Cosas de la hipocresía y el corazón

¿Dónde están los límites entre el respeto, la vida privada y la acción estratégica? ¿Cuándo debemos dejar de decir lo que sabemos o pensamos para presentarnos como impostores de nosotros mismos? Si no queremos molestar a alguien, no le decimos que su camisa nueva es espantosa o que nos parece mal que lleve a su hijo a este colegio. ¿Hasta qué punto estamos siendo fieles a esa persona, o a nosotros mismos?

Qué fácil es seguir usando esa máscara día tras día, seguros de que podremos usarla como arma si las cosas se ponen feas.

La solución de Habermas para el ámbito político es sencilla: sólo podrá haber democracia y polis verdadera si abrazamos la racionalidad comunicativa. La objetividad, el abandono de la interacción entre personas que pretende algo que no se rebela, esto es, una suerte de engaños deliberados y asumidos por la hipocresía. Postula que la irracionalidad está en estos actos y que hay que abandonarlos para cualquier acción coordinada. Pero el planteamiento no es una ideas naive, ingenua o totalizadora. No está planteando un mundo feliz estilo Rousseau. Plantea la irracionalidad de muchos de los comportamientos contrarios y lo poco útiles que son para muchas acciones o empresas en las que nos embarcamos. Esta “revolución” no se plantea en términos de lucha de clases o acciones políticas, sino que parte de una opción “micro” de análisis de la realidad. No niega los conflictos ni los intereses dispares, sino que plantea que la mejor forma de abordarlos es dejando atrás las oscuridades y los cálculo estratégicos ocultos. Algo muy parecido a lo que enseñaba a mis alumnos de Ciencias del Trabajo para algunas -muy específicas y con métodos muy elaborados- negociaciones. Como a ellos, recomiendo el básico –y útil- libro de Fisher, Ury y Patton.

(Espero que Agapito Maestre no lea este post y me enmiende la plana. Esto no es más que un comentario que me ha surgido al recordar las cosas que estudié en Granada, mientras no me preparaba los exámenes que tanto me aburrían) Este mensaje, por no llegar, no llega ni a divulgación científica.

Otra cosa: ¡¡¡Por fín he podido encasquetarle a Jose el librito de Weber: Estoy seguro que le ayudará!!!! ¡¡¡Muchos ánimos, que son pocos y cobardes!!!

(Foto cortesía de somadjinn via morgue)

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