I+D+I, Otra oportunidad perdida. Por Luis F. Rull

Me pide mi padre que publique su artículo del 28 de febrero pasado en la edición andaluza de El Mundo a propósito del día de Andalucía.

Al parecer, algunas versiones apócrifas están corriendo por las listas de correo de la Universidad de Sevilla y quiere zanjar el tema. Aquí os dejo también una versión en PDF: I+D+I, Otra oportunidad perdida. Por Luis F. Rull

I+D+I, Otra oportunidad perdida.

Crear conocimiento, aplicarlo en algo útil y poder generar riqueza con él son algunos de los objetivos que las Administraciones deben tomarse en serio si se preocupan por el bienestar futuro de sus ciudadanos. El sistema denominado Investigación + Desarrollo + Innovación (I+D+i) hace, grosso modo, eso. Dada la estructura estatal española, las administraciones autonómicas tienen un papel crucial en la consecución de esos objetivos.

Mi opinión es que la Junta de Andalucía no realiza bien esta “fundamental tarea” a pesar de haber oído las alarmas sobre su mala gestión y de haber tenido a su disposición los diagnósticos y las soluciones. ¿Razones? No se me ocurren otras que la desidia o la cobardía.

En Enero de 2004 altos cargos de la Junta recibieron un informe en el que se enumeraban algunas de las debilidades del sistema andaluz de I+D+i: la baja inversión en comparación con España y con otras comunidades autónomas, la escasez de recursos humanos, la ausencia de una masa crítica en áreas importantes, la concentración excesiva del gasto público, las diferencias importantes entre grupos y áreas de conocimiento para realizar investigación de calidad y la escasa capacidad de investigación e innovación en las empresas.

No todo era negativo en ese informe. Se destacaban algunas fortalezas que permitían vislumbrar un horizonte con esperanza si se tomaban algunas medidas. Había con lo que trabajar para arreglar la situación. Se evidenciaba que una parte de la comunidad científica era muy activa y competitiva en las exigentes convocatorias de financiación nacionales y europeas. Otro hecho relevante es que ese grupo de investigadores activos producía buena Ciencia, comparable con la de los mejores.

El informe sobre la realidad del sistema de I+D+i en Andalucía fue un encargo del Prof. Francisco Gracia, entonces Secretario General de Universidades e Investigación de la Junta de Andalucía y fue coordinado por el Instituto de Estudios Sociales de Andalucía (IESA).

Muchos investigadores, entre los que estaba quien esto escribe, trabajaron mucho y con mucha ilusión en lo que se creía una sincera intención del poder político de mejorar las cosas. En un ejemplo de lo que debería ser el protagonismo de la sociedad civil en la definición de políticas concretas, se convocaron a más de 120 expertos, agrupados en 13 comisiones por disciplinas científicas. El equipo coordinador del IESA, dirigido por el Prof. Pérez Yruela, elaboró el documento que fue presentado a la Consejería de Educación y Ciencia.

Nada más se supo de aquello. Después de más de cuatro años todo sigue igual. Aunque se ha progresado algo en términos absolutos, Andalucía sigue sin alcanzar la media de España y la distancia con las comunidades más ricas se acrecienta. La comparación con la mayoría de los miembros de la Unión Europea es tan dolorosa que la vergüenza impide reseñarla.

¿Las conclusiones de aquel Documento elaborado durante el otoño de 2003 fueron equivocadas? ¿Fueron las recomendaciones y sugerencias desacertadas? Nunca lo sabremos. Aquellas medidas recomendadas por la comunidad científica no se hicieron realidad. Desconocemos qué hubiera ocurrido si el Gobierno de Andalucía que presidía, y preside, el sr. Chaves hubiera decidido hacerlas suyas.

Nos vamos a quedar sin saber qué hubiera pasado si, por ejemplo, los procesos de evaluación se hubieran realizado de forma transparente, haciendo públicos los criterios y resultados de los mismos, tanto de evaluaciones personales como de grupos o de institutos de investigación. Recuerdo bien una medida concreta sobre la importancia de que una parte de los evaluadores seleccionados fueran ajenos al sistema andaluz de I+D+i. Se trataba, simplemente, de evitar conflictos de intereses y venta de favores.

Nunca sabremos cómo estaríamos si se hubiera avanzado en el establecimiento de líneas prioritarias de interés manifiesto para las empresas, con la creación de centros mixtos entre universidades y empresas capaces de asumir proyectos de investigación sin limitaciones y de formar científicos y tecnólogos para su integración en el sistema productivo.

Es imposible estimar cuál sería nuestra situación si se hubieran realizado evaluaciones externas del rendimiento científico de todos los centros de investigación en Andalucía y se hubiera abordado un proceso de reorganización de acuerdo con esas conclusiones, incluyendo, si fuera necesario, el cierre de algunos.

Ha sido otra oportunidad perdida: ¡Van tantas en Andalucía!

Da la impresión de que estamos ante un Gobierno con un grupo de gestores agotado, que es incapaz de hacer políticas con el vigor necesario. Cuando tienen buenas ideas, cuando son capaces de entender la importancia de la sociedad civil en el progreso, prefieren dejarse llevar por la inercia de lo hecho hasta ahora, como si pensaran que si no cambia nada, no van a tener problemas. Políticas conservadoras stricto sensu.

Después de tantos años y tanto dinero invertido procedente de fondos autonómicos, nacionales y FEDER, no se ha conseguido avanzar lo suficiente. Sólo nos queda la iniciativa, la ilusión y el sacrificio de grupos de investigación que no se resignan y que trabajan “a pesar del gobierno”. Y mi impresión es que el número de estos “resistentes” no hace más que descender.

En políticas científicas los investigadores vemos con demasiada frecuencia que en las universidades y centros de investigación sólo se consigue prosperar personalmente con dos estrategias: o dedicándose a la política, de tal forma que cuando vuelves te “premian” con un Instituto de Investigación ad hoc, o apuntándose a alguna “moda científica” en la que los profesionales de la política vean algún rédito electoral. Olvidan comprobar si el historial internacional de publicaciones es alto y concordante con la investigación propuesta, o la importancia estratégica que la comunidad científica ve en esas áreas de investigación. El poder político sabe mejor a quién dar recursos. Algunos ejemplos tales como el cambio climático o las células madre embrionarias son elocuentes. Son áreas en las que, independientemente del currículum investigador que se posea, se obtiene financiación especial. Se puede incluso lograr, con algo de suerte, un ministerio como premio.

Luis F. Rull

Catedrático de Física Teórica

Universidad de Sevilla

(A ver si logro convencerlo de que ponga su blog y no tenga que pedir prestado 😉 )

Actualización (09/03/2008 9:30) : Juan Freire ha escrito una entrada referida a este artículo llamada Políticas científicas e innovación: ¿por qué unas elecciones no cambiarán nada?

De sociedad civil y otras lindezas: precarios, el ejemplo a seguir

Soy uno de los pesados que siempre saca el tema de la Sociedad Civil. Ayer se manifestaron unos investigadores andaluces para protestar por la política de investigación de la Junta de Andalucía. Conozco bien la Asociación “Precarios” puesto que trabajé con ellos mientras estaba en el mundo académico. Pude comprobar de primera mano cómo germina un actor de la sociedad civil y qué trampas se les presenta para anular sus funciones.

Precarios es un grupo de ciudadanos investigadores, casi todos muy jóvenes y muy brillante, que aspiran a un sistema público Ciencia-Tecnología del siglo XXI. Alejados de la burocracia y los chanchulleos universitarios, suelen ser muy radicales en sus planteamientos referentes a la transparencia y el mérito en la gestión de los fondos públicos de investigación.

Tan radicales son, que cuando los principios chocan con algunos intereses propios, corporativistas, suelen sacrificar las dávidas y sobornos que les ofrecen. Un ejemplo: si les ofrecen estabilizar sus contratos a costa de aceptar que la selección de los que vienen detrás sea más discreccional y pesebrista (menos meritocrática), no aceptan el trato, ante la mirada atónita del funcionario o político de turno. Eso lo he visto yo con mis ojos: los acostumbrados al mercadeo de los principios y al soborno de los portavoces de los colectivos no saben qué hacer con la gente con principios. Normalmente los aparatos de los partidos políticos no saben qué hacer con ellos: como no tienen servidumbres ni buscan prebendas, no saben cómo manipularlos. Los gobernantes no saben callarlos de otra forma que no sea cumplir sus demandas y los opositores no consiguen usarlos como armas arrojadizas. Ser distinto tiene sus peajes.

Me consta que muchos de los miembros de asociaciones como estas tienen sus simpatías políticas, incluso apoyos explícitos a determinadas opciones, pero en pocas ocasiones he visto yo tan claramente cómo los grupos que se configuran alrededor de unos valores, de unas ideas fundamentales controlan y atemperan a los miembros que pretenden sacarlos de su papel o subvertir los objetivos comunes. Aunque ideológicamente haya divergencias, no suelen constituirse en relevantes en las discusiones.

No me he convertido en un iluso o ingenuo propagandístico. Entiendo que realidades como esta son muy raros, casi anecdóticas, pero no por ellos dejan de se modelos virtuosos a seguir, dinámicas y actitudes dignas de elogio y reconocimiento.

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El pasado viernes 14 de diciembre la Federación de Jóvenes Investigadores (FJI) se convocó a una manifestación en Sevilla para protestar contra la política de investigación de la Junta de Andalucía. Estas son las razones que esgrimían:

RAZONES PARA MANIFESTARSE EL 14 DE DICIEMBRE EN SEVILLA

  • Por la eliminación de los programas posdoctorales en Andalucía

Hace tres años desaparecieron los programas que existían en Andalucía para la contratación de doctores: el programa de perfeccionamiento (permitía la contratación de jóvenes doctores para trabajar en centros de investigación del extranjero) y el programa de retorno (permitía la reincorporación a centros andaluces de los doctores que estaban en el extranjero). La Junta ha incumplido su promesa de recuperar estos programas, engañado a los investigadores y dejándolos desamparados una vez que son doctores.

  • Por promover la investigación en precario

La recién aprobada Ley Andaluza de la Ciencia y el Conocimiento podría haber permitido el diseño de una carrera investigadora coherente y bien estructurada. Así lo entendieron todos los partidos políticos del Parlamento Andaluz, que propusieron el diseño de dicha carrera investigadora, exceptuando al PSOE que lo rechazó con su mayoría absoluta. De este modo la junta deja el futuro de los investigadores en manos de los centros de investigación y las universidades que, en muchos casos, se niegan incluso a sacar plazas de ayudante, única figura contractual a la que los investigadores en fase inicial pueden adherirse.

  • Por cobrar a los investigadores por trabajar

La Junta de Andalucía permite a las Universidades cobrar 50 euros anuales a los investigadores predoctorales a partir de la obtención del DEA. Esta “Tasa 50” es totalmente injustificable y vulnera los derechos de los investigadores.

  • Por dejar sin derechos básicos a algunos investigadores

Los becarios predoctorales de la Junta en el CSIC siguen sin contar con la protección de la Seguridad Social, con lo que se está incumpliendo la ley: el Estatuto del Personal Investigador en Formación.

  • Por la gestión desastrosa de la Consejería de Innovación y Ciencia

Por tercer año consecutivo, la Junta de Andalucía ha imputado a los investigadores becarios unas “ficticias” subvenciones ganaderas, lo que les ha supuesto muchos problemas ante Hacienda. Y este es solo un ejemplo más de una lamentable gestión, caracterizada por retrasos y trabas burocráticas.

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La otra Deuda Histórica (carta a Luis Carlos Rejón) por Luis F. Rull

Ciencia. Foto de Fernando ArconadaMe pide mi padre que publique su carta abierta de “El Mundo Andalucía” aquí porque, al parecer, el pasado sábado se publicó una versión preliminar y no la definitiva. Seguro que agradece cualquier comentario que queráis hacerle.

La otra Deuda Histórica (carta a Luis Carlos Rejón) por Luis F. Rull

Querido Luis Carlos:

Como imagino que el Presidente de la Junta de Andalucía no te va a contestar a las tres cuestiones que has planteado en estas páginas sobre regeneración democrática y, mucho menos, a tu ofrecimiento para cuantificar la Deuda Histórica, permíteme que te presente algunas cifras que quizás sirvan para aclarar algunos de los conceptos que brillantemente presentaste en estas páginas el pasado viernes 19 de julio.

Si tomamos como un indicador de bienestar social la medida del progreso del conocimiento, un parámetro muy útil es el gasto por habitante en Programas de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i). La media de la Unión Europea en el año 2004 era de 453,00 euros, mientras que en España alcanzaba unos tímidos 172,30 euros. El esfuerzo inversor en España, aunque insuficiente para alcanzar los niveles medios de la Europa que prospera, ha sido muy importante, ya que en 1980 sólo era de 37,10 euros. Estas cifras no tienen mucho sentido sino es bajo la luz de las desigualdades dentro de España. Tomando datos del Instituto Nacional de Estadística, en Andalucía en el año 2006 este indicador era de 131,78 euros, en la Comunidad de Madrid, 484,87 y en Cataluña 322,70. Estas cifras sí retratan de forma clara la “maldita asimetría” a la que nos está conduciendo la estructura pseudo-federal de España.

No creo que, como dices, tengamos que desarrollar más elementos “federalizantes”; lo que tenemos es que engancharnos en el Progreso del Conocimiento, utilizando los mecanismos que con éxito han funcionado, y funcionan, en otros países occidentales. Lo que falla no es la asignación territorial de los recursos, sino el uso que se hace los mismos. Hay que prescindir de estos gobernantes que durante todos estos últimos años no se han dedicado a potenciar en la sociedad andaluza el esfuerzo y la iniciativa de los ciudadanos. Tampoco han dado muestras de creer en la formación y la educación como instrumento de progreso, la libertad como base de la convivencia, ni en el mérito como mejor instrumento de selección. Un ejemplo de ello es la Agencia Andaluza de Evaluación de la Calidad y Acreditación que recientemente ha evaluado de forma positiva a personajes cuya aportación a la Ciencia es, a todas luces, nula o irrelevante.

En mi opinión, cuantificar la Deuda Histórica es bastante más simple de lo que mencionas en tu artículo. A la luz de lo expuesto anteriormente, se nos debe Conocimiento, por supuesto, pero nos lo debe la historia. Visto el tiempo perdido, nos lo debe nuestro pasado, en el que espero que muy pronto estén todos éstos que en los últimos años frenan el verdadero progreso en Andalucía. ¿De verdad crees que los ciudadanos catalanes y madrileños tienen una deuda con nosotros? Ellos prosperan más o menos adecuadamente, mientras que nosotros, los andaluces, no lo hacemos. ¿Por qué?

Si observas los Institutos de Investigación que se han creado en Andalucía en estos años de gobierno de los autodenominados socialistas, comprobarás que casi todos están ligados a personas con protagonismo político o mediático. Parece que los méritos para obtener inversión pública de alto nivel son independientes de la calidad investigadora. No ha habido ningún tipo de planificación, ni de definición de objetivos generales estratégicos. Ni que decir tiene que tampoco han existido procedimientos meritocráticos públicos y transparentes de selección de proyectos. La creación de los mismos ha sido totalmente discrecional, no basada ni en concursos ni planes.

Para ilustrarte mejor, te pongo otro ejemplo: en el año 2003 se elaboró un Informe sobre la realidad andaluza de la I+D+i. En su elaboración participamos muchas personas del sistema Ciencia-Tecnología-Empresa, y sus análisis, conclusiones y críticas lo condujeron directamente a un cajón de la Consejería que lo solicitó y financió, cajón del que nunca ha salido.

Permíteme terminar con la misma cita que utilizó el profesor Alfonso Lazo en un artículo publicado el mismo día en que fue publicado el tuyo. El autor de la cita es Aquilino Duque, y dice así: “Muchos intelectuales se complacen en el silencio, pero vale la pena tener en cuenta a quienes aspiren a ir erguidos por la vida y que son los únicos merecedores de lo que llaman libertad”.

Luis Carlos desde la discrepancia que muestro en estas líneas, te digo, amigo, que tú mereces ir erguido.

Un cordial saludo.

Luis F. Rull

(Para poneros en contexto, Luis Carlos Rejón fue coordinador general de la coalición Izquierda Unida-Convocatoria por Andalucía, formación a la que mi padre asesoró mucho tiempo en materias relacionadas con la ciencia y la tecnología. )

Como todavía no le he convencido de me deje ponerle un blog ;), es es el único sitio donde mi padre puede publicar esta rectificación. Lamento el off-topic.

Foto de Fernando Arconada.