Esperando a que escampe

Mirando la lluvia caer.

A veces,  esta lluvia no nos permite caminar por las calles con comodidad, vender cervezas en las terrazas o reparar el asfalto.

Nos quedamos mirando cómo cae el agua, impasibles, obnubilados, impotentes. Todo lo que pasa a nuestro alrededor lo deciden fuerzas superiores, o lo que es peor, el azar (que no podemos controlar). El hastío nos obliga a esperar a que algo cambie, que alguien tome una decisión que nos permita/obligue salir a la calle, ir donde queremos ir. Esperando a que escampe. Esperando a que pase la crisis.

Andalucía no puede seguir como está ahora. Tenemos que cambiar.

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Foto de CCPIxel

A lo mejor nos falta narrativa, a lo mejor es bueno seguir callados porque así hay más estabilidad. Igual tenemos que comprender el miedo del que piensa que no puede arriesgar lo poquito que tiene. O que no se lo merece.

Unos me acusarán de neoliberal, que estoy echándole la culpa de la pobreza y la desesperación a aquellos que la sufren. Suelo recibir esas críticas porque todo aquello que suena a esfuerzo individual, iniciativa autónoma o proyecto singular les parece que es una justificación (o exaltación) del “capitalismo“, del “sistema“. Nada más lejos de mi intención: La pobreza, la ignorancia y el paro que sufre Andalucía tiene orígenes colectivos, no responsabilidades individuales. Pero ante la coraza de la imposibilidad de cambiar “el sistema” con el que se blindan,  a veces surgen discusiones bizantinas que no llegan a ninguna parte. U oportunistas que sólo quieren tu voto, su oportunidad de pillar poder político, para lo cual están dispuestos a decir cada una de las cosas que quieres escuchar. A mejor estudio de marketing, más público objetivo alcanzado y mejores promesas ilusionantes.

Mi tesis principal es que hay mucho margen para mejorar individualmente, tanto en el trabajo como en la esfera pública. Podemos ser más proactivos buscado mejoras en nuestra productividad en nuestro trabajo, o demandando públicamente a un político del partido que apoyamos que no haga esto o aquello, dando así un poco de aire limpio a una espacio público habitualmente sectario, maniqueo e incrédulo.

Es posible que también se me digan que soy vendehumos o charlatán motivacional de feria. Alguien que constantemente apela al optimismo, a que la voluntad es lo único necesario para lograr algo: “todo es posible”, “si quieres, puedes”, “el triunfador es el que nunca se rinde”. Gente que nos hace sentirnos bien, porque nos convencen de que todo aquello que está en nuestra cabeza puede convertirse en realidad. Esas peligrosas personas que nos hacen sentir con ilusión, que nos dan una esperanza, meten en el mismo saco los miedos personales que limitan nuestras capacidades con las dificultades insalvables de un mercado que no existe, o lo mezclan con nuestra ignorancia. Tampoco soy de esos, pero sí, creo que hay mucho margen para crear nuestro lugar, nuestro nicho, nuestra atalaya.

Tengo claro que lo primero es deshacerse de la mentalidad infantil, subordinada y servil que tenemos respecto a nuestros gobernantes (gobiernos y oposiciones) y élites sociales. Igual hay cosas más importantes que resolver en Andalucía. Pero ésta la veo clara, imprescindible y …difícil de conseguir.

Tras años de ver irse a algunas de las mejores mentes de Andalucía, es ahora cuando estoy viendo el efecto de su marcha. La emigración tiene, entre otros, un efecto devastador: nos quedamos aquellos capaces de aguantar lo que sea.

(Tras un año retocando esta entrada regularmente, ya era hora de publicarla)

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