Fragilidad: una ficción ficcionada

FragilesA una persona le van bien las cosas. Sale con sus amigos, lee, trabaja, piensa es su futuro, como casi todo el mundo.

Otra persona tampoco puede quejarse. Va de botellona, juega con la wii que le regalaron por navidades, va a clase, le quedan pocas asignaturas para terminar la carrera. Tiene pensado entrar a trabajar en una caja de ahorros, que siempre contratan en verano.

Podemos ver la situación como dos líneas que se van dibujando en un plano, con sus altos y bajos, pero que avanzan hacia algún lugar. Hasta que un día se cruzan.

De vuelta a casa una tarde, ambos pensando en qué van a comer y si cogerán el atasco que siempre les atrapa a esa hora. Ya están hartos de la comida de la universidad, que ni es sana ni es buena. A la primera persona le espera una ensalada de pasta y un pisto congelado, a la segunda la, carne con tomate que le sale tan buena a su madre.

Hay cola en el autobús, que se llenará y dejará a algunos esperando 20 minutos más. Ambos pasan por su lado y miran si hay alguien conocido. No es así y pasan de largo. A la segunda siempre le fastidian los badenes que han puesto en la avenida de salida: Cuando conduce el coche nuevo de su padre le encanta apretar el acelerador.

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