Happy Hour (2003) Los perseguidores de la destru...

Happy Hour (2003)
Los perseguidores de la destrucción. Los chicos malos que no quieren dar lecciones. Los que ya están de vuelta de todo porque llenan su cuota de felicidad con sustancias sin que les preocupen las consecuencias. Alcohólicos de diversos tipos, algunos drogadictos alejados de las chabolas: los herederos de Chinaski.

Tienen un halo de respetabilidad, mezcla de pena y admiración por su libertad, quizás por us falta de autoengaños. No necesitan las mentiras que nos contamos para poder seguir en nuestra piel. El halo de dignidad les acompaña, aunque hablando con propiedad es una corona que le otorgamos, a aquellos que van cayéndose (después de haberse tirado de cabeza al retrete). Boyero, Sabina, Bukowski, y todos los que parecen que les importa un bledo parecer. Todos ellos repitiendo las letras del minicuento de Cortazar. Persiguiendo lo que los demás dejan escapar. Y dejándose admirar por aquellos que quisieran tener su conciencia limpia, pero que no se atreven a limpiarla con alcohol u otras sustancias. Es demasiado sucio. Los seres con los que hay que codearse son demasiado sucios: putas, camareros de madrugada (como el de la canción de Mecano), drogatas, barrenderos, médicos, familiares coñazos que te quieren salvar de ti mismo,…

Ahora hacen un trailer de una película que parece enseñar eso. Nada tan moderno como ser clásico.

La excelencia en la Universidad y las asimetrías en España. Por Luis F Rull

LA EXCELENCIA EN LA UNIVERSIDAD Y LAS ASIMETRÍAS EN ESPAÑA
Luis Rull Fernández. Catedrático de Física Teórica de la Universidad de Sevilla y ocho firmas más. ABC 12-Julio-2004 (Versión en PDF)

Parece innegable que los sueldos de los profesores de universidad no son muy altos. Así, por ejemplo, un catedrático tiene un sueldo base de 1.048,64 euros mensuales brutos, y quizás sea por esto por lo que, tradicionalmente, se ha venido complementando con cantidades asignadas frecuentemente a los más dispares conceptos. Entre los que ahora «dignifican» el emolumento de los universitarios se encuentran los complementos por méritos docentes (vulgo, quinquenios), los complementos por productividad investigadora (vulgo, sexenios), los complementos de dedicación (parcial o a tiempo completo) y los clásicos trienios de todos los funcionarios. De esta forma, añadiendo algunos euros al ridículo sueldo base, la nómina termina siendo una cantidad que a muchos nos permite vivir. Lo que no quita que, en comparación con nuestros colegas de la UE, los salarios sean notoriamente inferiores.

No pretendemos denunciar aquí que nuestro sueldo sea bajo, ni tampoco es esto una pataleta de matiz reivindicativo. Somos conscientes además de que el sistema retributivo de quienes son funcionarios públicos y de unos cuerpos estatales tiene una estructura común a la del que se aplica a los demás funcionarios, por lo que su alteración puede tener implicaciones de muy amplio alcance para todo el personal funcionario de las Administraciones públicas. Lo que pretendemos es poner de manifiesto la nefasta forma en la que se están llevando a cabo ciertas negociaciones’ sobre un nuevo complemento que viene a sumarse a los ya existentes, los complementos autonómicos, y la perversión de los mecanismos de motivación que suponen.

Dos de los cuatro complementos clásicos vienen determinados automáticamente por el tipo de contrato y por la antigüedad, mientras que los otros dos (los de docencia e investigación) dependen de la actividad desempeñada por los profesores. Se trata, en teoría, de un sistema de incentivos pensado para que los profesores ejerciten sus actividades docentes e investigadoras en la dirección que su empleador (la Administración) considera más productiva y conveniente para la sociedad. Ahora bien, una cosa es la teoría y otra su aplicación práctica. Por ejemplo, los complementos por méritos docentes los evalúan las propias universidades cada cinco años y, en la práctica, se nos conceden automáticamente a todos, de manera que cabe deducir que todos los profesores somos igual de excelentes. Aunque en alguna universidad se vienen ensayando prácticas discriminatorias basadas en peregrinas encuestas a los alumnos, cuyos resultados estimulan más los «gestos» de camaradería del profesor y la menor exigencia en los exámenes que la mejora efectiva de la docencia. No ocurre lo mismo con los complementos por méritos de investigación, cuya evaluación es externa a la propia universidad a la que se pertenece, ya que los profesores que deciden someter su actividad investigadora a evaluación presentan su curriculum a la Comisión Nacional de Evaluación de la Actividad Investigadora, y si ésta la considera positiva, cosa que no ocurre siempre, se consigue el consecuente incremento salarial.

Y en este punto entra el nuevo reparto. Como quiera que a pesar de tanto complemento, todos sumados y en el mejor de los escenarios posibles, no significan un incremento salarial sustancial (sobre todo por lo ridículo de la cuantía de la evaluación positiva de la Investigación, equivalente a poco más de 127 euros mensuales por cada período de seis años consolidado), la LOU, que tanto se ha criticado, autorizó a las Comunidades Autónomas a establecer complementos extras (vulgo, tramos autonómicos). Y aquí es donde comienza el espectáculo. Unas Comunidades lo hicieron muy pronto -incluso antes de que fuera legal, con lo que sus profesores llevan cobrándolo años. Otras aún no lo han hecho, y otras lo han hecho a medias, como es el caso de Andalucía. También hay diferencias de criterio. Así, mientras que algunas Comunidades conceden los tramos a partir de los sexenios evaluados positivamente, cargando el énfasis sobre la investigación y «fiándose del Estado» para evaluarla, en otras se ha rizado el rizo y se han incluido otras actividades como los citados quinquenios de docencia (que el 99,99% tiene concedidos en su totalidad), los sexenios no evaluados positivamente o las funciones y actividades de gestión realizadas en las universidades.

De forma que el desempeño de cargos de gestión (por ejemplo, Rector, Decano, Director Departamento, cargos elegidos y remunerados independientemente del salario con cuantías mensuales varias veces superiores a la de un sexenio de investigación) pasa a convertirse en «méritos» a considerar para los complementos autonómicos, cobrando dos veces en base al mismo concepto. La cosa es tan ilógica que podría darse el caso de que un Premio Nobel o Medalla Fields (que desgraciadamente en España no tenemos), que hubiera estado 18 años como profesor de una universidad andaluza, no obtuviera el máximo posible de estos tramos autonómicos, cosa que sí lograría un Rector con la misma antigüedad en el cargo aunque no hubiera publicado una sola línea relacionada con la investigación en todo ese período.

El resultado de esta política es que la investigación aparece, de nuevo, como una actividad especialmente promovida, premiada e incentivada en ciertas Comunidades Autónomas y especialmente ignorada o minusvalorada en otras. De modo que en estas últimas la diferencia en salario es mínima entre un profesor que se limita a impartir las mismas clases año tras año, y a descansar en su casa de tan notable esfuerzo, y otro que prepara concienzudamente su docencia, actualiza sus conocimientos, desarrolla proyectos de investigación con horarios extenuantes (la investigación y la docencia de calidad son muy exigentes) y publica varios artículos científicos cada año. Estos dos profesionales deben ser «idénticos», a juzgar tanto por su remuneración como por el reconocimiento social que su Comunidad Autonómica les otorga. ¿Es ésta una situación deseable?
Lo lamentable no es sólo que los sindicatos, tan preocupados ellos por la de calidad, firmen y avalen estas prácticas, que lo hacen, sino que además se convoquen huelgas en las universidades madrileñas (y parece que con el apoyo, o al menos la «comprensión», de algunos Rectores). ¿Quizás no han conseguido estos Rectores lo mismo que sus colegas andaluces, a los que se les permite consolidar los puntos necesarios para obtener los tramos sin otro esfuerzo que el de aguantar como Magníficos el tiempo suficiente? ¿O, por el contrario, hacen las protestas y la huelga para forzar que los tramos autonómicos en Madrid se concedan exclusivamente en función del mérito personal, premiando así la calidad frente a la mediocridad, y promocionando la meritocracia frente al igualitarismo demagógico? No parece que sea ésta la razón, porque eso es precisamente lo que persigue la Administración autonómica madrileña. ¿Qué buscan entonces…? ¿Igualaren la mediocridad la actividad docente e investigadora del profesorado universitario madrileño?
Como ciudadanos preocupados por la gestión de lo público, nos inquieta la escasa diligencia con la que ciertas Comunidades Autónomas están fomentando prácticas de excelencia en las universidades que tienen bajo su control, aunque no paren de hablar de Europa, de la calidad y de la excelencia, y dedicar ímprobos esfuerzos a toda la liturgia puesta en marcha en su nombre. La falta de actitud crítica de la sociedad ante las decisiones públicas y la actividad corporativista de algunos grupos pueden estar detrás de estas decisiones a todas luces mejorables. Sin embargo, la acción de grupos organizados alrededor de unos intereses particulares, como «lobbies» de presión, no debe erosionar los objetivos de excelencia y calidad exigibles y prioritarios en un servicio esencial, de interés general, tan costoso al bolsillo de los españoles como es la Universidad.

Creemos llegado el momento de que, en el necesario Pacto por la Ciencia que tantos estamos pidiendo, se establezcan los mecanismos necesarios para que la investigación sea valorada por la sociedad como bien intrínseco a la actividad del profesor universitario, y en consecuencia se traduzca en complementos retributivos dignos y merecidos, por encima de otras cuestiones menores, y tras evaluaciones justas, objetivas y transparentes, debidamente motivadas y verdaderamente colegiadas, que no primen el bulto si-no la verdadera excelencia. No es recomendable para el futuro de nuestro sistema universitario que un profesor que consigue ser director de departamento gracias al «esfuerzo» de convencer a la mitad más uno de sus compañeros para que le voten gane por ello más de 345 euros al mes, y un investigador sólo la tercera parte por cada seis años de esfuerzo y dedicación personal contrastada por la comunidad científica.
Al mismo tiempo, resulta preocupante comprobar cómo la desigual práctica en los distintos territorios, en lugar de una razonable equivalencia en todas las universidades públicas españolas, puede terminar estableciendo diferencias insalvables que nos pueden llevar a la nada deseable asimetría territorial que algunos tanto anhelan.

Tipos ideales, tópicos y heurísticos de repres...

Tipos ideales, tópicos y heurísticos de representación. Tres expresiones que se solapan en sus esquinas unos a otros. Max Weber, medios de comunicación y psicólogos explicando la realidad para que podamos levantarnos todos los días de la cama.

La forma en la que los seres humanos organizamos dentro de nuestras cabezas la información sobre cómo es nuestro mundo ha sido estudiado y comentado durante mucho tiempo. Para ilustrar este tema, siempre me ha gustado una escena de la película “El juego de Hollywood” (http://www.imdb.com/title/tt0105151/) en la que unos guionistas (¿o eran productores) le cuentan a un productor las ideas que tienen para la películas que quieren producir. Lo que me gustó es que se limitaban a nombrar títulos de películas que, mezcladas, darían lugar a la que quieren hacer. Pretty Woman mezclado con La fuerza del cariño… y cosas por el estilo.

El objetivo es reducir la cantidad de información que debemos recordar o procesar sin perder demasiado el sentido que tienen las cosas en la realidad. Tenemos que ir evitando el pánico que nos entra cuando no sabemos nada de lo que va a pasar en el siguiente minuto, o cómo tratar a la persona que se acerca a nosotros. Según los psicólogos, y expresado en una forma muy burda y resumida, necesitamos controlar o sentir que sabemos cómo es nuestro entorno. Recuerdo con mucho cariño el libro de Psicología Social de Moya Huici y Morales en el que me descubrieron cómo algunos psicólogos sociales muy buenos llevaban mucho tiempo trabajando el tema (¡Cuán grande es la ignorancia del que supone ignorancia en los demás!) La clave, creo recordar, para no convertirse en un bestia, era, a muy grandes rasgos, mantener la cabeza abierta reevaluando las ideas que tenemos del mundo que nos rodea. Ya que estas ideas son, en cierto modo, imprescindibles para poder vivir en este mundo, es importante ir enriqueciéndolas con las impresiones que tenemos de nuestro alrededor. (Que me perdonen mis amigos los psicólogos sociales por reducir su trabajo a tres líneas. Je, je)

Gran parte de la literatura y del cine se escribe desde la suposición de esos “tópicos generales” que tenemos sobre algunas personas. Una vez que los autores han conseguido que los espectadores / lectores conozcan qué son cada uno de los personajes -una vez identificados sus estereotipos- se ponen a hacer cosas. Comienza la acción. Desde luego que Flaubert no seguía este esquema, ni mucho otros, pero Friends lo hace. Y Lucía Etxebarría, en cierto modo. El problema puede surgir cuando creemos que los esquemas que nos ayudan a ver las cosas se toman como grandes verdades inmutables. La gente es más compleja que un estereotipo.

Un hombre confiesa que hace dos años que no hac...

Un hombre confiesa que hace dos años que no hace el amor con la mujer con la que está casado.

Su amigo se escandaliza, soltándole un sermón sobre la felicidad, la libertad y demás.

El primero le deja terminar y le dice: ¿De verdad te crees todas las tonterías que me has dicho? Somos amigos. Te conozco. Y sé que no puedes pensar eso. Conozco tu vida. Y la única explicación que se me ocurre es que te estás volviendo esquizofrénico, un hipócrita. Tal es tu hipocresía y la de los tuyos, que ya no sabéis que estáis disociados, y aún menos cómo casar lo que sois con lo que pensáis.

El domingo, fuimos Eva y yo a ver “El Bosque...

El domingo, fuimos Eva y yo a ver “El Bosque” (The Village), una película de M. Night Shyamalan con Joaquin Phoenix, Bryce Dallas Howard , Adrien Brody William Hurt y Sigourney Weaver.

Lo mejor de la película, como de costumbre, fue la discusión que tuvimos después. Volví a desempolvar mis viejas nociones de filosofía política y lo pasamos en grande con Hobbes y Rousseau. Parece pedante, pero fue muy divertido, y me volvía a dar cuenta de lo listísima que es la chica que a la que acompaño, que me deja arroparla y que me soporta el mal humor.

Sin querer desentrañar el meollo de la película, me gustaría destacar que resalta muy bien el debate de cómo deben organizarse las sociedades. Si nos basamos en una visión Roussoniana del hombre (Emilo o la educación J. J. Rousseau), en la que la sociedad corruptora es la que hace malo al hombre, basta con aislarlo de la parte de esa fuente de corrupción para que sea bueno. La idea principal del director / guionista es rebatir la idea de que este aislamiento al puro estilo puritano proto-norteamericano, pese a se bienintencionado, puede acarrear consigo el mal que pretende evitar. El miedo (provocado, infundado, falso sin fisuras (no como otros)) y el paternalismo de los que han sufrido provocan una suerte de crueldad y la maldad que pretende evitar.
La versión comunitarista-consensualista o estatalista-represora de cómo regular las acciones de una sociedad nos llevó bastante rato de discusión. El problema del tráfico de la falta de respeto por las normas de algunos sevillanos fue un buen ejemplo en que explayarnos. A final, sin un ganador ni perdedor, Eva me preguntó que si me gustaba la docencia. Me quedé sin habla.