Mientras la administración de las cosas se vuelve cada vez menos ideologizada, cada vez más contingente al ambiente del núcleo de decisión y no a las ideas (u órdenes) de los partidos, los políticos se resisten a no admitir que lo que hacen cada vez se parece menos a lo que quería hacer cuando eran jóvenes. Y para resistirse a no mirarse en el espejo, nada mejor que lanzar algaradas en los medios para que les devuelvan una imagen que se adecue mejor a los que ellos quieren ser cuando crezcan.
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