Via Columnas de humo: el arte de desagradar, de F Savater

Luis Rull  

Columnas de humo

Me ha recordado a mucha gente que conozco y que lleva diciendo esto en Andalucía mucho tiempo…
Está, completo como siempre en Almendrón

«El arte de desagradar
Fernando Savater, El País, 7 de septiembre de 2005
Kermit, la rana sabia de los teleñecos, cantaba una balada inolvidable: «No es tan fácil ser verde». Aunque más sencillo, también tiene su intríngulis que te pongan verde, es decir, practicar el arte de desagradar. Me refiero a quienes por una u otra vía hacemos públicas nuestras opiniones y tomas de posición en asuntos de interés general. Desde luego, está al alcance de cualquiera incomodar a los del equipo contrario, aquellos que al por mayor sostienen doctrinas opuestas a las de uno. Para eso están las banderías ideológicas, sin las cuales es difícil imaginar el funcionamiento social de la mente humana. Todos sentimos la necesidad de afiliarnos, mientras que el pensamiento propiamente dicho es un lujo dominical. En cuanto se deja suelto a alguien, hará y pensará lo mismo que sus congéneres, sea la mayoría o un grupo significativo y próximo de ellos. Todos queremos ser de los nuestros. Por tanto, antes y por encima de prestar atención al capricho de los argumentos, pasamos lista a nuestras tropas. El que lleva colores contrarios se descalifica a sí mismo sin necesidad de examen demasiado riguroso de sus planteamientos (el cual en sí mismo es mal síntoma, indica tibieza o hasta un conato de traición). Cada cual busca cobijo bajo un estandarte, y la automática animadversión que despertamos en el que acampa bajo otro nos reconforta y consolida entre quienes nos acompañan. A los unos les hacemos la higa, y a los otros, por ello mismo, un guiño de complicidad: así todo va bien. Aquéllos nos detestan, pero éstos nos envuelven en lo que el maligno Nietzsche llamaba el «calor de establo». Por duro que llueva, tenemos paraguas.
Mientras uno se atenga a este juego, no tiene demasiado que temer.
»

(…)

Creo que la rana, en España, se llama Gustavo (el reportero más dicharachero), no Kermit. Tengo un par de amigos que esa elección les amargó la infancia. Bromas aparte, me recordó a Arcadi Espada cuando dijo que, desgraciadamente, sólo en Euskadi se había levantado un verdadero grupo de intelectuales cuestionando el estado de cosas, el establishment. Es significativo que Savater, al que, muchos lo sabéis bien, no adoro, haya tenido un papel significativo en los últimos años en la crítica antinacionalista, algo muy peligroso por allí.

«Para empezar, uno descubre que a muchos les aburre o les desconcierta que les ofrezcan razones: se conforman nada más, pero tampoco nada menos, con que les den la razón. Y la mayoría sólo quiere saber si te pones a favor o en contra de su partido, no por qué. A fin de cuentas, pocos elaboran ideas, pero todos, todos toman partido. Se nota cuando le telefonean a uno desde algún medio de comunicación para preguntar si estás a favor o en contra de cualquier cosa. Uno responde: «Pues sí (o no) porque…». Y en ese momento te dan las gracias y cuelgan. Lo único que interesa es si te inscribes en la columna de los fas o los nefas, el resto es encaje de bolillos. Además, las opiniones vienen en bloques: si perteneces a uno de ellos, tienes que asumirlas todas; si cuestionas una o varias, pasas inmediatamente al bloque opuesto; y si ahí te revuelves y pones aún más pegas, te zurran de los dos lados. De ahí que los inconformistas que acaban expulsados fuera de su área acaben convertidos, para hacer méritos, en los abogados más extremos de la causa opuesta. Sobran ejemplos, porque a nadie le gusta la intemperie. Aunque también influye en estos giros copernicanos la fascinación muy española por la personalidad del gobernante de turno. Hace dos o tres años, amigos intelectualmente respetables se negaban a suscribir denuncias contra los abusos del nacionalismo vasco porque no soportaban darle en nada la razón al insufrible Aznar; ahora hay otros, no peores, dispuestos a descubrir rasgos ilustrados en Ratzinger y hasta en Rouco Varela con tal de fastidiar el anticlericalismo del inaguantable Zapatero. Por cierto, la más inapelable condena de una opinión crítica es que nos señalen: «Dices lo mismo que los de Fulano». Más vale declarar que estamos en tinieblas a las doce del mediodía que coincidir en la celebración del sol con los enemigos sombríos…
»
(…)

La clave no está en la disciplina o el miedo. Creo que la clave está en la pereza, en lo fácil que es no cuestionar las consignas o exigir mejores explicaciones, personas o políticas. El miedo puede ser real para muchos, pero no para la mayoría. El mecanismo micro puede ser más sencillo, sin coartadas cobardes, la sencillez y seguridad de no demandar mejoras en el ámbito público, mejoras simples, no estoy hablando de pasarse de partido ni pedir la abolición del matrimonio o la reforma agraria. El espíritu crítico, ese ángel que limpia el aire, se substituye por un enano vestido de blanco con alas pegadas a un armazón, mientras revolotea colgado de una cuerda, de cualquier grupo mediático público o privado. Y los de la cuerda van dando carnets de democracia, de izquierda o permisos para expresarse, ya que, no lo olvidemos, se relegan a la exclusión a muchas voces que no aceptan los toques de queda. Se les puede usar a algunos en los momentos precisos: catástrofes, elecciones, escándalos. Pero sólo cuando la “radicalidad” es necesaria para trasladar el centro de masas de lo público hacia un lado u otro.

Uno por otro, la casa sin barrer.

Fingir o callarse son, obvio es decirlo, los mejores remedios contra esa vocación de desagradar que bien podría no ser realmente arte, sino enfermedad. Pero quizá precisamente tal dolencia constituya la mejor aportación que alguien con voz pública puede hacer en este panorama de férreas adhesiones inquebrantables en el que vivimos desde hace dos o tres años en España. Y prepárense para la rentrée, porque la última moda parece ser rememorar cada cual desde su orilla el cainismo de la guerra civil…

La guerra civil, con las culpas heredadas, y las cicatrices de goma espuma, todo confundido con traumas familiares.

Malaprensa sigue en sus trece con los gráficos truncados…

Luis Rull  

Malaprensa: el gráfico truncado
Me encanta que siga con su argumento de los gráficos que no empiezan en el cero trastocan la realidad, pero, en contra de lo que parece, no creo que esté predicando en el desierto. Incluso ha conseguido convencer a un converso como yo de la importancia del tema y de sus implicaciones. Yo, entrenado en la vieja escuela de los papeles milimetrados para pintar gráficos, y que llegué a jugar con una regla de cálculo sin dañarme irreversiblemente los bits neuronales).

Me ha encantado que lo relacionara con uno de los mitos del periodismo: la excepcionalidad obligatoria de las noticias. Se informa de lo distinto a la mayoría, no de lo corriente. La noticia no es que hay “alrededor de 2.000.000 de parados «, sino que ha pasado de 1.989.400 en Julio a 2.019.100 en Agosto, siendo en agosto pasado 2.049.600 (he añadido ceros a los datos del gráfico adjunto). La noticia es el cambio, lo adminto, pero ¿no hay que entender el cambio viendo si las diferencias son meras fluctuaciones dentro de ese rango de tiempo y de las dimensiones del fenómeno?

Como de costumbre, el propio Josu Mezo lo explica mejor: Me parece bien que el periódico se fije en el aumento o la disminución de los parados, las lluvias o los muertos en carretera. Y no en el fondo constante de «normalidad». Pero el gráfico, se quiera o no, da una información visual de cuál es el tamaño de ese fondo constante, y por tanto, de cuál es la magnitud del cambio. En realidad, ese es su propósito principal: a diferencia de la foto de la manifestación, o el relato del asesinato, la razón de ser del gráfico es precisamente informar sobre magnitudes, no sobre otras circunstancias que rodean a los hechos noticiosos. Y el autor del gráfico puede elegir, de manera muy sencilla, entre dar la información visual distorsionada o proporcional. »

Dejo ahí el tema para que mis lectores me vapuleen… si quieren. Estas son las visitas a este blog,… jeje

Accidentes y medios

Luis Rull  

Error de las compañías de bajo coste europeas (por lo menos en España): No convertirse en grandes anunciantes de los grandes grupos mediáticos… Se hubieran librado de que los asimilaran a las compañías (también de “bajo coste”, pero con regulación menos estricta) que ahora tienen tantos accidentes seguidos (si es que en realidad hay un aumento significativo…). Si lo hubieran hecho, si no hubieran decidido que era tirar el dinero porque sus clientes potenciales están en otros sitios (seguro que algún sociólogo listo se lo averiguó a muy buen precio), si hubieran pasado por el aro como todos los grandes, les habrían tratado con la exquisitez con la que están tratado a “El Corte Inglés” con el tema de los excesos de importaciones de China. Una exquisitez quirúrgica de periodismo pulcro, aséptico, sin nombres ni calificativos, sin generalizaciones que pringuen a todos del miedo del personal…

Es siginificativo lo que dicen los comentarios de este mensaje de microsiervos ¿No deberíamos analizar por marcas de aviones? Seguro que sería más correcto que hacerlo por «modelo de negocio», sin tener en cuenta el país. De nuevo, un problema multinivel… ya sabía yo que lo de coger aquel curso tan cabrón en Essex tenía una razón

Resumen de la actividades Blogosféricas

Luis Rull  

Resumen de la actividad blogosferica esta semana:

  • El misterio de los cascos azules en Sahara. Mi siempre útil almendrón me da cuenta de esta constante vergüenza de la “realpolitik”…
  • García Serrano… te faltan los grandes éxitos de los pitufos y mariaisabel
  • Falacia “Tu quoque” Una falacia explicada por una persona con nombre ligeramente familiar… Ricardo García Damborenea… ¡¡¡Pues tú más!!! Decíamos en el patio de colegio…
  • Omnia critica la cobertura del desastre de la cuenca del Missisipi y el Katrina, y obtiene réplicas opuestas ( y algunas muy acertadas). Y estoy de acuerdo en que algo fue rematadamente mal cuando Nueva Orleáns está bajo el agua (y lo que te rondaré morena…) Pero veo mucho antiamericanismo en muchas críticas, probablemente porque esas críticas venden bien. Y en una sociedad de mercado como la nuestra, hay que vender para ganar dinero. Yo respondo:
    Se te ha olvidado la lectura ideológica del desastre: Los defensores del «Estado Pequeño» son los que han causado el desastre al no reforzar los famosos diques de N. Orleans… Así de forma genérica. La parte por el todo. La decisión (hacer/no hacer diques nuevos, arreglar los que hay) con la opinión (los americanos son malos, por lo tanto nosotros debemos ser buenos)Lo que me parece muy curioso es que conozcamos por los media más cosas sobre el sistema de prevención de desastres yanqui (el que no funcionó) del español (que funcionó tan bien en El Madroño, Berrocal, Guadalajara,…)

PS: Me piden que cuelgue el artículo de Javier Rubio, cosa que no puedo, puesto que El Mundo Sevilla no tiene edición electrónica. Pero creo que puedo poner un par de párrafos sin que me demande UNEDISA ¿no?

«Desalojar una ciudad de más de medio millón de habitantes es una tarea imposible, como ha demostrado palmariamente el caso norteamericano. Y más si se deja
atrás a los menos favorecidos sin cheque del subsidio de beneficencia para costearse un vuelo. Sobrecogidos por las escenas de saqueo y pillaje que ha servido estos días
la televisión, cabría preguntarse qué hubiera sido de nosotros mismos en una situación parecida. Con un Ejército como el español que apenas rebasa los 80.000 efectivos incluyendo mandos, oficialidad y tropa, no parece que pudieran movilizarse en tiempo y forma los casi 20.000 efectivos que el Gobierno federal estadounidense
está poniendo –con retraso, es bien cierto– sobre el terreno.
Para empezar, dónde hay en Sevilla un edificio cubierto y a resguardo donde pudieran refugiarse a la vez entre 15.000 o 20.000 personas. Y qué pasaría con la joya
de nuestros servicios públicos, con la ciudad sanitaria, si se inundaran las cocinas y se fueran la luz y el agua. Y dónde podrían encontrar cobijo 200.000 personas a la
vez como ha sucedido, se nos dice, con la vecina ciudad tejana de Houston, a la misma distancia de Nueva Orleans que Sevilla de Madrid. Por muy caótica y desordenada ha sido una evacuación a lo grande.» El Mundo del Siglo XXI. Edición Sevilla. & de Septiembre 2005