De confianza, salvadores y pereza

(Simplificando, que ya no soy académico)

La democracia representativa exige confianza. Los políticos, como los médicos, te piden que aceptes su criterio y les dejes hacer, que todo saldrá bien.

La democracia participativa, en rasgos generales, permite (y exige) de los ciudadanos una participación mucho más constante.

Entre estos dos polos teóricos se coloca la realidad y la práctica. A mi me preocupa que, en momentos de ilusión y desilusión a partes iguales, tras la constitución de muchos gobiernos y corporaciones nuevas, se olvide que nos piden confianza y damos participación.

La nueva política promete tratar a los ciudadanos como adultos y dejarlos participar. Pero no es una promesa nueva. Los cínicos modernos avisan, no sin parte de razón, de que todos los políticos quieren poder y que no lo compartirán. Otros han venido antes y han prometido participación y las han dado… selectivamente. Eso les da una coartada para no involucrarse en la toma de decisiones… y permite que la profecía se autocumpla.

Es posible que las promesas de dejar participar sean honestas. Es posible, que siendo honestas, no se puedan cumplir. Es posible que no se cumplan por la inexistencia de voluntad por parte de muchos ciudadanos de participar.

Es posible que las promesas de dejar participar sean un engaño. Es posible que siendo un engaño, se encuentren con un gran número de personas de diversas dispuestos a dar a conocer su opinión y exigir que se cumplan sus demandas. Y no tendrán más remedio que escuchar.

En todo caso, si de verdad debe haber un cambio, hay que actuar masivamente como ciudadanos responsables y adultos, sin delegar a los de siempre, políticos y asociaciones. Me cuesta creer a aquellos que se quejan de que esta democracia es poco participativa sin haber pasado por ninguno de los consejos participativos de su ciudad. Y los hay en casi todas, incluida la ciudad de Sevilla. 😉

Otro problema, como siempre, es el de la visibilidad. La participación de los ciudadanos no es algo glamuroso o con efectos rápidos. Los medios no suelen informar de estas cosas, no son lo suficientemente emocionantes… porque no nos suelen interesar. De nuevo, la pescadilla que se muerde la cola.

La democracia participativa, como el trabajo, cansa. ¿De verdad estás dispuesto a currar o es sólo una consigna de moda?

Un viejo amigo, honesto activista de barrio, me dijo hace mucho tiempo:

 O influyes o influyen en tu nombre… pero raramente defendiendo tus intereses.

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