La importancia de la ciencia

Foto de Dalbera (http://www.flickr.com/photos/dalbera/)

Siempre me ha fascinado la ciencia. Ser hijo de dos científicos ayudaba, pero creo que la ciencia me gusta por la actitud de escepticismo permanente que te da. Es complicado acostumbrarse a que las ideas que tienes pueden no ser correctas. Hasta un cierto punto, todos debemos estar abiertos a mejores explicaciones de lo que nos rodea. Un ejemplo clásico es la transición de la física clásica a la relativista cuántica. Todo lo que Newton explicaba ES correcto hasta un cierto punto. Nunca fue mentira. Sólo era una buena explicación de lo que se podía observar.

Al estudiar en la carrera un libro llamado “La estructura de las revoluciones científicas” (pdf), me di cuenta del papel que las comunidades, los hombres, juegan en la determinación de qué se estudia o si algo es o no aceptado como verdad. ¡Cuánto han aprovechado algunos anticientíficos esos argumentos para atacar uno de los grandes logros de la humanidad! Gracias a Dios, tenemos a gente como Luis Alfonso Gámez o Carlos Elías (UCM) que nos hablan de la importancia de la ciencia como cultura básica, como algo imprescindible para nuestras vidas.

Os dejo este buen vídeo sobre el tema, sobre la importancia de la Ciencia:

Foto de Jean-Pierre Dalbéra.

Obama y su crítica al consumo acrítico de información

Cuando estos del “Ala Oeste” se ponen a hacer algo, lo hacen bien. Otra cosa es que quieran entenderles. En su discurso en la Universidad de Hampton, Obama criticó el consumo rápido, acrítico y poco edificante de información. Citó los nombres de aparatos de consumo de información (Ipad, Ipod, Xbox,…). Sacándolo de contexto, algunos han certificado la proposición del presidente: Hasta un titular (no el artículo) de Newsweek decía que Obama decía que los aparatos estaban “pudriendo nuestras mentes”.

Esta es la cita, el discurso y el vídeo:

And meanwhile, you’re coming of age in a 24/7 media environment that bombards us with all kinds of content and exposes us to all kinds of arguments, some of which don’t always rank that high on the truth meter.  And with iPods and iPads; and Xboxes and PlayStations — none of which I know how to work — (laughter) — information becomes a distraction, a diversion, a form of entertainment, rather than a tool of empowerment, rather than the means of emancipation.  So all of this is not only putting pressure on you; it’s putting new pressure on our country and on our democracy.

http://www.youtube.com/watch?v=Hwg636CQnrc”>http://www.youtube.com/watch?v=Hwg636CQnrc

¿Sobran Universidades en España?

Universidad de Sheffield. Foto de Paolo Margári

Universidad de Sheffield. Foto de Paolo Margári

Mientras comía escuché en una entrevista de la tele una frase impactante:

En España sobran Universidades

Lo pronunció Claudio Boada, del Círculo de Empresarios, en una entrevista en CNN+. Me quedé impactado y me di cuenta de que hay gente que piensa lo mismo pero que no lo expresa. Me di cuenta de que es posible que sea un tabú. Según el RAE:

  1. Condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar.
  2. Prohibición de comer o tocar algún objeto, impuesta a sus adeptos por algunas religiones de la Polinesia.

La definición de la Wikipedia no es tan interesante:

La palabra tabú designa a una conducta, actividad o costumbre prohibida por una sociedad, grupo humano o religión, es decir, es la prohibición de algo natural, de contenido religioso, económico, político, social o cultural por una razón de utilidad social. Romper un tabú es considerado como una falta imperdonable por la sociedad que lo impone.

Todo esto lo cuento porque, al twittearlo, algunos de mis seguidores respondieron de forma muy diferente:

  • senormunoz: No será que faltan carreras? O faltan estudiantes? O faltan buenos profesores?
  • andujar: ¿sobran? será por que después de estudiar las carreras no hay empleo.
  • catenaria: Lo que sobra son universitarios.
  • Gonzalomartin: ¿y alumnos que no tienen nivel para ir?
  • victorianoi: cuál ? cuál? 🙂
  • estebanmoro: y faltan buenos alumnos.
  • jborrego (Universidad de Sevilla): Aquí (Andalucía) no es un tabú. Lo que pasa que se piensa que lo que sobran son títulos concretos en Universidades concretas.
  • ana asuero (en YouAre): por fin alguien se anima a decir obviedades!

A mi me ha encantado lo que ha dicho JJ Merelo (Universidad de Granada) en mi página de Facebook:

  • ¿ha dicho cuáles?
  • ¿ni a quién?
  • Los alumnos. Si se fueran los alumnos, todo iría mucho más suave…

Aunque no lo parezca, no tengo una opinión clara sobre el tema. Es algo más complicado que eso de que todo el mundo tiene derecho a estudiar una carrera cerca o en la ciudad donde vive. Es una discusión sobre los recursos públicos, sobre si hay que concentrarlos para sacar más rendimientos, sobre si la enseñanza superior debe ser de excelencia (los mejores) o universal (derecho ciudadano), sobre las competencias de las autonomías en nuestra organización administrativa,… No os quedéis con el maniqueo “izquierda o derecha”, por favor. ¿Qué piensas?

Nota: en todo caso, hay gente con experiencia que no pierde la esperanza aunque a veces tenga razones para ello. Un ejemplo: Tacho Rufino.  Aquí está la entrevista

La entrevista

Emociones y responsabilidad

Me pregunta un amigo por su hijo adolescente por cómo abordar su consumo de media en internet.

Me espanta ser “el experto” que da consejos sobre algo tan importante como la educación de un chaval, pero no se me ocurre otra cosa que decirle que

  • se gane su confianza,
  • que aprenda directamente de él qué está haciendo,
  • que le deje un espacio propio siempre y cuando comprenda eso de la “responsabilidad” y el espíritu crítico: lo que haces tiene consecuencias; lo que dicen los demás, siempre una intención.

Si le envío este documental maravilloso de la PBS, Growing up online igual se me acojona. (Enlace visto en el fantástico greader shared de genis roca)

Y entonces tendré que pasarme dos horas recordándole lo buen padre que ya es. Contándole que eso de internet no es más que otra faceta de la vida y que lo aborde de forma parecida que ha abordado el porno o las drogas.

Este es el mundo que nos ha tocado vivir. A mitad de la escritura de esta entrada me entero de que hoy posiblemente llegue al mundo un nuevo sobrino. La emoción de una nueva vida me recuerda la importancia de las emociones y de cómo nos pueden ayudar a ser mejores.

Foto de Jekkyl tomada de Flickr.

Actualización 26 marzo: He visto este video en un blog de google

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Moonday Moorning: Video Moorning

Los chicos que grabaron en las IV Jornadas de Bitácoras y Medios de Comunicación de Granada han publicado su trabajo. (Vía Atalaya)

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Eduardo Collado nos descubre este fantástico vídeo: Quien quiera puede interpretarlo como un alegato por una educación menos estricta (WE DON’T NEED NO EDUCATION) o por una educación sin Educación para la Ciudadanía (WE DON’T NEED THOUGHT CONTROL). En este blog cada uno piensa como quiere. ¿Puede el Estado puede ser bueno?, ¿Es siempre malo aún teniendo buenos gobernantes?

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Por último, una chica americana que viven en Inglaterra se viene a España para ir a Port Aventura y pierde todos los transportes posibles…

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Nosotros hemos ido este fin de semana a Londres a ver a mi hermana y a unos amigos y … no nos ha salido nada mal.

NOTA: MOONDAY MOORNING es una locución usada para expresar el hastío del lunes por la mañana. Gracias a los que me habéis escrito para decirme que había escrito mal. Está mal a propósito. 😉

Las Tres Mil ganan en su lucha: mantienen los bachilleratos

En lucha en las tres milMe comenta Juanjo que han conseguido mantener el bachillerato en el Instituto Domínguez Ortiz de las Letanías (Tres Mil Viviendas) de Sevilla. ¡¡ENHORABUENA!!

Los alumnos y profesores de ese instituto nos han dado una lección de cómo reivindicar unos derechos y cómo luchar por lo que uno considera justo.

Destaco la elegancia y la inteligencia con la que han llevado esta campaña. Uno de los ejemplos de que la Sociedad Civil no está tan muerta como parecía. Algunos blogs han puesto su granito de arena, pero es la comunidad educativa de ese instituto de nombre tan ilustre quien se ha sacado las castañas del fuego. (Esta es la entrada que escribí sobre el tema y esta la de zifra: el peligro no está en la educación, sino en su ausencia)

Ramón Castro lo cuenta muy bien en su blog. No hay que dejar de leer el agradecimiento del blog principal de la campaña: da las gracias desde el corazón y anima a… ponerse a estudiar como si de un día normal se tratase. Emocionante.

La educación y el acceso universal a ella… las tres mil en lucha

IGUALES EN LAS TRES MIL
En las Tres Mil, como hay pocos alumnos que hagan el bachillerato, quitan…..el bachillerato.

Las Tres Mil Viviendas es un barrio de Sevilla con serios problemas de marginalidad, delincuencia y falta de servicios públicos. Es el ejemplo que se le viene a todo el mundo para explicar dónde no quiere irse a vivir. Durante muchos años el autobús que cogía para ir a trabajar pasaba por delante. Algunos amigos vivían en una residencia que está allí. La casa donde viven los padres de mi mujer está muy cerca y durante el tiempo en el que ella vivía allí salíamos por las zonas limítrofes. He tenido algún alumno de allí y varios amigos que han vivido alguna época de su vida en ese barrio.

Es duro vivir allí. Pero allí viven ciudadanos con derechos.

Por otra parte, comprendo la decisión de la Junta: Deben aplicar sus protocolos, que les dicen qué hacer con institutos de baja demanda. Pero, ¿quitar los dos bachilleratos? Un profesor decía que los alumnos de bachillerato son algunos de los pocos modelos que pueden presentar a los pequeños. Es un escalón más que mostrar para que los chicos de la educación obligatoria vean que es posible seguir aprendiendo después de los dieciséis. Otro profesor dice que, para él, que un alumno termine el bachillerato es una medalla de plata en las Olimpiadas. Y uno que va a la Universidad, una de Oro.

http://www.youtube.com/v/qCoLl4G9Zxw

Esto es sociedad civil, (o ciberactivismo, como lo diría mi amigo David) Lista Actualizada de adhesiones::

El demonio de las pequeñas cosas. Por Luis F. Rull

EL DEMONIO DE LAS PEQUEÑAS COSAS. (Publicado en El Mundo Andalucía en 17 de Mayo de 2005. pp. 4 y 5)

Por Luis F. Rull. Catedrático de Física Teórica de la Universidad de Sevilla.

A menudo me da por pensar en la injusticia histórica que se comete con Andalucía cuando veo la inhibición de todos aquellos que movilizaron a media España cuando el accidente del Prestige. Los movilizados fueron fundamentalmente jóvenes, ya fuera para protestar (los más) ya fuera para trabajar en tareas de limpieza y recuperación de ecosistemas (los menos). Los que fomentaron con su conocimiento experto esa “riada de solidaridad” apenas no movieron el pasado verano ni un solo gramo de inspiración y trabajo con la tragedia de los incendios forestales de Huelva y Sevilla, a pesar de que el impacto fue comparable (cuando no superior) al de Galicia. Por lo menos así lo aseguran personas serias y responsables que conozco, personas en las que confío para estos temas. El chaparrón de opiniones sobre el impacto ecológico y económico del suceso se quedó en sequía.

En ocasiones me da por pensar en la irresponsabilidad de los padres que aceptan una educación extraordinariamente deficiente para sus hijos. España está colocada en el lugar 21 del Informe PISA (www.pisa.oecd.org), que evalúa la formación de los jóvenes de varios países desarrollados. Una de las conclusiones es que nuestros estudiantes están en varias materias básicas por detrás de países cuya mera localización en un mapa le costaría hasta al más avezado de ellos.

Por último, debo confesar que a diario me solía cuestionar los motivos del bloqueo sistemático de los accesos para bomberos y otros servicios de emergencia por parte de vehículos privados. No es necesario apuntar que estos lugares, designados para que los bomberos nos ayuden a extinguir incendios, se encuentran convenientemente señalizados.

Las respuestas que se me ocurren para estos tres interrogantes de acciones individuales están más o menos relacionadas:

Para el análisis de la tragedia ecológica y, en consecuencia económica, del norte de Andalucía Occidental sólo puedo apelar a mi propia experiencia: Soy profesor de Física Teórica en la Universidad de Sevilla y para la investigación que dirijo necesito de las subvenciones del Estado, y éstas pueden ser reducidas, e incluso eliminadas, por el capricho del político de turno. ¿Es posible que este detalle, común a la mayoría de la comunidad científica haya afectado a otros compañeros con mayor prestigio o capacidad de influencia? ¿Será éste el motivo por el que la rebelión del Prestige no se reprodujo en Andalucía ?

La educación de los hijos me obliga a buscar otra posible explicación. Si hay inacción por parte padres negligentes en la educación de sus hijos, puedo entender que así se sienten felices, que se evitan broncas, que les basta con que sus hijos aprueben los cursos y promocionen. Entiendo que no les importa demasiado si han aprendido algo o no, como tampoco les interesa demasiado si respetan o atienden a sus esforzados docentes, trabajadores que luchan para ayudarlos a convertirlos en ciudadanos libres y educados.

En el último caso la explicación me viene, paradójicamente el día en el que no se cumple la regla: cuando el espacio reservado como acceso de emergencia está desocupado. Si en tales ocasiones continúo por la calle buscando otro estacionamiento y acabo en la misma calle, invariablemente encuentro el sitio ocupado por otro vehículo. El civismo no es la explicación a la anomalía. La respuesta al hecho extraño es la falta de oportunidad de algún convecino nuestro. La comodidad de un individuo prima sobre la seguridad de muchos otros.

Estoy seguro que el paciente lector de estas reflexiones es capaz de encontrar más y mejores ejemplos similares a estos tres en su vida cotidiana.

Tengo la sensación de que para no perder una subvención o privilegio, hacernos la vida más sencilla, o sencillamente facilitarnos algunas tareas como la de aparcar, estamos dispuestos a seguir callados y tranquilos cuando se cometen acciones que perjudican a la colectividad. No nos damos cuenta de que está actuando el “demonio de las pequeñas cosas”, el demonio que nos tienta con las ilegalidades, las faltas a la honestidad o las traiciones a nuestros principios. No conozco bien los mecanismos psicológicos, pero sospecho que, al considerarlas “incorrecciones menores” nuestra conciencia las asume sin demasiada dificultad. Tampoco estoy versado en las elegantes explicaciones socioeconómicas de “la acción colectiva”, pero conozco sus efectos en el bienestar común.

La explicación individual, la falta de civismo de los individuos, es un gran lugar común en este tipo de discusiones. Arrinconando “el mal” a una esfera única, a un factor fácilmente identificable, exoneramos a los dirigentes públicos de toda responsabilidad. Somos malos ciudadanos y no hay forma de corregirnos. Si reproducimos este fatalismo, ¿qué alternativas o soluciones podemos demandar de los políticos? O mejor dicho ¿qué margen les damos? Si dispensamos a los poderes públicos de su responsabilidad de resolver algunos problemas, qué podemos esperar, ¿qué se resuelvan solos?

Nos está pasando algo similar a lo que escribió Kavafis cuando decía que silenciosamente le habian construido una muralla y que le taparon el mundo, la triste es que en este caso el director de la obra es TONTO.

La excelencia en la Universidad y las asimetrías en España. Por Luis F Rull

LA EXCELENCIA EN LA UNIVERSIDAD Y LAS ASIMETRÍAS EN ESPAÑA
Luis Rull Fernández. Catedrático de Física Teórica de la Universidad de Sevilla y ocho firmas más. ABC 12-Julio-2004 (Versión en PDF)

Parece innegable que los sueldos de los profesores de universidad no son muy altos. Así, por ejemplo, un catedrático tiene un sueldo base de 1.048,64 euros mensuales brutos, y quizás sea por esto por lo que, tradicionalmente, se ha venido complementando con cantidades asignadas frecuentemente a los más dispares conceptos. Entre los que ahora «dignifican» el emolumento de los universitarios se encuentran los complementos por méritos docentes (vulgo, quinquenios), los complementos por productividad investigadora (vulgo, sexenios), los complementos de dedicación (parcial o a tiempo completo) y los clásicos trienios de todos los funcionarios. De esta forma, añadiendo algunos euros al ridículo sueldo base, la nómina termina siendo una cantidad que a muchos nos permite vivir. Lo que no quita que, en comparación con nuestros colegas de la UE, los salarios sean notoriamente inferiores.

No pretendemos denunciar aquí que nuestro sueldo sea bajo, ni tampoco es esto una pataleta de matiz reivindicativo. Somos conscientes además de que el sistema retributivo de quienes son funcionarios públicos y de unos cuerpos estatales tiene una estructura común a la del que se aplica a los demás funcionarios, por lo que su alteración puede tener implicaciones de muy amplio alcance para todo el personal funcionario de las Administraciones públicas. Lo que pretendemos es poner de manifiesto la nefasta forma en la que se están llevando a cabo ciertas negociaciones’ sobre un nuevo complemento que viene a sumarse a los ya existentes, los complementos autonómicos, y la perversión de los mecanismos de motivación que suponen.

Dos de los cuatro complementos clásicos vienen determinados automáticamente por el tipo de contrato y por la antigüedad, mientras que los otros dos (los de docencia e investigación) dependen de la actividad desempeñada por los profesores. Se trata, en teoría, de un sistema de incentivos pensado para que los profesores ejerciten sus actividades docentes e investigadoras en la dirección que su empleador (la Administración) considera más productiva y conveniente para la sociedad. Ahora bien, una cosa es la teoría y otra su aplicación práctica. Por ejemplo, los complementos por méritos docentes los evalúan las propias universidades cada cinco años y, en la práctica, se nos conceden automáticamente a todos, de manera que cabe deducir que todos los profesores somos igual de excelentes. Aunque en alguna universidad se vienen ensayando prácticas discriminatorias basadas en peregrinas encuestas a los alumnos, cuyos resultados estimulan más los «gestos» de camaradería del profesor y la menor exigencia en los exámenes que la mejora efectiva de la docencia. No ocurre lo mismo con los complementos por méritos de investigación, cuya evaluación es externa a la propia universidad a la que se pertenece, ya que los profesores que deciden someter su actividad investigadora a evaluación presentan su curriculum a la Comisión Nacional de Evaluación de la Actividad Investigadora, y si ésta la considera positiva, cosa que no ocurre siempre, se consigue el consecuente incremento salarial.

Y en este punto entra el nuevo reparto. Como quiera que a pesar de tanto complemento, todos sumados y en el mejor de los escenarios posibles, no significan un incremento salarial sustancial (sobre todo por lo ridículo de la cuantía de la evaluación positiva de la Investigación, equivalente a poco más de 127 euros mensuales por cada período de seis años consolidado), la LOU, que tanto se ha criticado, autorizó a las Comunidades Autónomas a establecer complementos extras (vulgo, tramos autonómicos). Y aquí es donde comienza el espectáculo. Unas Comunidades lo hicieron muy pronto -incluso antes de que fuera legal, con lo que sus profesores llevan cobrándolo años. Otras aún no lo han hecho, y otras lo han hecho a medias, como es el caso de Andalucía. También hay diferencias de criterio. Así, mientras que algunas Comunidades conceden los tramos a partir de los sexenios evaluados positivamente, cargando el énfasis sobre la investigación y «fiándose del Estado» para evaluarla, en otras se ha rizado el rizo y se han incluido otras actividades como los citados quinquenios de docencia (que el 99,99% tiene concedidos en su totalidad), los sexenios no evaluados positivamente o las funciones y actividades de gestión realizadas en las universidades.

De forma que el desempeño de cargos de gestión (por ejemplo, Rector, Decano, Director Departamento, cargos elegidos y remunerados independientemente del salario con cuantías mensuales varias veces superiores a la de un sexenio de investigación) pasa a convertirse en «méritos» a considerar para los complementos autonómicos, cobrando dos veces en base al mismo concepto. La cosa es tan ilógica que podría darse el caso de que un Premio Nobel o Medalla Fields (que desgraciadamente en España no tenemos), que hubiera estado 18 años como profesor de una universidad andaluza, no obtuviera el máximo posible de estos tramos autonómicos, cosa que sí lograría un Rector con la misma antigüedad en el cargo aunque no hubiera publicado una sola línea relacionada con la investigación en todo ese período.

El resultado de esta política es que la investigación aparece, de nuevo, como una actividad especialmente promovida, premiada e incentivada en ciertas Comunidades Autónomas y especialmente ignorada o minusvalorada en otras. De modo que en estas últimas la diferencia en salario es mínima entre un profesor que se limita a impartir las mismas clases año tras año, y a descansar en su casa de tan notable esfuerzo, y otro que prepara concienzudamente su docencia, actualiza sus conocimientos, desarrolla proyectos de investigación con horarios extenuantes (la investigación y la docencia de calidad son muy exigentes) y publica varios artículos científicos cada año. Estos dos profesionales deben ser «idénticos», a juzgar tanto por su remuneración como por el reconocimiento social que su Comunidad Autonómica les otorga. ¿Es ésta una situación deseable?
Lo lamentable no es sólo que los sindicatos, tan preocupados ellos por la de calidad, firmen y avalen estas prácticas, que lo hacen, sino que además se convoquen huelgas en las universidades madrileñas (y parece que con el apoyo, o al menos la «comprensión», de algunos Rectores). ¿Quizás no han conseguido estos Rectores lo mismo que sus colegas andaluces, a los que se les permite consolidar los puntos necesarios para obtener los tramos sin otro esfuerzo que el de aguantar como Magníficos el tiempo suficiente? ¿O, por el contrario, hacen las protestas y la huelga para forzar que los tramos autonómicos en Madrid se concedan exclusivamente en función del mérito personal, premiando así la calidad frente a la mediocridad, y promocionando la meritocracia frente al igualitarismo demagógico? No parece que sea ésta la razón, porque eso es precisamente lo que persigue la Administración autonómica madrileña. ¿Qué buscan entonces…? ¿Igualaren la mediocridad la actividad docente e investigadora del profesorado universitario madrileño?
Como ciudadanos preocupados por la gestión de lo público, nos inquieta la escasa diligencia con la que ciertas Comunidades Autónomas están fomentando prácticas de excelencia en las universidades que tienen bajo su control, aunque no paren de hablar de Europa, de la calidad y de la excelencia, y dedicar ímprobos esfuerzos a toda la liturgia puesta en marcha en su nombre. La falta de actitud crítica de la sociedad ante las decisiones públicas y la actividad corporativista de algunos grupos pueden estar detrás de estas decisiones a todas luces mejorables. Sin embargo, la acción de grupos organizados alrededor de unos intereses particulares, como «lobbies» de presión, no debe erosionar los objetivos de excelencia y calidad exigibles y prioritarios en un servicio esencial, de interés general, tan costoso al bolsillo de los españoles como es la Universidad.

Creemos llegado el momento de que, en el necesario Pacto por la Ciencia que tantos estamos pidiendo, se establezcan los mecanismos necesarios para que la investigación sea valorada por la sociedad como bien intrínseco a la actividad del profesor universitario, y en consecuencia se traduzca en complementos retributivos dignos y merecidos, por encima de otras cuestiones menores, y tras evaluaciones justas, objetivas y transparentes, debidamente motivadas y verdaderamente colegiadas, que no primen el bulto si-no la verdadera excelencia. No es recomendable para el futuro de nuestro sistema universitario que un profesor que consigue ser director de departamento gracias al «esfuerzo» de convencer a la mitad más uno de sus compañeros para que le voten gane por ello más de 345 euros al mes, y un investigador sólo la tercera parte por cada seis años de esfuerzo y dedicación personal contrastada por la comunidad científica.
Al mismo tiempo, resulta preocupante comprobar cómo la desigual práctica en los distintos territorios, en lugar de una razonable equivalencia en todas las universidades públicas españolas, puede terminar estableciendo diferencias insalvables que nos pueden llevar a la nada deseable asimetría territorial que algunos tanto anhelan.