El conocimiento no es triste, ni loco, ni aburrido

Esta semana se ha hecho público la detección de las ondas gravitacionales. Una nueva era en la investigación del cosmos ha comenzado y mucha gente muy lista ha trabajado muy duro durante muchos años para llegar a eso. Los que no sabemos mucha física sólo podemos vislumbrar de manera torpe con metáforas qué hemos descubierto. “El eco de una fusión de agujeros negros” es una frase muy burda para describir eso.

Ayer mucha gente se emocionó, quizá no tanto como mi admirado Enrique

pero sí bastante. A mi me ha llamado la atención la emoción que mucha gente como yo, sin ser científicos, se alegra y emociona porque algo que ocurrió hace 1.300 millones de años, cuando la vida en la tierra estaba en pañales, ha sido detectado ahora.

La escala del fenómeno, la escala del trabajo para descubrirlo (40 años desde que se financió por primera vez LIGO), la escala del equipo (físicos, ingenieros, matemáticos,…), la cantidad de trabajo colaborativo necesario, … todo es tan tan diferente a lo que estamos acostumbrados en mi minúsculo mundo (no tanto en el de mis amigos y familiares científicos)… debemos admirar tanto a los científicos como envidiarlos porque su trabajo les da tantas alegrías como esfuerzo invierten en él. Muy pocos científicos odian su trabajo como odian su trabajo miles de abogados, programadores, empresarios, funcionarios…

El conocimiento puede ser divertido y no exclusivo de una casta. Eso es lo que he aprendido con el tiempo. Ni siquiera necesita un trabajo durísimo para disfrutarlo (sí para crearlo, como me recuerda las décadas de trabajo duro que mis padres y amigos han dedicado a ello)

Por ejemplo, entender el concepto de que existen”tamaños de infinito”:

Tampoco es un buen ejemplo, no es una idea muy divertida,  Cantor acabó muy mal de la cabeza, quizás porque pensar lo que nadie más ha pensado antes implica asumir que somos siempre niños en el conocimiento, siempre creciendo, lejanos y diferentes de lo que seremos algún día.

También me ha encantado que eligieran a una argentina, Gabriela González, como ¡portavoz! del equipo. Me han contado que es aún más lista de lo que parece:

https://www.youtube.com/watch?v=vy5vDtviIz0

La simetría es inerte al movimiento. La política española, también.

[Vídeo de Marcus du Sautoy en TED]

Siempre me ha asombrado la belleza que pueden tener la matemáticas. Probablemente porque nunca fui lo suficientemente listo o trabajador como para entender las matemáticas complejas. Pero siempre que entendía un concepto, cuando era capar de entrar en la serie lógica que llevaba un razonamiento, me sentía muy feliz, admirado de la belleza de lo abstracto; pero al mismo tiempo estúpido por no haberlo entendido antes o por visumbrar que, habiendo entendido eso, hay una inmensidad de cosas que conocer después.

En esta charla de Marcus du Sautoy, matemático de la Universidad de Oxford, nos habla de simetría, y del genio de Galois al crear un lenguaje para resolver algunos de los problemas matemáticos más importantes de su tiempo.Y su teoría, que creó un nuevo lenguaje, fue capaz de elevarse del concepto geométrico que la origina (figuras que se mantienen igual cuando se rotan o giran) para crear una nueva rama de la matemáticas, por encima de los juegos de simetrías de figuritas que los legos podemos entender.

Me ha sorprendido volver a encontrarme con la cita de una antigua obra japonesa, Tsurezuregusa

“En todo, la uniformidad es indeseable. Dejar algo incompleto lo hace interesante, y le da a uno la impresión de que hay espacio para el crecimiento”.

Y esa es la sensación que me da la clase política española: todo es tan simétrico que al rotar sobre sus ejes se queda igual. Todo se reproduce igual a algo ya existente, repitiendo una vez y otra hasta el infinito las mismas consignas, iguales prejuicios, análogas ignorancias e infinitas soberbias. Y parece no haber espacio para el crecimiento, para el diálogo o el aprendizaje. Políticos y periodistas se reparte el debate público.

Crímenes de Oxford: otra oportunidad perdida

¿Evaluamos una obra de forma aislada o tenemos en cuenta las dificultades del autor para hacerla?

Si una película comienza con Ludwig Wittgenstein escribiendo su Tractactus en la un campo de batalla, a los frikis se nos abre un poco el alma a la esperanza, puesto que no estamos acostumbrados a la inteligencia en el cine. Algunos somos benévolos y perdonamos la licencia cinematográfica (hay que dar acción para demostrar que era un genio) porque es valiente empezar con alguien tan brillante y menos conocido que Mata-Hari o Luis Aragonés. La siguiente escena es un brillante discurso de John Hurt, en el que nos habla de la obra del amigo austríaco.

Creo que la película era buena, pero creo que debemos esperar a una futura versión del director para ver la versión buena. Alguien como Alex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría no han podido escribir un guión como el que vemos en la película. Han demostrado muchas veces que saben de cine y que hacen sus deberes respecto a la estructura y los personajes, han demostrado que sienten respeto por los espectadores. Que algunos personajes sean tan planos y que no te expliques por qué hacen lo que hacen, cuando es tan evidente que el director quería decírnoslo, no me sugiere más que una explicación: Que le obligaran a acortar (recortando) la duración de la película. Es posible que el cambio de productores, lanzarse con actores que cobran lo que deben cobrar John Hurt o Frodo (perdón, Elijah Wood) y rodarla en inglés en Oxford le privara del “privilegio de último corte“. O no.

Se supone que las películas de género evitan al público tener que hacerse una idea general del tono de la película. Esta plantea claramente desde el título: hay un crimen y hay que buscar al culpable. Alex de la Iglesia, el director, no había hecho películas de este tipo y lanzarse a una película como esta parecía muy arriesgado, pero cualquiera con talento puede convertir el plomo en oro. Muchos echan de menos el humor de Alex y Jorge. (Yo me reí a carcajadas en algunas escenas de Crimen Ferpecto o La Comunidad, por no hablar de El día de la bestia, película que me pilló en el Colegio Mayor rodeado de los especímenes más mitómanos e inteligentes con los que nunca he estado )

Me gustaron las citas fiki-matemáticas: Turing, Heisenberg, Godel, Fibonacci… y por ellas me lanzaré a la compra del libro en el que está basado la película, Crímenes Imperceptíbles, de Guillermo Martínez, escritor argentino y matemático.

El intento de reflejar el ambiente académico de Oxford no consigue su objetivo: si pretendía mostar las miserias y fealdad de una de las mejores Universidades del mundo, no lo llega a hacer. Si pretendía enseñar cómo en un sitio donde hay tanta inteligencia y belleza también hay mezquindad y envidias, tampoco lo consiguió. Sacar mucho la librería Blackwell’s o la biblioteca Bodleian sin mostrar/explicar que son dos de los sitios más maravillosos de este planeta es un derroche inútil de recursos. Que los despachos de los más inteligentes son cutres y espartanos como los de un becario de periódico ya lo habíamos visto en Tierras de Penumbra. El glamour no es el fuerte de mis eruditos amigos británicos: tienen mejores cosas en las que pensar. Lo descubrí una vez que me atreví a colarme en el despacho de uno de mis ídolos intelectuales británicos.

Si te pones retos difíciles puedes alcanzar la gloria o fracasar estrepitosamente. Prefiero pensar que esta película no es de Alex de la Iglesia, que es sólo una en la que ha trabajado y ha puesto algo de su talento, que no tiene responsabilidad plena sobre ella.

Nota 1: Sobre la necesidad de enseñar los pechos de Leonor Watling (aka Sra de Drexler) no voy a hablar. Si algún día conozco al director, se lo preguntaré. Ese personaje no podía haber sido creado tan insulso. Leonor debe estar enfadada.

Nota 2: He encontrado, sobre Wittgenstein, esta tesis de José María Ariso Salgado. Si te interesa, seguro que mejor que aguantar el asedio sobre pseudopolítica al que nos tendrán sometidos hasta las elecciones. 😉

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