De EL PaÃs, artÃculo de Félix Ovejero. (VÃa Almendrón)
“(…)La experiencia del nuevo Estatuto de Cataluña es una muestra ejemplar de cómo jugando, jugando, las clases polÃticas nos enfilan en veredas con mal destino. Lo que comenzó, sin esperanza ni convencimiento, como un simple farol para romper alianzas polÃticas, desató un “y yo más que tú” hasta plasmarse en una suerte de carta a los reyes magos, en donde cada cual aspiraba a colgar sus buenos deseos, desde cómo se deben etiquetar los productos hasta la promoción de la natalidad. Después, cuando se mira el resultado final, incluso los protagonistas se espantan. Pero ya no hay retorno: tienen la vida empeñada y se la tienen que creer. Y asÃ, algo que nunca ha interesado a nadie, nos deja, supuestamente, a las puertas del drama. Lo dijo bien temprano Maragall y lo han repetido una y otra vez varios de sus consellers, cada vez con palabras más cargadas. Una clase polÃtica encelada en el eco de su voz confunde su biografÃa con la historia. Lo malo es que está en sus manos la historia, la biografÃa de todos. Cabe entonces preguntarse si vale todo, si podemos digerir tan alegremente la irresponsabilidad polÃtica, esa que se disculpa con un “ya se sabe, maragalladas”, como quien dice, “déjalo, son cosas de muchachos”.”
Me parece muy venébolo Ovejero cuando reduce la ambición y el cesarismo de los polÃticos catalanes con “veleidades adolescentes”. Pero creo que tiene razón cuando dice que son peligrosas porque juegan con lo público, con los demás.
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