A trabajar, a trabajar, hasta enterrarlos en el mar…

Cuando era pequeño, cantaba con mis padres este hermoso poema de Alberti.

Hoy, mientras en mi ciudad un consejo de ministros enviaba al congreso una ley injusta y retrógrada, mi respuesta ha sido con las únicas armas de las que dispongo: mi trabajo. No he hecho nada especial, excepto trabajar con más concentración y convicción que otros días: sólo soy un ciudadano y mi trabajo es lo único que tengo.

Contra aquellos que quieren perpetuar sus privilegios en un sistema caduco, aquellos que quieren arrastrarnos con ellos a un abismo de censura y poder omnímodo del Estado para ello, mi desprecio, mi rencor y mi trabajo sin descanso.

Contra aquellos que se han dejado convencer de este engendro y que después no han atendido las alertas del mal que nos hará la Ley Sinde. A aquellos  que la han aprobado, mi profecía de que se arrepentirán. Mucho tienen que cambiar las cosas en el congreso. Y mi desconfianza me lleva a no conformarme con menos de su retirada completa.

El manifiesto que apoyé.

Libertad, esa antigua idea…

Nos enfrentamos estos días a la tramitación de la LISI (Ley del Impulso de la Sociedad de la Información). Una ley más. Cosas de políticos. Mucho más interesante es encerrarse en la biblioteca a leer a Suetonio, Constant o Tocqueville. O incluso plantarse ante la televisión a ver las novedades viscerales.

Pero la LISI afectará a nuestras vidas. Y puede limitar nuestra libertad de expresión dándole, por ejemplo, capacidad de censura en internet a entidades no judiciales. Una vez abierta la caja de pandora, los vientos pueden arrasar los campos.

Cojo prestado de mi amigos microsiervos tres puntos importantes de la Ley:

  • El que sólo los jueces puedan decidir la retirada de contenidos de la Red, no ciertos órganos competentes que autorizaría la LISI, como pretendían colarnos en el artículo 17 bis de la ley, aunque las últimas noticias son que ese artículo no encontraba apoyo en el Parlamento.
  • En que la información pública y pagada de nuestros bolsillos sea puesta a disposición de todo el mundo para su uso, copia, modificación y redistribución.
  • El establecemiento del acceso a Internet de banda ancha como un servicio universal y por tanto garantizado, pues es sorprendente la cantidad de lugares de España en los que todavía eso no es posible.
  • La neutralidad de la Red desde el punto de vista de los operadores de telecomunicaciones, para que no puedan influir en cómo funcionan las conexiones de sus clientes -nosotros- en función de acuerdos económicos y/o estratégicos, lo que no es pedir que la conexión a Internet sea gratis.

No veo discusiones públicas tan sesudas como las generadas por si el himno nacional debe tener o no letra. O de en qué cadena de televisión deben celebrarse los debates. Será que “en ocasiones, veo muertos”.

Actualización (13/12/2007 10:00 AM): Parece que Enrique Dans tampoco ve claro cómo funcionan en el Partido Popular y cuál es su postura oficial sobre el canon.