Ha llegado la hora de montar tu empresa: el libro.

Emprendedor es una palabra que se usa para evitar la connotación negativa que tiene para muchos “empresario”. Aunque hay emprendedores que no son empresarios (se puede crear algo nuevo en muchos ámbitos), hay muchos empresarios que no quieren que los identifiquen con avariciosos explotadores, defraudadores de impuestos, aprovechados, estafadores,…, porque esa es la imagen que muchos tienen de los empresarios.

Y hay muchos que han creado una empresa de la nada, han creado un producto con mucho valor añadido. Hay centenares de personas que han pensado que 2+3+5 puede ser más que 10. Que sostienen que el sueldo de los empleados más los gastos de funcionamiento más la inversión puede valer más que la suma de todo eso. Que se crea riqueza creando un equipo capaz de hacer buenos productos que se vendan bien.

Una de esas personas es Alejandro Suárez. Ha creado muchas empresas. Unas con éxito y otras fracasadas. Algunas en internet, otras en el mundo analógico. Y ha decidido escribir un libro ( y Ediciones Deusto – Grupo Planeta publicarlo) con su experiencia y algunos consejos. Y, no se sabe muy bien por qué, alguien ha decidido que yo sería la persona idónea para presentarlo en nuestra ciudad.

El próximo jueves se presenta en Sevilla el libro “Ha llegado al hora de montar tu empresa” de Alejandro Suárez, el gran emprendedor/empresario, que es una leyenda en la corta historia del Internet español.

Vamos a intentar hacer algo entretenido y útil. A ver si nos sale una buena velada en la que aprendamos de él. Creo que puede ser una buena oportunidad para muchos de conocer de primera mano las opiniones de un outsider de la comunidad empresarial. Si tenéis una empresa o queréis montar una, o si tenéis una buena idea, estoy convencido que no perderéis vuestro preciado tiempo. A ver si conseguimos reunir a un buen grupo de inconformistas y hacer una sesión de terapia grupal ;).

Una de las frases promocionales:

Si Google hubiera nacido en la Complutense, Brin y Page habrían tenido matrícula de honor, pero no habrían desarrollado su empresa y hoy serían funcionarios.

Voy ya por la segunda pasada en el libro y me sigo quedando con la impresión de que es muy valiente y sincero. Y que algunos de sus consejos me llegan tarde: he tenido que aprender demasiadas cosas a base de tortas.

En general el enfoque es algo más humilde que gran parte de las peroratas que muchos emprendedores suelen (solemos) soltar sobre nuestras aventuras. No es un libro de autoayuda. Es un manual para evitar batacazos y para entender que si sientes que tienes ganas de ir por el camino “menos transitado” (Robert Frost).

No importa si eres empleador o empleado. Si tu novedad es en una empresa o en una ONG, o en tu departamento universitario. Creo que te puede interesar. Sigue leyendo

Riqueza: Juan Muñoz Pérez

Juan Muñoz Pérez

Hay entradas que no deseas escribir nunca. Esta es una de ellas.

“Riqueza” es un término con un campo semántico tan grande que muchas veces se nos escapa para describir con precisión un concepto. A veces, esa amplitud de campo es conveniente, porque te permite describir un fenómeno o persona exhaustivamente. En el caso que ocupa esta entrada, la riqueza es lo que describe a mi tío Juan Muñoz Pérez, que falleció hace más de un año.

Comienzo por la definición de la Real Academia de la Lengua Española:

  1. f. Abundancia de bienes y cosas preciosas.
  2. f. Abundancia de cualidades o atributos excelentes.
  3. f. Abundancia relativa de cualquier cosa.

La primera acepción se refiere a algo valioso, digno de estimación y aprecio. Él tenía cualidades (en abundancia) que se ajustaban bien a eso. Su bondad era legendaria, pero no caía en la inocencia o la estupidez. Era bueno porque actuaba según un código ético que le obligaba a contar con las consecuencias de sus actos sobre los demás . Es legendaria su entrada en la economía del pueblo de Osuna (Sevilla) y cómo, junto con otros emprendedores, ha transformado la industria del aceite en la campiña sevillana.

Tuvo la visión de era importante centrarse en la calidad del producto y no en su cantidad, en la formación y confianza en cuadrillas estables de trabajadores, de manera que tienen una seguridad mucho mayor que siendo meros jornaleros que trabajan aquí o allí. Pensó que merecía la pena la inversión en maquinaria moderna, encaminada entre otras cosas a bajar costes y controlar la calidad. Sobre todo tuvo las agallas de introducir la planificación moderna en el campo, una tarea en la que le acompañaron algunos locos como él que arriesgaron su prestigio y patrimonio por ello.

Creía en un mundo rural competitivo en una economía global y preparaba el camino a una agricultura sostenida por su propio esfuerzo y valía.

Esto nos lleva a la segunda acepción.

La Excelencia es lo mejor, lo contrario a lo mediocre o mediano. Aspirar a lo excelente implica una mejora constante, saber que siempre se puede mejorar lo que funciona bien. Una persona acomodaticia no puede ser excelente. Un pueblo satisfecho de lo que hace, tampoco. Se puede estar orgulloso de algo y querer mejorar

Un amigo me contó que él representaba todo aquello que tantos políticos presumen ser: trabajador, innovador, creando riqueza con su trabajo. Creía que haciendo las cosas bien, con cuatro podemos crear cinco. Si ves el mundo como cosas amontonadas con suma cero, pues te conformas. Si crees que juntando cosas aparece algo más que cuando estaban sueltas, cambias el mundo.

Junto con un grupo de agricultores hizo la locura de introducir una variedad catalana de olivo (arbequino) en la campiña sevillana. Ya antes había introducido técnicas de gestión industrial al campo. En Osuna y alrededores no entendían cómo este ingeniero de telecomunicaciones dejaba su trabajo en una empresa de computadores (en los 80 se llamaban computadores) por llevar la empresa familiar cuando falleció su padre. Rompió moldes comprando maquinaria más eficientes, probando qué variedad podría funcionar mejor en qué mesana, experimentando (¡¡¡experimentando!!!).

Cuando decidí hacer esto de los blogs, ayudar a empresas y profesionales a comunicarse, se lo consulté. Lanzarse a los negocios era arriesgado. Me dijo que lo pensara bien y que escribiera cómo sería el negocio. No era cuestión de un business plan como los que enseña Tacho, sino un esquema para que pudiéramos entendernos. Una referencia para que pudiéramos entendernos. Después de hablarlo mucho, ver los pros y contras, los riesgos y oportunidaddes me dio su aprobación. Me animó a seguir, a hacer algo que nadie estaba haciendo. Incluso intentó conseguirme clientes. Algunos de los consejos que me dió son tan buenos que no son dignos de este blog. 😉

La última acepción me lleva a explicar qué efecto tuvo en mi familia. Creo firmemente que el impacto de su personalidad perdurará en nosotros mucho tiempo. El tacto con el que tratar los temas, el uso de la empatía para tomar decisiones y crear consensos. Con él comprendí el poder del liderazgo, de la confianza en quien consideras legítimo para algo. Entregas tu confianza porque sientes que debes hacerlo. Lejos de lo que el tito Max Weber contaba sobre la legitimidad tradicional, mi tío Juan no se ganó el respeto de la familia por ser el cabeza de familia. Fue justo al revés: fue el respeto que se ganó el que lo erigió como cabeza de familia.

Como os podéis imaginar todos nos quedamos huérfanos cuando falleció. Nos estamos recuperando y su herencia más valiosa es que todos queremos parecernos a él lo más posible. Un punto fijo para no perder la orientación cuando las tentaciones te hacen bajar la guardia.