Storm

El resentimiento como infelicidad

De todos los defectos, el resentimiento me parece uno de los peores. Nunca he sido más desdichado que cuando he sentido rencor hacia alguien. Superarlo me ha dado la libertad, la capacidad de juicio autónomo, no ser dominado por una emoción.

He encontrado una buena definición de resentimiento en la wikipedia, que la trae del Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana (que durante tanto tiempo me sirvió de referencia):

El resentimiento o rencor es una desazón, desabrimiento o queja que queda de un dicho o acción ofensiva que puede perdurar largo tiempo y reaparecer cuando se recuerda dicha ofensa. El tipo de sensación que causa puede ir de una ligera molestia temporal a un profundo malestar que puede dificultar o imposibilitar las relaciones con el ofensor. Es un linaje de venganza atenuada, que si quiere herir, no es precisamente para mortificar o perjudicar, antes para con la herida lograr el gusto de la satisfacción, desagravio o quizá despertar pruebas de mayor afecto: si quisiera fijarse al resentimiento su lugar en la categoría de las pasiones, se diría que participa tanto de las irascibles, cuanto de las concupiscibles; no es tanto enojo como tristeza y aún amor disimulado.

El resentimiento enquistado y agravado acaba produciendo rencor.

Alguien nos hace daño (queriendo o no) y nosotros lo recordamos constantemente. No se olvida o perdona. Se convierte en un daño que, gracias al resentimiento y sin tener que hacer nada, esa persona nos inflige una y otra vez. Lo peor de todo es que tampoco es esa persona la que lo causa, sino nosotros mismos.

El máximo de la estupidez se alcanza cuando el objeto de nuestro rencor ni siquiera tuvo nunca ni la intención ni la consciencia de estar haciéndonos daño.

No es un sentimiento menor, nuevo o simple, y para demostrarlo, el gran número de novelas sobre el resentimiento: El Conde de Montecristo, La conjura de los necios, Cumbres borrascosas, ¿Crónica de una muerte anunciada? ¿El guardián entre el centeno?, Moby Dick, …  ¿cuáles son vuestras favoritas? (Esta lista la he construido gracias a algunos amigos que me ayudaron en Facebook)

Foto de Zooey

China Warrior

Sun Tzu adolescente. Negociando, que es gerundio.

-El enemigo debe ver en tus ojos que estás dispuesto a todo, incluso a morir. Entonces empiezas a ganar.
-¿Y si el enemigo hace lo mismo?
-Prepárate para morir o matar. O para las dos.

En mi adolescencia hice un guión para un comic. Hace poco encontré este fragmento de texto entre papeles viejos. ¡Qué mal envejecen los ardores de la juvetud! Es posible que no fuera para un comic, sino para alguno de los fanzines en los que aspiraba publicar algo. En todo caso, el mundo se ha librado de otro escritor mediocre.

Años después, cuando tuve que prepararme de manera precipitada una asignatura en la universidad llamada "Técnicas de negociación". Hice lo que pude y me basé en un libro Obtenga el sí de Fisher y Ury. Para mi sorpresa, he descubirto que siguen editándolo y vendiéndolo.

Me gustó mucho la simplicidad del texto y que venía bien para una asignatura corta sin mucha conexión con las demás en la diplomatura de Relaciones Laborales. La idea principal que enseñaba, y que se convirtió en mi principal obetivo docente, era entender la diferencia ente interés y posición, por lo que la clave de toda negociación es crear una combinación de posiciones que satisfagan los intereses de ambas partes, si me permitís simplificar mucho ideas y técnicas más complejas. Espero haber enseñado algo de utilidad a unas decenas de estudiantes, pero yo sí aprendí algunas cosas:

La sutil distinción entre qué queremos y qué nos satisface. Posición e interés. Detalles y generalidad. La diferencia entre asumir que una negociación de suma cero y entenderla como de suma positiva.

China Warrior

El peligro viene cuando estamos ante juegos de suma negativa. Si no se llega a un buen acuerdo, todos pierden. Y en esos casos, muchos se ponen como SunTzus adolescentes: Que el enemigo vea que estás dispuesto a todo para que así se rinda. El juego del gallina y los coches corriendo hacia el barranco. El peligro surge cuando una de las partes no se da cuenta de que va en el mismo vehículo con la otra. Y entonces, pasa lo que pasa.

Cuando negocio, intento siempre recordarlo.

Foto de strudelt.