Algunas opiniones sobre la Universidad pública

Estas son algunas perlas de un discurso:

  1. Soy consciente de que se avecinan nuevos sacrificios, porque la brutalidad de la crisis no parece tocar fondo. Pero estamos preparados para afrontar las  emergencias que se presenten. Seguiremos aportando a la sociedad, convencidos  de que el futuro se conquista con ideas, no con dogmas, no con eslóganes huecos. Esa debe ser y es nuestra esperanza.
  2. (…) se se ha producido una clara bifurcación entre poder y política. El poder se ha deslizado desde los parlamentos hacia el mercado. Son los agentes del mercado los que deciden qué es lo urgente y lo importante.
  3. Hasta ahora la Universidad Pública (…) permanece  como una de las pocas islas de libertad, tolerancia y crítica reflexiva que quedan en España.
  4. También recordó (la Presidenta de la Asociación Europea de Universidades, María Helena Nazaré) (…) algo que se olvida cuando se nos acusa de no estar en el  club de las mejores universidades del mundo. Y cito textualmente: “La calidad de la investigación depende de cuánto se invierte; no hay milagros”.
  5. María Franco, creadora y directora de la Fundación Lo que de Verdad Importa, afirma de forma tajante que los jóvenes de hoy “son solidarios, comprometidos y  tolerantes”. Quizás, lo que se haya perdido, evaporado o adulterado sean las referencia modélicas, los ejemplos dignos de ser emulados. La Universidad, por lo tanto, debe seguir siendo luz y referencia ejemplar para la sociedad.
  6. Para ello es necesario que la educación siga siendo el primer valor de interés general para la sociedad, que la Universidad sea el faro que alumbre tanto la  recuperación moral, como el futuro crecimiento. Aunque el resplandor moleste a  quienes viven o alientan la penumbra, a quienes ven en el sistema público  universitario, por su autonomía y función crítica, más un problema que una esperanza.
  7. En cuanto a la eficiencia universitaria, una simple comparativa de la gestión de las universidades públicas españolas durante los últimos años, con la gestión de empresas privadas, bancos incluidos, nos demuestra con claridad que el sistema universitario español en su conjunto puede exhibirse como modelo de buenas prácticas
  8. Un estudio realizado en un conjunto de las universidades públicas españolas sobre el impacto socioeconómico de la Educación Superior no deja lugar a dudas. Su principal conclusión es que “las universidades son probablemente las instituciones de mayor impacto y que más valor añadido aportan a su territorio, ya sea por la vía de la formación y el capital humano, la investigación científica, el desarrollo social y cultural, o por la innovación”
  9. Recordaba hace un par de semanas Juan Carlos Girauta en la ‘Tercera’ de ABC que las mayores cotas de bienestar se han alcanzado en Europa en países con un sector público fuerte. Lo que no ha impedido, sino todo lo contrario, que se  desarrollase una potente sociedad civil, alineada con los intereses nacionales, como ocurre en Francia.
  10. El impulso a la investigación está íntimamente ligado a nuestros esfuerzos de internacionalización y de presencia en los principales rankings internacionales. Este año nos hemos quedado a las puertas de regresar al Top 500 de Shangai (…) Uno de los caminos es incrementar nuestra productividad científica en el área de las Ciencias Sociales y de las Humanidades.
  11. Este Rector vuelve a preguntar: ¿Desaparecerá el gobierno de las universidades por universitarios y para la sociedad? Por el bien de todos espero que la respuesta sea negativa.
  12. Quiero cerrar mi discurso asegurándoles que seguiré defendiendo de manera convencida la independencia de la universidad pública. Como he dicho, debemos hacerlo por el bien de la sociedad, que estoy seguro que cada vez aprecia más que aquí haya voces con credibilidad, capaces de poner sobre la mesa no solo nuevos conocimientos, sino ideas que sirvan de encofrado al futuro del país. Quizás quieran arrancar esa independencia de nuestras manos. Puede incluso que lo logren, pero nuestras manos irán con ella. Si esto sucede, continuaremos trabajando con la cabeza… Y con el CORAZÓN

Discurso del inauguración del curso académico 2012-2013 del rector de la Universidad de Sevilla, Antonio Ramírez de Arellano. (Copia local: Discurso_Rector_Inauguración_Curso_2012)

(Negritas mías)

No me parece un discurso brillante, o lo brillante que debería ser el discurso de un rector universitario. Y tampoco me parece elegante que el argumento central sea la defensa de su propio status de poder. A una audiencia cautiva (y lo es en las aperturas de curso: consejeros de la Junta de Andalucía, decanos, representantes varios,…) no se le lanza una algarada sobre lo mal que iría la Universidad si no sigue mandando. Porque en ese discurso apenas hay algunos de los argumentos sólidos de la bondad de la gestión autónoma de servicios públicos (que los hay). Sólo hay “o yo o el caos”.

Por último, creo que usar los dos discursos más citados sobre la democracia, el de Lincoln en Gettysburg y el fúnebre de Pericles, es cutre. ¿No había nada más obvio?

Nota: El Rector de la Universidad de Sevilla es responsable de € 479.370.902 en ingresos y €479.370.064 en gastos. (Presupuesto de la Universidad de Sevilla) (Copia local: Presupuesto Universidad de Sevilla 2012)

Un modelo fraudulento. Por Luis F. Rull

Fuente: Jesús León

(Artículo publicado por mi padre, Luis F. Rull, en la edición andaluza de El Mundo del 8 de febrero de 2012)

La Universidad de Sevilla (US) es una empresa pública con 7.102 trabajadores, de los cuales 4.628 son docentes e investigadores y 2.474 son personal de administración y servicios. Da servicio a casi 80.000 estudiantes. Su presupuesto es de 480 millones de euros. El 83 por ciento de sus ingresos proviene de las transferencias del Estado y el 14 por ciento de las tasas. El tres por ciento restante procede de distintos conceptos que van desde los intereses de capital, las concesiones (por ejemplo, las cafeterías) y una cantidad muy inferior al 1 por ciento, de las donaciones.

Es decir, prácticamente la totalidad del presupuesto lo aportan los ciudadanos; de forma directa, a través de las transferencias, o indirecta, vía tasas, fijadas por decreto por la Junta de Andalucía.

El presupuesto de la Universidad lo elabora el Gerente, quien a su vez es nombrado por el Rector. El Consejo de Gobierno de la US sólamente tiene encomendada la misión de “estudiar” e “informar” el presupuesto; o sea, no tiene capacidad de veto. Por último, el Consejo Social emite un dictamen y, en su caso, lo aprueba. Es decir, en la ruta que sigue el proyecto de presupuesto desde que se elabora hasta que es aprobado definitivamente, el único órgano por el que pasa, que no dependa directamente del Rector, es el Consejo Social que, sin embargo, pese a la encomienda que tiene por ley, en la práctica ha renunciado expresamente a la potestad de modificar o rechazar el documento si éste no responde a lo que la sociedad o la comunidad universitaria esperan del mismo. Prueben a encontrar en las actas del Consejo Social de los últimos años alguna referencia a cualquier tipo de acción con el objetivo de controlar o reconducir el gasto. ¿Para qué sirve, pues, el Consejo Social?. Ahora es un elemento decorativo, cuando no, un nuevo chiringuito donde instituciones y agentes sociales y económicos disponen de nuevos cargos públicos para repartir entre su siempre larga nómina de afines.

En el mejor de los casos, los Consejos Sociales vuelcan todos sus esfuerzos en establecer hilos de conexión entre la Universidad y el mundo empresarial. En el peor, ni eso. La prueba es que las universidades han ido creando fundaciones (universidad-empresa) con ese fin ante la falta de eficacia de las estructuras convencionales, lo cual duplica el gasto para la consecución de los mismos objetivos, como sucede en tantos otros ámbitos de la Administración.

La conclusión, por tanto, es que hoy por hoy el Rector de la Universidad tiene un control casi absoluto sobre el destino de los presupuestos universitarios pese a que son presupuestos transferidos. Dinero público, del bolsillo del contribuyente.

En este contexto, ¿cómo debería elegirse al Rector? La respuesta razonable es que, dado que la autoridad de éste es tanto académica como económica, debería ser elegido por un colegio electoral donde estuvieran representados, tanto la sociedad que financia el funcionamiento de la Universidad, como los colectivos que forman parte de la comunidad universitaria. Y si esa fórmula mixta no convence, la única alternativa sería la de separar el gobierno académico del económico.

Pero en la Universidad de Sevilla no rige en la actualidad ni lo primero ni lo segundo, sino que es el Claustro universitario el que tiene en exclusiva la potestad de elegir al Rector. Un Claustro que está formado por profesores, personal de administración y servicios, y estudiantes, elegidos a su vez en sus respectivas Centros (Facultades y Escuelas). A menor escala, también los Centros reproducen el mismo modelo y la misma falta de control y rigor en el reparto de los presupuestos, que en algunos casos viene dado en función de las necesidades, por ejemplo, de infraestructuras; y en el peor, en función de caprichos inconfesables que permiten a los Decanos y Directores mantener a su electorado satisfecho.

Un ejemplo de ese uso ‘caprichoso’ de los fondos públicos puede ser, sin ir más lejos, el reparto de los ‘Premios’ a la jubilación anticipada, que sin duda están sirviendo para ‘contentar’ a mucha gente dentro de la Universidad.

Con el dinero del contribuyente se están repartiendo, además, muchos privilegios entre los trabajadores de la Hispalense. Por citar otro ejemplo, baste comprobar como a cualquier ‘acreditado’ se le saca automáticamente, de manera ad hoc, su plaza, sin especificar el perfil del área de conocimiento y mediante la selección, por el propio candidato, de los miembros de la comisión evaluadora. Consecuencias: ¿cuántos profesores de la Hispalense han tomado posesión de una plaza sin pertenecer a la propia US? Me atrevo a decir, sin tener los números delante, que ninguno. Y, ¿cuántos profesores han entrado en un cargo académico (Vicerrectores, Decanos, etc.) como Profesores Titulares y han salido como Catedráticos?. Hay que aclarar que el trabajo de gestión se puntúa muy bien en las Comisiones para ser acreditado como Catedrático. Este modelo, es justo reconocerlo, es extensivo a la mayoría de las universidades españoles, por lo que no es sorprendente, por tanto, que estas estén estancadas en los rankings internacionales, pues el modelo de promoción no invita precisamente al trabajo ni a la superación.

Uno de los orígenes de la tragedia de las universidades españolas (en la US la tragedia llega a ser catastrófica) está íntimamente ligado al modelo de elección del Rector. No he sido el único en darse cuenta de este problema que mantiene a la universidad española sumida en un letargo de mediocridad. El cambio del modelo de elección del rector lleva años encima de la mesa de los ministros. Ninguno se ha atrevido a enfrentarse al lobby de la Confederación de rectores de universidades españolas (CRUE).

Merece la pena destacar también que los miembros del Claustro que van a elegir al Rector llevan ya dos años ejerciendo de claustrales. En esos dos años, el actual equipo rectoral ha ejecutado dos presupuestos que han servido para conseguir, por las razones antes mencionadas, una “satisfacción general” de la Comunidad Universitaria.

En consecuencia se puede afirmar que el modelo de gobierno de la Hispalense (y de las universidades en general) se sustenta en el reparto de privilegios entre profesores y personal no docente. Por tanto, no parece riguroso que se defienda el actual mecanismo de elección del Rector comparándolo con el sistema parlamentario. La labor del Rector se parece más a la del Gerente de un hospital público que a la del Presidente de Gobierno ya que gestiona presupuestos transferidos, por lo que debería rendir cuentas ante la administración, en este caso la Junta de Andalucía, que es la que suministra esos presupuestos.

Creo que el actual sistema electoral es un fraude a los ciudadanos que pagan de sus impuestos el mantenimiento de las universidades, y participar en él termina legitimando un modelo fraudulento.


Luis F. Rull.

Catedrático del Área de Física Teórica.

Universidad de Sevilla

Fotos: Jesús León y Universidad de Sevilla