece a lo que estos indeseables hacían en los 70. ¿Qué debe sentir un hombre así a los 60 años? Porque llega un día que te hacen un homenaje en el Kennedy Center. Y Obama y lo más granado de la élite USA te aplaude. Y claro, lloras al ver que la canción que cantaste tantas veces hace 40 años sigue emocionando:
¿Qué músico nos horroriza hoy? Igual es un clásico cuando tus hijos tengan 20 años.¿Qué idea nos parece absurda hoy? Igual es un estándar en 10 años. Mira a tu alrededor. Nunca se sabe.



