Hume para estudiantes. Salvemos la filosofía.


Si desaparece la filosofía , ¿ocurrirá algo? ¿Se caerá el mundo? ¿Será España expulsada de la OCDE? ¿Nos convertiremos en los personajes de Alfredo Landa (en los sesenta) o en Señor Cayo con Internet?

La explicación del texto que mandan para que los alumnos vayan aprendiendo a comentar es simple pero demoledora. Cuando hice COU, allá por el pleistoceno, tuve la sensación de que no entendía del todo bien lo que nos enseñaba la profesora… Con el tiempo me di cuenta de que no me enteraba de casi nada. Y de lo que me enteraba, era erróneo. Pero ¿por qué quitarla? ¿Van los profesores tan apurados de tiempo para enseñar lo que tienen en los planes de estudio?

¿Por qué cuando uno crece va haciéndose abuelo cebolleta y piensa que todo tiempo pasado fue peor?

La doctrina Rull

Hace tiempo, y como consecuencia de observación de años, descubrí el secreto mejor guardado de mi familia paterna: La doctrina Rull de evaluación de nuevos miembros.

Consiste en un sistema de aceptación de los nuevos miembros asociados (los políticos: básicamente, los novios de mis tías) basado en una única variable: lo feliz que hace al miembro de la familia original.

Es preciso decir que la consecuencia inevitable (comprobado empíricamente) es la fagocitación del nuevo miembro en la familia, cual Corleones cualquiera. La táctica de la gallina que acoge todos los huevos bajo su protección y calor se aplica cual cernícalo descrito por Félix Rodríguez de la Fuente.

Uno de los corolarios de esta doctrina es sencillo y brutal: sea como sea el nuevo miembro, alto, bajo, culto, rico, zarrapastroso, soso,… sólo se le mira una cosa: la situación “del nuestro”.

Me gusta esta doctrina, aún siendo brutal. Me gusta incluso sabiendo el hecho de que nunca se ha aplicado su lado negativo. Espero que sea así por muchos siglos…

Olson me viene a la cabeza…

Este es un artículo para demostrar la bondad de los lobbies
Y este uno que demuestra que Olson no tenía razón.

Ya he hablado de lo importante que veo responder a las preguntas de Olson para poder entender la acción colectiva. Y he dicho que muchas de sus respuestas no me cuadran, pero, si os interesa, escribo otro mensaje sobre el tema.

Hoy me acuerdo de Mancur Olson, viendo que se me convoca miles de veces a una manifestación, y que se me reprocha como si fuera un hereje el hecho de no asistir (¿qué pasaría si descubrieran que no estoy de acuerdo con la mayoría de las reivindicaciones?). Me acuerdo de él porque creo que, en este caso, un lobby puede hacer mucho mucho daño.

Habemus día duro


the bridesmaids and the dog
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Hoy tengo una reunión importante para terminar el último gran cuestionario con mi jefe y compañeras, BODA IMPORTANTE de mi querida Becky con el gran Pato (buen chico, agradable, siempre simpático conmigo. No parece necesario invocar la doctrina rull) y cena fin de carrera de Ciencias del Trabajo (Muchas gracias chicos por invitarme: me ha ilusionado mucho)

A los (crecientes y ávidos) visitantes diarios de este humilde blog: No esperéis mucho más que esto hoy.

Buen fin de semana… molesta mucho a algunos esta expresión,.. je je

Atalaya: desde la tela de araña – No lo acabo de entender

Atalaya: desde la tela de araña – No lo acabo de entender

El gran J J Merelo:

“No lo acabo de entender
2005-05-18 09:45 Cuando el enemigo está casi derrotado, ¿se le da el golpe de gracia, o se negocia con él?
¿Si se negocia, qué se negocia exactamente?
No sé, no me imagino a los rusos delante del búnker de Hitler llamando a gritos: ¡Eh, que venimos a negociar!
Y, la verdad, tampoco me imagino, en ese caso, a los americanos diciéndole a los rusos: “eh, que no negociéis, que os lo cepilléis, que es nuestro enemigo común” y los rusos diciendo: “os jodéis, que vamos a negociar, malos, más que malos”.
Debe ser que he leido a Sun Tzu poco. O nada.

¿Quién es Stalin?¿Quién es Hitler?¿Quién es Roosevelt/Truman? ¿Y Churchill?… ¿Y QUIÉN ESTÁ CASI DERROTADO?

Ya sabéis, el silogismo de la premisa mayor… ¿no es ese el puto juego de los espejos deformantes de los políticos en los medios?

Convierten a C S Lewis en su amigo Tolkien

The Chronicles of Narnia: The Lion, The Witch and The Wardrobe – Trailers & Clips – Yahoo! Movies

¡Qué mal me sienta este trailer! No recordaba esa historia así. Yo leí otro libro. Ya veremos cómo es la película entera.

Para los que estén algo despistados, CS Lewis fue un académico inglés que escribió algunos de los libros para niños más bonitos que he leído. También escribió, entre otros, un libro que mi querido primo Cecilio me enseñó a amar, sobre todo por lo que me ayudó a comprenderme a mí mismo, a base de aislar el narcisismo y a superar malos momentos. “Una pena en observación“. Paradójicamente no fue la componente religiosa la que más me gustó o consoló, sino que una reflexión pausada puede sacarnos del dolor, aceptarlo y controlarlo, sin que nos controle a nosotros ni tener que olvidarlo o negarlo.

He encontrado esta cita en Internet. Espero que sea de verdad del libro “Nunca nadie me dijo que el dolor se sentía como se siente el miedo… La misma tensión en el estómago, el mismo desasosiego

Clive Staples Lewis escribió mucho, pero durante su vida, era conocido por sus reflexiones sobre cómo vivir la religión en el mundo moderno y por sus libros para niños. Hoy es conocido porque tres grandes profesionales, Debra Winger, Anthony Hopkins y Richard Attenborough hicieron una gran película sobre su vida y la de su esposa Joy Gresham. Cosas de la “injusticia poética”. Mucha gente lo conoce porque era muy amigo de Tolkien, el autor de “El Señor de los anillos”.

Otra cita “apócrifa”: “I am rather sick of the modern assumption that, for all events, ‘We’, the people, are never responsible: it is always our rulers, or ancestors, or parents, or education, or anybody but precious ‘US’. Letters to an American Lady Dejo a mis lectores el comentario a esta frase…

EL DEMONIO DE LAS PEQUEÑAS COSAS.

EL DEMONIO DE LAS PEQUEÑAS COSAS. (Publicado en El Mundo Andalucía en 17 de Mayo de 2005. pp. 4 y 5)

Por Luis F. Rull. Catedrático de Física Teórica de la Universidad de Sevilla.

A menudo me da por pensar en la injusticia histórica que se comete con Andalucía cuando veo la inhibición de todos aquellos que movilizaron a media España cuando el accidente del Prestige. Los movilizados fueron fundamentalmente jóvenes, ya fuera para protestar (los más) ya fuera para trabajar en tareas de limpieza y recuperación de ecosistemas (los menos). Los que fomentaron con su conocimiento experto esa “riada de solidaridad” apenas no movieron el pasado verano ni un solo gramo de inspiración y trabajo con la tragedia de los incendios forestales de Huelva y Sevilla, a pesar de que el impacto fue comparable (cuando no superior) al de Galicia. Por lo menos así lo aseguran personas serias y responsables que conozco, personas en las que confío para estos temas. El chaparrón de opiniones sobre el impacto ecológico y económico del suceso se quedó en sequía.

En ocasiones me da por pensar en la irresponsabilidad de los padres que aceptan una educación extraordinariamente deficiente para sus hijos. España está colocada en el lugar 21 del Informe PISA (www.pisa.oecd.org), que evalúa la formación de los jóvenes de varios países desarrollados. Una de las conclusiones es que nuestros estudiantes están en varias materias básicas por detrás de países cuya mera localización en un mapa le costaría hasta al más avezado de ellos.

Por último, debo confesar que a diario me solía cuestionar los motivos del bloqueo sistemático de los accesos para bomberos y otros servicios de emergencia por parte de vehículos privados. No es necesario apuntar que estos lugares, designados para que los bomberos nos ayuden a extinguir incendios, se encuentran convenientemente señalizados.

Las respuestas que se me ocurren para estos tres interrogantes de acciones individuales están más o menos relacionadas:

Para el análisis de la tragedia ecológica y, en consecuencia económica, del norte de Andalucía Occidental sólo puedo apelar a mi propia experiencia: Soy profesor de Física Teórica en la Universidad de Sevilla y para la investigación que dirijo necesito de las subvenciones del Estado, y éstas pueden ser reducidas, e incluso eliminadas, por el capricho del político de turno. ¿Es posible que este detalle, común a la mayoría de la comunidad científica haya afectado a otros compañeros con mayor prestigio o capacidad de influencia? ¿Será éste el motivo por el que la rebelión del Prestige no se reprodujo en Andalucía ?

La educación de los hijos me obliga a buscar otra posible explicación. Si hay inacción por parte padres negligentes en la educación de sus hijos, puedo entender que así se sienten felices, que se evitan broncas, que les basta con que sus hijos aprueben los cursos y promocionen. Entiendo que no les importa demasiado si han aprendido algo o no, como tampoco les interesa demasiado si respetan o atienden a sus esforzados docentes, trabajadores que luchan para ayudarlos a convertirlos en ciudadanos libres y educados.

En el último caso la explicación me viene, paradójicamente el día en el que no se cumple la regla: cuando el espacio reservado como acceso de emergencia está desocupado. Si en tales ocasiones continúo por la calle buscando otro estacionamiento y acabo en la misma calle, invariablemente encuentro el sitio ocupado por otro vehículo. El civismo no es la explicación a la anomalía. La respuesta al hecho extraño es la falta de oportunidad de algún convecino nuestro. La comodidad de un individuo prima sobre la seguridad de muchos otros.

Estoy seguro que el paciente lector de estas reflexiones es capaz de encontrar más y mejores ejemplos similares a estos tres en su vida cotidiana.

Tengo la sensación de que para no perder una subvención o privilegio, hacernos la vida más sencilla, o sencillamente facilitarnos algunas tareas como la de aparcar, estamos dispuestos a seguir callados y tranquilos cuando se cometen acciones que perjudican a la colectividad. No nos damos cuenta de que está actuando el “demonio de las pequeñas cosas”, el demonio que nos tienta con las ilegalidades, las faltas a la honestidad o las traiciones a nuestros principios. No conozco bien los mecanismos psicológicos, pero sospecho que, al considerarlas “incorrecciones menores” nuestra conciencia las asume sin demasiada dificultad. Tampoco estoy versado en las elegantes explicaciones socioeconómicas de “la acción colectiva”, pero conozco sus efectos en el bienestar común.

La explicación individual, la falta de civismo de los individuos, es un gran lugar común en este tipo de discusiones. Arrinconando “el mal” a una esfera única, a un factor fácilmente identificable, exoneramos a los dirigentes públicos de toda responsabilidad. Somos malos ciudadanos y no hay forma de corregirnos. Si reproducimos este fatalismo, ¿qué alternativas o soluciones podemos demandar de los políticos? O mejor dicho ¿qué margen les damos? Si dispensamos a los poderes públicos de su responsabilidad de resolver algunos problemas, qué podemos esperar, ¿qué se resuelvan solos?

Nos está pasando algo similar a lo que escribió Kavafis cuando decía que silenciosamente le habian construido una muralla y que le taparon el mundo, la triste es que en este caso el director de la obra es TONTO.

Estrategias

Tres estrategias ante la adversidad en organizaciones agresivas:

1) Entrar en el reparo del botín, “gestionando” los recursos.
2) Obedecer ante las más mínimas insinuaciones por parte de los poderosos o de los responsables directos.
3) Aislarse de lo que pasa alrededor y rezar porque tus meritos te salven de la sangría y sólo protestar si hacen imposible tu trabajo. Mientras tanto, avanza en tu CV.